Jean Arthur, la actriz de voz rota que enseñó a Meryl Streep y murió como una reclusa
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Jean Arthur, la actriz de voz rota que enseñó a Meryl Streep y murió como una reclusa

La musa del cine de Frank Capra representó a las féminas adelantadas y profesionales en una época en la que imperaba el machismo. Su vida personal sigue envuelta por el misterio

placeholder Foto: La actriz, en 1940. (CP)
La actriz, en 1940. (CP)

Cuando Jean Arthur murió, un 19 de junio de 1991, hacía años que nadie se acordaba de ella. Durante los años más duros de la Gran Depresión, allá por los años 30, la heroína de las películas de Frank Capra fue un símbolo de la mujer avanzada a su tiempo, una dinamo en una maquinaria en la que aún pesaba el machismo. La actriz podía ser una periodista en ‘Caballero sin espada’ o una secretaria con poderes en ‘Vive como quieras’. Los personajes que Arthur encarnó, con su inconfundible voz nasal, representaban a la nueva fémina de unos tiempos de paro, masculinidad tóxica y falta de recursos.

Nacida en Nueva York en 1900 e hija de padres protestantes, la pequeña Gladys Georgianna Greene (así se llamaba) fue una nómada que vivió junto a su familia en lugares tan dispares como Florida o Saranac Lake. Tras trabajar como taquígrafa en el bajo Manhattan, siendo casi una adolescente, vivió con tristeza la muerte de uno de sus hermanos durante la Primera Guerra Mundial y varias tragedias que la convirtieron en una mujer valiente y arriesgada.

placeholder La actriz, en los años 40. (CP)
La actriz, en los años 40. (CP)

Decidida a trabajar por sí misma y su futuro, se cambió el nombre para ejercer de modelo publicitaria. Su nuevo nombre, Jean Arthur. Así fue como Fox la captó para tenerla en plantilla y hacerla debutar en ‘Cameo Kirby’, una película de John Ford rodada en 1923.

Pocos años más tarde, en 1928, obtuvo un nuevo contrato por parte de Paramount. Pero, tras tiempo luchando por una incipiente carrera como actriz, Arthur se sentía una fracasada con apenas 30 años de edad. Consciente de sus propias limitaciones, abandonó el cine para dirigir su mirada a Broadway. Su entrenamiento como actriz hizo más fácil el regreso profesional a Hollywood. Ya tenía las tablas suficientes como para ser elogiada por sus compañeros de profesión. “Aprendí a enfrentarme al público y a olvidarlo. Ver las candilejas y no verlas; para evaluar las reacciones de cientos de personas y, sin embargo, entregarme tan completamente a un papel que no me daba cuenta de su reacción”, confesó ella.

Foto: Puerta exterior de los estudios. (Getty)

Frank Capra la eligió para ‘El secreto de vivir’, película que protagonizó junto a Gary Cooper y que la definió como estrella. La cinta marcó la imagen transgresora que encarnaría en pantalla. Su personaje de reportera, una profesional inteligente y segura de sí misma, fue el espejo en el que se miraron muchas mujeres. También fue el prototipo que encarnó en la filmografía capriana. El director la convirtió en su actriz fetiche en obras maestras como ‘Vive como quieras’ (1938) o ‘Caballero sin espada’(1939), una sátira política que no pasa de moda. Capra confiaba tanto en ella que la eligió para su célebre ‘¡Qué bello es vivir!’ en 1946. Arthur le dio un ‘no’ por respuesta y el director se tuvo que ‘conformar’ con Donna Reed.

placeholder Póster de 'Caballero sin espada'. (CP)
Póster de 'Caballero sin espada'. (CP)

La ausencia de Arthur en la icónica cinta navideña se explica por su carácter y sus continuas dudas profesionales. Una vez llegó a decirle a un periodista que prefería que la degollasen a que le hicieran una entrevista. Odiaba la explotación y los peajes publicitarios que rodeaban al mundo del cine. Cada película significaba una auténtica tortura para ella. Cuentan que, en 1944, cuando se liberó de su contrato con la Columbia, se paseó por las instalaciones asegurando que por fin era “libre”. Pese a sus reticencias profesionales, volvería a trabajar en ‘Berlín occidente’ (1948) a las órdenes de Billy Wilder, y en ‘Raíces profundas’ (1953) con su admirado George Stevens.

Por aquellos años, en 1949, Arthur se divorció de su segundo marido, el actor y productor Frank Ross, con el que había estado casada 16 años. Anteriormente, en 1928, estuvo casada un solo día con Julian Anker, ya que anuló su matrimonio horas después de haber pronunciado el ‘sí, quiero’. Nunca tuvo hijos y, desde finales de los 40 hasta su propia muerte, jamás se le volvió a conocer romance alguno. Salvo alguna esporádica aparición televisiva (tuvo su propio show, que apenas duró varias entregas), Arthur quiso alejarse del mundanal ruido, ser fiel a sí misma. Los años 50, la época de las amas de casa dóciles con delantal, no iban demasiado con una mujer que había demostrado un carácter complejo y poco acomodaticio tanto fuera como dentro de la pantalla.

De lo poco que se supo de ella, destaca su papel como profesora de interpretación en Vassar, una escuela por la que pasó la mismísima Meryl Streep. Pese a no ser una gran amante de su profesión, Arthur supo ver el talento de aquella joven que se acabaría convirtiendo en toda una estrella.

placeholder Arthur, en 1935. (CP)
Arthur, en 1935. (CP)

De su tranquila vida en California poco se supo. En Hollywood se decía que Jean Arthur era la gran reclusa del cine, solo superada por la icónica Greta Garbo. La actriz se negó a dar entrevistas, siempre declinó las apariciones televisivas que tanto gustaban a otros compañeros de generación y optó por un silencio que provocó el olvido de las nuevas generaciones. Murió a los 90 años de edad, guardando la privacidad que siempre había querido, El crítico Charles Champlin fue uno de los que mejor definió la valía de Arthur como estrella fundamental de la edad de oro hollywoodiense. “Sugirió que la mujer ideal podía ser (o debería ser) juzgada tanto por su espíritu como por su belleza. La noción de la mujer como amiga y confidente, así como alguien a quien cortejabas y por quien te volvías loco, alguien cuya verdadera belleza era interna en lugar de externa, se convirtió en una posibilidad en toda regla mientras observábamos a Jean Arthur”.

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