Mary Jo: el misterioso asesinato que siempre persiguió a Ted Kennedy
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Mary Jo: el misterioso asesinato que siempre persiguió a Ted Kennedy

La brillante carrera política del hermano de JFK se vio truncada por su participación en este grave delito

Foto: Ted Kennedy y Mary Jo Kopechne, en la película 'Chappaquiddick'. (Apex Entertainment)
Ted Kennedy y Mary Jo Kopechne, en la película 'Chappaquiddick'. (Apex Entertainment)

La lista de noticias generadas por ellos a lo largo de los años sería impresionante, casi siempre con una palabra en común: escándalo. Aunque uno de los momentos más oscuros de la familia se vivió en 1969. La década no había sido fácil para los Kennedy, al asesinato de JFK en 1963 había seguido el de Rob Kennedy en 1968.

Ted Kennedy, durante una visita a Londres en 1974. (Getty)
Ted Kennedy, durante una visita a Londres en 1974. (Getty)

Así, los años setenta se erigían como una nueva época en la que Ted Kennedy estaba llamado a ser la nueva esperanza del partido demócrata, siguiendo la estela de sus famosos hermanos. Sin embargo, el 18 de julio de 1969, un accidente de coche marcó un antes y un después en la carrera a la Casa Blanca del joven senador.

Nos trasladamos hasta una casa de campo en la isla de Chappaquiddick, situada en el extremo oriental de Martha's Vineyard (Massachusetts). Un lugar de vacaciones muy conocido entre las clases altas de Nueva York.

Las Boiler Room Girls: mucho más que secretarias

Allí celebró Ted Kennedy una fiesta junto a dos amigos, su primo Joseph Gargan, su íntimo colega el fiscal general de Massachusetts Paul Markham y un grupo de seis mujeres. Se las conocía como las Boiler Room Girls (chicas de la sala de calderas), trabajadoras en pro de la campaña presidencial de su hermano Bob Kennedy que ahora apoyan su ascenso político.

Ellas eran las encargadas de llevar los sondeos, poner en valor las estrategias de imagen o probar nuevas e innovadoras fórmulas de comunicación. Un equipo femenino en el que se incluía Mary Jo Kopechne.

Una cita para recordar a Bob Kennedy

Una joven de 28 años que había estudiado magisterio pero que, interesada en el movimiento por los derechos civiles, había entrado a trabajar como secretaria de su hermano, a quien también ayudaba a escribir sus discursos, como se desvela en el libro 'Before Chappaquiddick: The Untold Story of Mary Jo Kopechne and the Kennedy Brothers' ('Antes de Chappaquiddick: La historia nunca contada de Mary Jo Kopechne y los hermanos Kennedy'), de William C. Kashatus.

La teoría es que se habían ido a reunir allí el fin de semana para honrar la memoria de Bob Kennedy, celebrar lo bien que iba la nueva campaña de Ted (su meta era pasar de senador a presidente) y pensar nuevas estrategias.

Ted Kennedy (Jason Clarke) y Mary Jo Kopechne (Kate Mara), en ‘El escándalo Ted Kennedy’. (Apex Entertainment)
Ted Kennedy (Jason Clarke) y Mary Jo Kopechne (Kate Mara), en ‘El escándalo Ted Kennedy’. (Apex Entertainment)

Sin embargo, todo se rompió en mil pedazos de una manera que a día de hoy sigue sin aclararse. Regresamos a la casa de Chappaquiddick, donde los nueve asistentes disfrutaban de una agradable velada.

Los invitados confesaron después que todo marchaba de maravilla, la cena había sido perfecta y brindaban con vodka y whiskey. Aunque, en un momento dado de la velada, Ted Kennedy y Mary Jo Kopechne abandonaron la celebración sin supuestamente decir nada a nadie.

Un adiós apresurado en el que ella incluso se dejó el bolso y la llave del hotel de la isla donde se hospedaba. Lo que desde el primer momento levantó las sospechas. ¿Fue un descuido o pensaba que regresaría a aquella casa?

"No me pareció necesario"

La realidad es que, según declaró Ted Kennedy después, se marcharon para poder llegar a tiempo a coger el último ferry que salía de la isla, ya que Mary Jo quería coger el último barco de la noche para regresar a su hotel en la cercana península de Edgartown.

A lo largo del juicio posterior se narró que él le pidió a su chófer que le diera las llaves del coche. Ted Kennedy, a pesar de que había bebido, no quiso molestar a su empleado pidiéndole que la llevase él porque "estaban todos cenando, disfrutando del ambiente y no me pareció necesario".

El Oldsmobile Delmont 88 que jamás llegó al ferry

Sin embargo, la Boiler Room Girl nunca regresaría a su hotel. A lo largo de varias películas y libros basados tanto en la investigación policial como en el juicio y entrevistas, se pudo comprobar que tras subirse al coche, un Oldsmobile Delmont 88, Ted Kennedy tomó el primer desvío en la dirección contraria al muelle. Lo que ya suponía el segundo punto misterioso de esta historia. Si iban hacia el ferry, ¿por qué avanzaron en otra dirección?

No sabemos si sería el estado de embriaguez del político o un despiste, pero terminaron conduciendo por un camino de tierra que le llevó hasta un viejo puente de madera sin guardarraíl. Allí, el vehículo se precipitó a la laguna Poucha, de la que Kennedy sí pudo salir tras el accidente.

Plano de la isla de Chappaquiddick con los movimientos de Ted Kennedy. (Getty)
Plano de la isla de Chappaquiddick con los movimientos de Ted Kennedy. (Getty)

Su relato comienza a tornarse entonces muy difuso, ya que, como finalmente declaró en el juicio, intentó bucear en varias ocasiones para llegar de nuevo al coche a rescatar a Mary Jo. Sin embargo, al no conseguirlo regresó a la casa donde tenía lugar la fiesta. Un trayecto de apenas 800 metros, que tardó en hacer dos horas según sus palabras por la confusión que tenía.

Por desgracia, el análisis forense no pudo determinar si eso era cierto, es decir, solo probaron que entre que Ted Kennedy abandonó la fiesta y regresó habían pasado dos horas, pero no sabían en qué momento justo cayó el coche al agua.

¿Por qué no acudió a la policía?

Al volver a la casa de Chappaquiddick, el senador habló con su primo y su amigo y volvieron los tres juntos, sin decirle nada al resto de asistentes de la casa, a la laguna. De nuevo intentado salvar a Mary Jo Kopechne. Aunque no lo consiguieron, terminando la madrugada acompañando a Kennedy hasta el muelle, donde cruzó a nado el canal para regresar a su hotel, el Shiretown Inn, en tierra firme.

Teóricamente, según declararon Gargan y Markham, les dijo que iría a la policía local para denunciar los hechos. ¡Spoiler! No lo hizo, a pesar de tener una segunda oportunidad para llamar a las autoridades, se fue a dormir a su hotel o a intentarlo, ya que a las 2:55 am de esa madrugada se quejó a los trabajadores de su alojamiento del ruido que hacían otros huéspedes.

Sin señales de Ted Kennedy

A la mañana siguiente, cuando se reencontró con sus amigos, al abrirse de nuevo el ferry, Ted aún no había dado parte a la policía. Prefirió ponerse en contacto con su entorno para ver cómo abordar la situación y qué le recomendaban.

Mientras, a las 8:20 de la mañana, dos pescadores llamaron a la policía para decir que habían visto un coche hundido junto al puente de madera del camino de Dike. Solo diez horas después, cuando le informaron de que la policía había descubierto el coche, Ted Kennedy acudió a las autoridades y explicó lo sucedido.

Jason Clarke, como el político en ‘El escándalo Ted Kennedy’. (Apex Entertainment)
Jason Clarke, como el político en ‘El escándalo Ted Kennedy’. (Apex Entertainment)

Aseguró que no recordaba nada del accidente y que estaba en shock. Una noticia que tuvo la suerte (la mala suerte) de coincidir con un evento histórico: la llegada del hombre a la luna ese mismo fin de semana. Así, la prensa parecía estar más interesada en lo que ocurría fuera de nuestro planeta con Neil Amstrong.

Sin embargo, poco a poco se fueron haciendo eco de la tragedia gracias a un teletipo que decía: "Ted a salvo; rubia muere". Poniendo en relieve la importancia política que tenía el senador Kennedy y cómo Mary Jo Kopechne estaba condenada a ser la víctima pero sobre todo la perdedora de la historia.

La maldición de los Kennedy

A lo largo de los siguientes días se vivieron momentos bochornosos, como cuando se descubrió que el político lucía un collarín que no necesitaba para mostrar supuestos daños por el accidente, su mención a la 'maldición Kennedy' para justificar el accidente o cómo dio un discurso donde denunciaba que muchos habían intentado ocultar el accidente pero que él siempre había buscado contar la verdad a sus votantes.

Sin embargo, cuando se recuperó el cádaver de Mary Jo se probó que la joven no había muerto en el accidente ni ahogada, sino asfixiada por quedarse sin oxígeno en la burbuja de aire que había quedado dentro del coche.

"Podría haberla sacado del coche"

De hecho, el buzo que recuperó el cadáver de Mary Jo declaró que la joven podría haber sobrevivido si el senador hubiese avisado del incidente a las autoridades con la debida celeridad. "Podría haberla sacado del coche en 25 minutos después de la llamada". Sin embargo, estimaron que estuvo agonizando durante tres o cuatro horas.

Apenas una semana después se celebró el juicio y Ted Kennedy fue declarado culpable de haber abandonado el lugar del accidente y de haber causado lesiones físicas a su acompañante. ¿La condena? Dos meses de cárcel que no llegó a cumplir y la retirada durante seis meses del carnet de conducir.

Ted Kennedy y su mujer Virginia Joan Bennett, durante una visita a Sevilla en 1965. (Getty)
Ted Kennedy y su mujer Virginia Joan Bennett, durante una visita a Sevilla en 1965. (Getty)

Mientras, una campaña pública (no diremos que orquestada por nadie en especial...) comenzó a narrar los supuestos trapos sucios de la maestra fallecida. Levantando sospechas sobre su posible relación sentimental con Bob y Ted Kennedy, hablando de un embarazo, tildándola de juerguista de mala vida e incluso culpándola del aborto que sufrió Virginia Joan Bennett, esposa de Ted.

La mujer del senador no había acudido a la fiesta en Massachusetts porque su tercer embarazo era de riesgo. Al perder tiempo después por desgracia el bebé que esperaba, ciertos medios también acusaron a Mary Jo (ya fallecida) de haber hecho que enfermara por pena.

Además, también se la culpó del fallecimiento 10 días después del accidente de la muerte de Joseph Kennedy, el patriarca del clan, que murió por las secuelas de un ictus a los 81 años. Así, casi podríamos decir que nos parece raro que no la culparan incluso del asesinato de John Fitzgerald Kennedy.

"Habría pensado que estábamos buscando sacar dinero"

Una serie de polémicas relacionadas con la supuesta vida de su hija que hicieron que los padres de Mary Jo Kopechne, católicos acérrimos (y hace más de 50 años), nunca aceptaran que se le realizara una autopsia en profundidad que determinara las causas de su muerte.

Ni siquiera cuando años más tarde una investigación posterior solicitó la exhumación del cadáver. "La gente habría pensado que estábamos buscando sacar dinero de una tragedia", dijeron al negarse a que hubiera nuevos juicios.

La última vez en Chappaquiddick

Aunque años después la familia también explicó en la revista 'People' que se sentían totalmente desvalidos: "Los que la conocieron saben que nada de eso era cierto. Nadie salió entonces a defenderla y sus padres estaban desolados, así que lo dejaron estar".

Respecto a Ted Kennedy, que nunca aclaró del todo lo sucedido, su ascenso a la Casa Blanca quedó también hundido en las aguas de la laguna Poucha, pero siguió en el cargo de senador de Massachusetts hasta su muerte en 2009. Unos años marcados por su alcoholismo, sus escándalos de acoso sexual y los problemas psicológicos que le derivaba su famoso apellido.

Portada del libro 'Before Chappaquiddick: The Untold Story of Mary Jo Kopechne and the Kennedy Brothers'. (Amazon)
Portada del libro 'Before Chappaquiddick: The Untold Story of Mary Jo Kopechne and the Kennedy Brothers'. (Amazon)

Lo que realmente sucedió en las dos horas que Ted Kennedy tardó en avisar a sus amigos del accidente, por qué no lo denunciaron al momento o cómo lograron que un juez solo le multara con dos meses de cárcel siguen siendo un gran misterio.

Aunque lo que la mayoría de expertos políticos y criminólogos en la materia tienen claro es que aún no se sabe toda la verdad sobre este caso. Un final que por desgracia quizás no se aclare nunca, al haber fallecido ya la mayoría de los implicados.

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