Liza Minnelli, la hija de dos mitos que se casó cuatro veces y se convirtió en icono gay
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Liza Minnelli, la hija de dos mitos que se casó cuatro veces y se convirtió en icono gay

La actriz y cantante se ha convertido en una leyenda del espectáculo norteamericano teniéndolo casi todo en contra: un origen familiar maldito y un historial propio lleno de adicciones y matrimonios fracasados

Foto: Liza Minnelli, en 2009. (EFE)
Liza Minnelli, en 2009. (EFE)

La infancia de Liza Minnelli, que este viernes cumple 75 años, fue una infancia anómala en todos los sentidos. Fruto del amor entre Judy Garland y Vincente Minnelli, que se conocieron en el plató de la icónica 'Cita en San Louis', la actriz vivió de cerca la fama, con su yin y su yang, con sus aplausos y sus soledades; sus días de gloria y sus momentos de miseria. Siendo aún una niña padeció la separación de sus padres, que siempre estuvo envuelta en el misterio.

Oficialmente, la adicción a las pastillas de Garland acabó con su matrimonio con el director. Extraoficialmente, lo descubrió en brazos de otro hombre y no pudo soportar aquel hallazgo. Para la protagonista de 'El mago de Oz' llegaron más matrimonios y más adicciones, algo que Liza vio de forma distinta a sus hermanos, ya que desde el inicio de su vida se planteó cantar y convertirse en actriz. Y lo acabó consiguiendo sin la pesada sombra de la fama de sus padres. “No fue una gran tragedia ser la hija de Judy Garland. Tuve una infancia extraordinariamente interesante excepto por el hecho de que no tuvo nada que ver con ser una niña”, dijo en una ocasión.

El ejemplo de Garland, a la que daban pastillas para seguir los frenéticos ritmos de rodaje desde que era una adolescente, no era el mejor para decidir dedicarse al mundo del espectáculo. Pero Liza ya apareció, con unos tres años, del brazo de su madre en la película 'In the good old summertime', a principios de los 50. Ya más crecida, volvió a probar suerte junto a Judy en las célebres actuaciones de esta en televisión. Por entonces, Liza ya tenía muy claro que sus pocos años de vida no habían sido como los de la mayoría de la gente. “Recuerdo estar en el Beverly Hills Park con Mia Farrow, Candice Bergen y Tisha Sterling, y mientras jugábamos en el cajón de arena, escuchar a nuestras niñeras británicas hablar sobre acuerdos de películas, diseño de vestuario y sobre qué jefe de cada una iba a ganar un Oscar. Vivíamos rodeados de estrellas, pero para nosotros solo eran los vecinos. Humphrey Bogart era para mí el tío Humphrey”, dijo en una entrevista. Y, ciertamente, era lógico que esa burbuja irreal acabase llevándola por la senda del espectáculo a ella también.

placeholder Charles Aznavour y Liza Minnelli, cuando eran dos grandes promesas. (Cordon Press)
Charles Aznavour y Liza Minnelli, cuando eran dos grandes promesas. (Cordon Press)

Tras sus pinitos televisivos y la negativa de sus padres a ayudarla económicamente (se dice que, durante una época de su juventud, llegó a dormir en un parque), debutó en el cine con ‘Charlie Bubbles’, la única cinta protagonizada y dirigida por Albert Finney. Y a partir de ahí, su ascenso fue meteórico. Tras la muerte de su madre a causa de una sobredosis en 1969, llegó a trabajar con el mismísimo Otto Preminger, que la dirigió en 'Dime que me amas, Junie Moon'. Después, llegaría el éxito y el fenómeno 'Cabaret', la película de Bob Fosse que cambió su vida para siempre. Interpretar a Sally Bowles le dio mucho más de lo que podía imaginar. Su imagen con la pierna subida en una silla, el bombín en la cabeza y los ojos maquillados al estilo berlinés de los años 30 se convirtieron, como el rugido de King Kong o el Titanic partido en dos, en un icono cinematográfico. Las película también le dio un Oscar como mejor actriz que se convirtió en un pasaporte para otras cintas de la altura del 'New York, New York' de Martin Scorsese. En los 70, Liza ya era Liza por encima del apellido Minnelli.

placeholder Liza Minnelli, en 'Cabaret'. (CP)
Liza Minnelli, en 'Cabaret'. (CP)

Pese al éxito indudable, la vida de Liza ha estado, como la de sus padres, plagada de sinsabores, recaídas y de baches de salud. Habitual del Studio 54 neoyorquino durante los 70, pronto descubrió el poder alucinógeno y hedonista de las drogas. En 1985 tuvo que ingresar en una clínica de desintoxicación debido a su afición por el alcohol y las pastillas, algo que la llevó a perderse el mítico concierto We Are the World, en el que participaron artistas como Michael Jackson. En su vida personal, la inestabilidad también ha sido la protagonista. Pareja de Scorsese durante unos años, después llegó a acumular hasta cuatro matrimonios. Su primer marido fue Peter Allen, un músico conocido de su madre con el que se casó cuando esta aún vivía, en 1967.

Ya en los 70 volvió a pasar por el altar con Jack Haley Jr., que también tenía algo que ver con su madre: su padre fue nada más y nada menos que el hombre de hojalata de 'El mago de Oz'. De 1979 a 1992 estuvo casada con el escultor Marc Gero, con el que tampoco acabó demasiado bien. El año de su tercera separación fue también el de la muerte, a causa del sida, de Allen, su primer marido. En 2002 llegaría un cuarto, fugaz y (por el momento) último matrimonio con David Guest, un promotor de conciertos con el que apenas estuvo casada un año.

placeholder El año de su Oscar, 1973, con su padre, Vincente Minnelli. (CP)
El año de su Oscar, 1973, con su padre, Vincente Minnelli. (CP)

Icono gay por excelencia, como demuestra su aparición en 'Sexo en Nueva York', en la que ponía voz al 'Single Ladies' de Beyoncé en la escena de una boda gay, Liza ha combatido, en esta última década, un cáncer de mama. La enfermedad le fue diagnosticada en 2010 y la ha llevado a pasar por el quirófano en dos ocasiones. Controlado su bache de salud, ha podido recuperarse de sus adicciones y mostrar su mejor cara, su inconfundible sonrisa en esos conciertos que siempre llenan sus grandes admiradores.

En los últimos tiempos también ha puesto todo de su parte para homenajear a sus míticos padres. Su introducción del DVD de 'Cita en San Louis', película sin la cual ella misma no existiría, es un modelo de cariño y entusiasmo por el trabajo de las dos personas que la trajeron al mundo. Teniendo en cuenta sus orígenes y las muchas veces que ha estado al borde del abismo y la autodestrucción, es casi un milagro que se haya convertido en una leyenda tan grande como Judy y Vincent. Su voz sigue siendo una muestra prodigiosa del mejor 'show bussiness' norteamericano; un ejemplo de resiliencia y saber hacer que sigue inspirando a las nuevas generaciones con frases como esta: “La realidad es algo a lo que tienes que sobreponerte”.

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