El palacio de Golestán, el 'Versalles iraní': una joya real de más de cuatro siglos destruida por las bombas
Además de las vidas humanas, la guerra en Irán también ha afectado al patrimonio histórico. Uno de los emblemas de la capital, el palacio de Golestán, está irreconocible por la onda expansiva de las bombas lanzadas en la capital
El palacio de Golestán es conocido como el 'Versalles iraní', por su aspecto lujoso y opulento, símbolo del esplendor de la monarquía del país. Pero, al igual que la corona vivió tiempos mejores, este emblemático edificio, una joya real con vidrieras de piedras preciosas y espejos milenarios, también: el brillo del que ha presumido durante siglos, incluso una vez depuesta la monarquía, se ha apagado a causa de los bombardeos en Irán.
Sus orígenes se remontan a la época safávida, un periodo clave en la historia del país, ya que marcó el inicio de un estado persa unificado y la imposición del chiismo duodecimano como religión oficial. El complejo alcanzó su máximo esplendor durante la dinastía Qajar, entre el siglo XVIII y y el siglo XIX), convirtiéndose durante décadas en la residencia oficial, además de escenario de algunos momentos históricos, como la coronación del último Sah, Mohamed Reza Pahlaví.
El recinto consta de varios edificios históricos, jardines y salas ceremoniales que reflejan la evolución de la arquitectura persa y la adopción de influencias europeas de la época. Aunque dejó de ser residencia oficial y estar ligado a la monarquía, no quedó en desuso tras la expulsión de la familia real de Irán, sino que fue reconvertido en museo histórico y arquitectónico. Es el único edificio de Teherán que está en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Sus principales características, los elaborados mosaicos que decoraban numerosas estancias, las vidrieras, la madera tallada de las puertas o un peculiar trabajo de espejos, que inundan los techos de varios de sus salones, o los 'orossi', un tipo de ventana típica de la arquitectura iraní y que no utiliza ningún tipo de clavo o de pegamento, solo las piezas de madera unidas a través de pequeñas lengüetas introducidas en ranuras.
Todos estos elementos arquitectónicos, los cristales de colores y los espejos, dotaban al palacio de una luz y un aspecto especial por los que fue nombrado Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2013. Trece años después, su imagen es radicalmente distinta, ya que las bombas que Estados Unidos e Israel lanzaron en la capital iraní el último fin de semana de febrero lo han afectado de manera muy grave.
La UNESCO confirmó que el palacio, ubicado dentro del área afectada por las explosiones, sufrió daños derivados de un ataque en las inmediaciones de la plaza Arag, dentro de la zona de protección del sitio histórico. El organismo expresó su preocupación por la situación y recordó la necesidad de proteger los bienes culturales durante los conflictos armados, mientras las autoridades iraníes evalúan el alcance de los daños y las posibles medidas de restauración.
Pero los daños no han sido pocos, desde luego. En la sala del trono de mármol, por ejemplo, el conocido como el Trono de Salomón está cubierto de escombros y polvo. Algunas vidrieras del iwan -otro elemento característico de la arquitectura iraní, consistente en un salón con bóveda cerrado solo por tres lados-, también se derrumbaron como consecuencia de los bombardeos.
Muchas de las ventanas desaparecieron, las puertas -la mayoría de un meticuloso trabajo artesanal- están dañadas y por todas partes hay fragmentos de los espejos y vidrieras que hacían al palacio brillar, literalmente, además de tramos de asfalto levantados. Señales todas ellas de la vulnerabilidad de un patrimonio con más de cuatro siglos de historia.
Eso sí, hay elementos que han podido salvarse de los bombardeos. Conscientes de los riesgos, las autoridades culturales iraníes habían previsto ciertos incidentes, por lo que las lámparas de araña más frágiles fueron protegidas y muchos objetos de los que estaban expuestos en el ahora museo, entre ellos regalos de algunos monarcas europeos, fueron trasladados a instalaciones de almacenamiento seguras para evitar los daños que sí han sufrido otras estancias.
El palacio de Golestán es conocido como el 'Versalles iraní', por su aspecto lujoso y opulento, símbolo del esplendor de la monarquía del país. Pero, al igual que la corona vivió tiempos mejores, este emblemático edificio, una joya real con vidrieras de piedras preciosas y espejos milenarios, también: el brillo del que ha presumido durante siglos, incluso una vez depuesta la monarquía, se ha apagado a causa de los bombardeos en Irán.