Puerto Banús busca comprador: de los Banús a los Vidiella, las familias que han controlado el gran símbolo de la jet set
La familia Vidiella abre la puerta a fondos internacionales para el puerto más exclusivo de Marbella, un icono del lujo que ha sabido reinventarse durante más de cinco décadas
Uno de los escenarios más reconocibles y fotografiados del lujo europeo, Puerto Banús, podría cambiar de manos. Según ha adelantado en exclusiva 'Expansión', la familia Vidiella ha iniciado un proceso para dar entrada a un socio en el capital del puerto deportivo, con el asesoramiento de EY y el interés ya latente de grandes fondos de infraestructuras. El icono de la Marbella más internacional comienza una nueva etapa (la operación está dando sus primeros pasos) para seguir siendo termómetro del dinero global.
Para entender su valor hay que retroceder a finales de los años sesenta. Entonces, Marbella empezaba a despuntar como destino de élites gracias al impulso de figuras como el príncipe Alfonso de Hohenlohe. En ese contexto apareció José Banús, un constructor hecho a sí mismo, nacido en una familia humilde de Tarragona y convertido en uno de los empresarios más poderosos del franquismo.
Banús había levantado barrios enteros en Madrid y participado en grandes obras públicas antes de fijarse en la Costa del Sol. En 1962 compró una enorme finca junto al mar y, en menos de una década, transformó aquel terreno en un proyecto que miraba directamente a la Riviera francesa. Para diseñarlo contó con Pierre Canto, responsable del puerto de Cannes, y para la urbanización colindante, Nueva Andalucía, recurrió a arquitectos de prestigio internacional.
La inauguración, en agosto de 1970, fue toda una declaración de intenciones. Durante días, Marbella acogió una celebración que reunió a aristócratas, estrellas internacionales y miembros de la realeza. Grace Kelly y Rainiero de Mónaco, Hugh Hefner o un entonces emergente Julio Iglesias formaron parte de aquella puesta en escena que selló el nacimiento de un mito.
En los años setenta y ochenta, Puerto Banús se consolidó como uno de los epicentros de la jet set europea. Por sus muelles desfilaron los condes de Barcelona, habituales visitantes con su yate Giralda, así como buena parte de la aristocracia española y figuras del entretenimiento internacional. Ese cóctel de glamour, clima y discreción convirtió el puerto en un lugar único: boutiques de lujo, restaurantes exclusivos y una vida nocturna que rivalizaba con Montecarlo.
Sin embargo, el imperio de José Banús no resistió intacto el paso del tiempo. La crisis de los años setenta, el cambio político tras la muerte de Franco y el endeudamiento de sus empresas precipitaron su caída. Sin herederos directos claros y con su patrimonio en retroceso, el empresario acabó desprendiéndose de su joya más visible.
Fue entonces cuando entró en escena Alberto Vidiella Tudores, familiar lejano del constructor, que adquirió Puerto Banús a comienzos de los años ochenta. En 1983 la familia tomó definitivamente el control del enclave a través de la sociedad concesionaria. Vidiella no solo mantuvo el legado, sino que lo transformó, impulsando su vertiente comercial y consolidando la presencia de grandes firmas internacionales.
Su figura marcó durante décadas la vida empresarial de Marbella. Constructor, promotor y gestor, Alberto Vidiella levantó un importante entramado inmobiliario en la Costa del Sol y convirtió Puerto Banús en una marca global, una gesta que hoy recuerda una estatua que levantó el Ayuntamiento en su honor. Tras su fallecimiento en 2016, el negocio quedó en manos de sus hijos y de una tercera generación que hoy gestiona el activo.
Con el paso de los años, el perfil de sus visitantes también ha cambiado. Donde antes predominaban aristócratas europeos y celebridades occidentales, hoy es habitual encontrar grandes fortunas procedentes de Rusia, Oriente Medio o Europa del Este. Los megayates, los deportivos de alta gama y las firmas internacionales siguen siendo la seña de identidad, pero el mapa del dinero se ha globalizado.
Puerto Banús ha sabido adaptarse a ese nuevo contexto manteniendo su esencia aspiracional. Con cerca de un millar de amarres y una intensa actividad comercial, el recinto genera en torno a 20 millones de euros anuales y se ha consolidado como uno de los puertos deportivos más rentables y reconocibles del continente.
La posible entrada de un socio financiero (o incluso la venta parcial del activo) abre ahora un nuevo capítulo. La estrategia pasa por reforzar el crecimiento y explorar la expansión bajo la marca Puerto Banús, en línea con los movimientos de consolidación que se están produciendo en el sector de marinas de lujo. Si la operación llega a materializarse, supondría el mayor cambio en la propiedad del enclave desde que los Vidiella tomaron las riendas hace más de cuatro décadas.
Uno de los escenarios más reconocibles y fotografiados del lujo europeo, Puerto Banús, podría cambiar de manos. Según ha adelantado en exclusiva 'Expansión', la familia Vidiella ha iniciado un proceso para dar entrada a un socio en el capital del puerto deportivo, con el asesoramiento de EY y el interés ya latente de grandes fondos de infraestructuras. El icono de la Marbella más internacional comienza una nueva etapa (la operación está dando sus primeros pasos) para seguir siendo termómetro del dinero global.