El funeral (ficticio) de Lola Lolita: cónclave de influencers, sus mayores polémicas a la cara y el entierro simbólico de un año imposible
La creadora de contenido ha decidido cerrar el 2025 con 'El entierro del año', una interesante y creativa producción que narra su propia muerte con la que pretende abrir una nueva etapa y era
Cada uno cierra el año como puede, pero siempre con reflexiones y propósitos que nunca jamás se llegan a cumplir, o al menos en el 90% de los casos. Cuando cuentas con 4,3 millones de seguidores en Instagram y 13,8 en TikTok, puedes montar tu propio funeral ficticio y reírte de todo lo que te ha pasado en el año más movido, personal y profesionalmente, de tu vida. O esa, al menos, ha sido la elección de Lola Lolita.
Todo el mundo ha fantaseado alguna vez con cómo será su entierro, quién acudirá, quién soltará la primera lágrima, quién dirá el discurso más emocionante o incluso qué enemigo podría ir a asegurarse de que no respiras. Hubo un tiempo en el que en Estados Unidos había un programa que sorprendía a sus protagonistas con un funeral ficticio en el que todos sabían que era mentira, menos el muerto.
En España lo encarnó Movistar+, con alguna modificación, y se llamaba ‘El cielo puede esperar’. Ahora, la influencer, siguiendo ese ejemplo, ha decidido cerrar su año y quemar lo negativo de esta forma, desde el humor y esa risa contagiosa que la caracteriza.
La escena no es casual ni improvisada. Un ataúd abierto, coronas de flores a ambos lados, velas encendidas y un silencio solemne que dura lo justo antes de romperse en carcajadas incómodas. Dentro, Lola Lolita se convierte en espectadora de sí misma, protagonista de un velatorio en el que no se llora una muerte, sino un año cargado de ruido, exposición y polémicas que han puesto a prueba su piel digital.
El escenario, grabado en el Palacio de la Trinidad de Madrid, funciona como un teatro simbólico donde todo está medido: desde el atrezo hasta los guiños escondidos para quien ha seguido su historia al detalle, como el bolso que lleva en las manos.
El proyecto, titulado 'El entierro del año' y dirigido por Adrià Ruval, no es solo una puesta en escena llamativa, sino un ejercicio de autocrítica poco habitual en el ecosistema influencer. Durante algo más de tres minutos, la creadora repasa los momentos que marcaron su 2025 con un tono directo, sin victimismo y con la ironía como escudo.
Lola Lolita en una foto de archivo. (Gtres)
Las coronas de flores no llevan dedicatorias cariñosas, sino algunos de los comentarios más duros que ha recibido en redes, convertidos ahora en parte del decorado. Incluso el famoso bolso que protagonizó una de sus controversias más comentadas aparece como un objeto casi funerario, elevado a símbolo de todo lo que se dijo alrededor de él.
El velatorio se convierte también en un punto de encuentro. Por allí pasan amigos, compañeros de profesión y rostros conocidos que forman parte de su día a día: desde Susi Caramelo y Anabel Pantoja hasta Carlos Baute, además de creadoras como Violeta, Marina Rivers, Álvaro Suárez, Lucía de la Puerta, Marina Mese o Shannis.
No faltan los miembros de su familia ni las personas de su círculo más íntimo. La idea es demostrar que este entierro simbólico no lo vive en soledad, sino arropada por quienes permanecen cuando el algoritmo deja de aplaudir.
Lola Lolita en el Festival de Venecia. (Getty)
Entre los fantasmas que se despiden está su polémica participación en un formato de lujo extremo que incendió las redes. Fue con la serie de vídeos de Nil Ojeda llamada '21 días entre millonarios'. Sus comentarios sobre marcas —quería un bolso de Dior, antes que uno de Louis Vuitton—, compras y su trato con un trabajador fueron interpretados por muchos como clasistas y desmedidos.
Durante semanas su nombre se asoció a debates sobre privilegio, formas y responsabilidad de los creadores con audiencias masivas. Ella salió a defenderse y explicó que había exagerado el personaje para estar acorde con el tono irónico de la serie. En el funeral ficticio, esas críticas reaparecen sin edulcorar, expuestas como epitafios que ya no duelen igual.
También resuena su discurso al recoger el Premio Ídolo del Año, una intervención que se salió del guion habitual de agradecimientos y dejó caer dardos envenenados al propio sector. Vestida de negro y con velo, como un adelanto del entierro que vendría después, habló de lealtades, silencios incómodos y rivalidades no resueltas. Aquella noche, muchos leyeron entre líneas y señalaron tensiones con otras creadoras, algunas amistades que terminaron rompiéndose y una defensa férrea de su entorno más cercano, exactamente de su hermana, Sofía Surfers.
Lejos de esconderse, Lola Lolita ha decidido mirarlo todo de frente y convertirlo en contenido. Ella misma lo explica como una necesidad personal: hacer balance, cerrar una etapa y dejar atrás lo que pesa antes de 2026. "No ha sido mi mejor año a nivel personal, pero sí a nivel profesional. Necesitaba hacer este contenido para abrir las puertas a todos los proyectos que vienen. Tengo preparadas muchas sorpresas".
El funeral no marca un final, es una limpieza emocional pública, una forma de decir adiós al ruido para seguir adelante. El vídeo ya está disponible en sus redes y, como último gesto irónico, incluso el bolso protagonista de la polémica tendrá una segunda vida a través de un concurso entre sus seguidores. Porque si algo ha quedado claro en este velatorio, es que aquí no se entierra una carrera, sino un año que pedía descanso eterno.
Cada uno cierra el año como puede, pero siempre con reflexiones y propósitos que nunca jamás se llegan a cumplir, o al menos en el 90% de los casos. Cuando cuentas con 4,3 millones de seguidores en Instagram y 13,8 en TikTok, puedes montar tu propio funeral ficticio y reírte de todo lo que te ha pasado en el año más movido, personal y profesionalmente, de tu vida. O esa, al menos, ha sido la elección de Lola Lolita.