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Alberto Boniato, primer discapacitado físico en ir a Supervivientes: “De adolescente me acomplejaba la prótesis; ahora la muestro”
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Alberto Boniato, primer discapacitado físico en ir a Supervivientes: “De adolescente me acomplejaba la prótesis; ahora la muestro”

Descubrimos la historia de Alberto Boniato, el atleta paralímpico que rompe barreras, que participó en una serie de Netflix, desfiló en la Fashion Week, creador de `Cojo por el mundo` y ahora el primer discapacitado físico en ir a Supervivientes

Foto: Alberto Boniato, el primer paralímpico en Supervivientes
Alberto Boniato, el primer paralímpico en Supervivientes

“Mamá, ¿por qué me miran todo el rato?”. Alberto Boniato tenía cinco años cuando formuló esa pregunta. “Porque eres muy guapo”, respondía su madre. La escena, repetida en la memoria, no contiene dramatismo; encierra una pedagogía doméstica que marcaría el resto de su trayectoria.

Nació sin peroné y a los tres años le amputaron la pierna. “Estuve hasta los siete en un equipo de fútbol jugando con todos mis compañeros en igualdad de condiciones. Ahí fue cuando empecé a darme cuenta de que era diferente al resto: crecía más lento, era más torpe… Y también a esa edad la inocencia de los niños hacía que vinieran y preguntaran: ‘¿Qué te pasa en la pierna?’”, recuerda. No lo narra con desazón, sino con precisión. “Desde niño mis padres me han hecho entender que no pasa nada. Tampoco quiero decir que todo ha sido un camino de rosas, pero lo cierto es que soy muy feliz y lo que detesto es que me miren con pena”.

"El humor ha sido una vía de autoprotección"

placeholder Alberto Boniato en una imagen de álbum familiar inédita de pequeño. (Cortesía)
Alberto Boniato en una imagen de álbum familiar inédita de pequeño. (Cortesía)

Su rechazo no es hacia la palabra, sino hacia la actitud. “Mucha gente siente pudor a la hora de tratar o hablar de discapacidad; eso me parece una tontería. ¿De qué me sirve que tengas la ‘delicadeza’ de decirme persona con capacidades especiales o esos términos que se consideran más inclusivos si me doy media vuelta y sientes pena o no me tratas con naturalidad? De nada”. La contundencia no busca incomodar; aspira a desactivar la condescendencia.

Eligió el humor como estrategia. “De adolescente era muy rebelde. A veces dejaba la prótesis en la mesa de la profesora y me echaban de clase. Ha sido una vía de autoprotección; si era yo quien se reía, el resto lo hacía conmigo y no de mí. Desdramatizando llegas a muchos más lugares, pero con respeto”. Esa lógica atraviesa proyectos como `El cojo de las entrevistas', producido por VLP Sports, donde conversó con perfiles como el skater ciego Marcelo Lusardi o el atleta de parkour adaptado Rubén Roldán. La cámara no operaba como altavoz de épica, sino como dispositivo de normalización.

"España tiene que avanzar mucho, hay otros países pioneros"

placeholder Alberto Boniato, el primer atleta paralímpico en ir a Supervivientes. (Cortesía)
Alberto Boniato, el primer atleta paralímpico en ir a Supervivientes. (Cortesía)

Comenzó en el atletismo a los nueve años. Lo dejó poco después: no había entrenadores especializados ni prótesis adecuadas. El relato del avance tecnológico y estructural lo enuncia sin euforia. “Las cosas van evolucionando. Creo que en parte es gracias a la visibilidad que tenemos por vías como las redes sociales. Para mí el millón de seguidores en TikTok o en Instagram es un reflejo de esa evolución, de que a la sociedad le interesa. Al final eso se traduce en el poder de lanzar mensajes que lleguen a muchas personas y que nos hagan más caso”.

La comparación con países como Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Estados Unidos o China no es retórica. “En Gran Bretaña la prótesis te la cubre al cien por cien la seguridad social; aquí tienes que adelantar el dinero y luego te devuelven una parte, pero tras mucho papeleo. Allí también cubren el material deportivo; aquí no”. La consecuencia, sostiene, se refleja en los resultados paralímpicos.

"Pasé de avergonzarme de la prótesis a usarla para ligar"

placeholder Alberto Boniato, primer paralímpico en ir a Supervivientes. (Cortesía)
Alberto Boniato, primer paralímpico en ir a Supervivientes. (Cortesía)

Desde 2014 encadena hitos: campeón de Europa sub20 en 100 y 200 metros; en 2017, quinto del mundo absoluto en 400; noveno en Dubái en 2019; subcampeón de Europa en Polonia tras la pandemia; vencedor de un Grand Prix en 200 en 2022; cuarto del mundo en París en 2023; quinto en Japón en 2024. Quedó a las puertas de los Juegos Paralímpicos de París. “Fue muy duro. El deporte no es solo constancia; lo mueve una ilusión impulsada por objetivos. Cuando no consigues entrar, tienes que buscar algo que te motive. Es como en el amor: cuando te dejan, intentar no cogerle miedo a las emociones o confiar en que no era para ti y llegará alguien que sí lo sea”. Proyecta la mirada hacia Los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.

El amor, admite, también fue territorio de inseguridad. “De los trece a los dieciocho me daba mucha vergüenza. No quería que nadie me viera y lo que más pudor me daba era el tema de las chicas. En redes sociales no enseñaba nada, siempre iba con pantalón largo y para ligar intentaba que no se notara. Lo que más me acomplejaba, más que el hecho de no tener pierna, era el muñón. Y ahora al revés: estoy todo el día enseñándolo e incluso en algún momento he ligado hasta más. Ahora estoy en un momento de equilibrio: ni lo uso ni lo desuso”. Se ríe. El humor persiste, pero ya no cumple la misma función defensiva.

"Cuando fuimos a Ucrania, vimos que la gente se ha acostumbrado a la guerra"

Esa mezcla de ligereza y reclamación atraviesa 'Cojo por el mundo', disponible en YouTube. El propósito no es turístico. “Queríamos descubrir otras realidades. Los viajes ya de por sí demuestran que con una discapacidad puedes hacer vida normal y me apetecía dar un paso más allá y hablar de cosas que creo que a los jóvenes también nos interesan, pero no tenemos a alguien que nos lo transmita de una manera que capte nuestra atención”.

Entre los destinos, Ucrania. “Donde más miedo pasé fue en el trayecto: era un tren muy antiguo, construido en los años setenta, y no paraba de pensar que si caía una bomba no podíamos hacer nada”. En las ciudades, sin embargo, la percepción fue otra. “La gente no se lo cree cuando lo contamos, pero miedo como tal no sentimos. Está todo muy controlado: te llega un aviso al teléfono y te metes en un búnker, que son parkings adaptados. Lo que más nos sorprendió es que la gente ha tenido que acostumbrarse a vivir en un país en guerra y están muy cansados”.

"Ser el primer paralímpico en ir a Supervivientes es un avance"

placeholder El banner de `Cojo por el mundo` encabezado por Alberto Boniato. (Cortesía)
El banner de `Cojo por el mundo` encabezado por Alberto Boniato. (Cortesía)

Recuerda una noche en Kiev, capital de Ucrania, cuando escucharon caer más de cincuenta misiles mientras compartían vino con un grupo de ucranianos en el aparcamiento del hotel. “Es lo que buscamos: mostrar la parte humana y contar cosas que pasan en el mundo”. En India, al llegar a Bangalore, descubrió un espacio que apoya la diversidad funcional y participó en un partido de críquet para ciegos.

Ahora prepara su participación en Supervivientes. “Aún no me lo creo. El hecho de ser el primer deportista paralímpico en ir a un reality que lleva tantos años en televisión es la prueba de un cambio. No solo debemos unirnos entre nosotros, sino que nos dejen participar con normalidad en formatos que no están enfocados en discapacidad. He pedido que en las pruebas me traten igual que a mis compañeros; si tengo alguna complicación, lo diré sin ningún complejo”. La normalidad, insiste, no se proclama: se ejerce. También reivindica esa presencia en la ficción. En Olympo interpretó a Miqui, atleta paralímpico integrado en la trama sin subrayados. “No había lo típico de ‘mira Miqui, que está cojo’… ya lo sabemos, lo estás viendo…”.

placeholder Alberto Boniato junto a la actriz y compañera de reparto Andy Duato. (Cortesía)
Alberto Boniato junto a la actriz y compañera de reparto Andy Duato. (Cortesía)

Celebra el guion y el trabajo de Netflix en su primer papel con texto, experiencia que repetiría. Su expectativa ante el concurso es simple: “En las redes sociales intuyes; en un formato así conoces. Tengo ganas, aunque a ver qué pasa, porque soy el típico que dice lo primero que se me pasa por la cabeza… ¡quién sabe!”.

La pregunta que formuló a los cinco años no ha desaparecido; ha cambiado de sentido. Ya no interroga la mirada ajena, sino el marco desde el que se observa. Entre la pista, la cámara y el viaje, Boniato no ha construido un alegato, sino un itinerario. En él, la diferencia no reclama indulgencia ni aplauso: exige espacio. Y ese desplazamiento —del foco compasivo a la presencia sin adjetivos— no es un gesto individual, sino un síntoma de época.

“Mamá, ¿por qué me miran todo el rato?”. Alberto Boniato tenía cinco años cuando formuló esa pregunta. “Porque eres muy guapo”, respondía su madre. La escena, repetida en la memoria, no contiene dramatismo; encierra una pedagogía doméstica que marcaría el resto de su trayectoria.

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