Los retos del glamour
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ESPECIAL SOSTENIBILIDAD

Los retos del glamour

A la industria de la moda se le acumulan los desafíos, no solo debe afrontar los efectos sobrevenidos de la pandemia, sino también sus impactos ambientales y sociales para ser más sostenible

Foto: De las piñas a los zapatos, el modelo sostenible que sustituye al cuero. (EFE)
De las piñas a los zapatos, el modelo sostenible que sustituye al cuero. (EFE)

En los últimos años, numerosas marcas de moda se han comprometido a establecer objetivos climáticos y a abordar el impacto de la industria en la biodiversidad, a través de coaliciones como el Fashion Pact, la Carta de la Industria de la Moda de Naciones Unidas para la acción climática, la Global Fashion Agenda, Make Fashion Circular, entre otras. También muchas firmas han asumido la meta de ser 'emisiones cero' en 2050.

Señales alentadoras, que en una “década de acción” –como la ONU califica a la actual– deben traducirse en acciones concretas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030, así como las recomendaciones del IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de la ONU) y el Acuerdo de París. La 'nueva normalidad' exige a la industria operar dentro de los límites planetarios, respetando a quienes lo habitan.

Múltiples desafíos

En 2017, la Global Fashion Agenda y el Boston Consulting Group pronosticaron que el consumo global de ropa crecería un 63% hasta 2030. Recientemente, el informe 'The Business of Fashion', de la consultoría McKinsey & Company, estimó que en 2021 solo sería del 2% o 4%, después de que los ingresos de la industria se contrajeran entre un 27% y un 30% en 2020. Esta desaceleración se debe a la moderación en el consumo provocada por la incertidumbre económica derivada de la pandemia.

Según estos entes, las empresas deben centrarse en innovar, utilizar mejor los nuevos canales, optimizar las tiendas y su experiencia de compra, así como en dar el salto hacia la sostenibilidad. Además, los consumidores y los empleados seguirán exigiendo a las compañías más conciencia climática, diversidad e inclusión social.

placeholder Un momento de la presentación de la colección otoño-invierno 2021/2022 de Victoria Tomas. (EFE)
Un momento de la presentación de la colección otoño-invierno 2021/2022 de Victoria Tomas. (EFE)

¿Qué es la sostenibilidad?

Debería poseer siempre tres pilares: uno social, otro ambiental y otro económico. Si los tres no son solventes por igual, no puede considerarse 'sostenible' a ninguna compañía, actividad, producto, evento, plan, etc.

Las dificultades para materializarlo son numerosas y los progresos lentos. Gema Gómez, directora y fundadora de la plataforma Slow Fashion Next, reflexiona: “El mayor reto es entender que el sistema no funciona. Se habla de sostenibilidad respecto a ciertos materiales o procesos menos contaminantes, pero sigue sin existir el concepto de ‘límites planetarios’, que hemos sobrepasado. El planeta no puede permitirse negocios tan agresivos como la moda actual, entre otros motivos, por su tendencia al cambio constante. La industria debe valorar modelos de producción y consumo más lentos, materiales que aporten valor socioambiental y prendas duraderas que no contaminen”.

Cifras insostenibles

La moda contribuye al 10% de las emisiones globales, según el programa de medioambiente de la ONU (PNUMA). La confección y el calzado produjeron más gases efecto invernadero (GEI) que Francia, Alemania y el Reino Unido juntos en 2018, 2.100 millones de toneladas de emisiones de CO2, según el informe 'Fashion on Climate', de la Global Fashion Agenda y McKinsey.

Actualmente, las emisiones GEI de la producción textil global superan las de todos los vuelos internacionales y tráfico marítimo combinados. Esta industria es la segunda más demandante de agua, y genera alrededor del 20% de las aguas residuales del mundo, liberando anualmente medio millón de microfibras al océano.

“La sostenibilidad no es solo un ingrediente, es un enfoque holístico que se necesita para el viaje que tenemos que hacer en el sector”, dice Giusy Bettoni, fundadora de C.L.A.S.S, showroom pionero global en tejidos sostenibles, con base en Milán.

Foto: Vintage Rising de Vestiaire Collective.

Según esta experta, valores como la transparencia, la trazabilidad, la salud, el bienestar animal, la justicia y el cambio climático se han convertido en criterios para evaluar la reputación y los productos de las empresas. “El nuevo enfoque estratégico de las compañías debe integrar estrategias de sostenibilidad y medir estos criterios que los consumidores actuales están pidiendo”, puntualiza.

El reto de la producción más sostenible

La mayor parte de la huella ambiental de las prendas procede del abastecimiento de materias primas y de su uso. Mayoritariamente, el aprovisionamiento se enfoca a sistemas ganaderos y agrícolas intensivos industriales deslocalizados, que contribuyen en gran medida a la huella sectorial y destruyen ecosistemas.

También a recursos fósiles no renovables, como el petróleo –por ejemplo, los sintéticos como el poliéster, tereftalato de polietileno (PET), el mismo material de las botellas de plástico–, una de las principales causas del cambio climático.

En los numerosos planes de sostenibilidad de las marcas de moda, suelen escasear las hojas de ruta claras y realistas, con cronogramas, objetivos (a corto, medio, largo plazo), medición y seguimiento de los mismos, etc. Además, a menudo persiguen lograr la 'neutralidad de carbono' reduciendo sus emisiones (instalando energías renovables en sus almacenes, tiendas, oficinas, etc.), así como comprando compensaciones a través del mercado de emisiones. Esto último es controvertido por el histórico poco fiable del mercado de compensación, y porque se suele usar como excusa para no reducir las emisiones directas de las empresas.

En 2019 la organización medioambiental americana Stand.Earth recogió en un informe que, de las 45 principales marcas de moda, solo dos hacían lo suficiente para frenar las emisiones y mantenerlas bajo los 1,5 grados recomendados por el IPCC y el Acuerdo de París.

placeholder Colombiatex, con la propuesta de cambios radicales para hacer que ese sector sea más sostenible en términos medioambientales. (EFE)
Colombiatex, con la propuesta de cambios radicales para hacer que ese sector sea más sostenible en términos medioambientales. (EFE)

Ese año, el estudio del Instituto de Asuntos Públicos y Ambientales sobre su clasificación CITI (índice de transparencia de la información corporativa ) de la Green Supply Chain analizó los esfuerzos para frenar la contaminación y las emisiones de más de 400 marcas globales que fabrican en China (80 de ropa). La mayoría no han medido su huella, ni saben cómo se originan sus materias, y aún menos cooperan con sus proveedores para reducir su impacto.

El informe 'Fashion Forward: A Roadmap to Fossil Free Fashion', de Stand.earth, calcula que las promesas del Fashion Pact del G7 y la Carta de la Industria de la Moda para la acción climática no son suficientes para limitar el calentamiento a 1,5 grados. Algunas firmas han reducido las emisiones de sus instalaciones, pero no las de su fabricación. El carbón y otros combustibles fósiles se usan en países fabricantes como China, Vietnam, Bangladesh o Turquía, para la electricidad, calentamiento térmico, transporte, producir tejidos, etc.

placeholder Tres chimeneas humeantes asoman tras un conjunto de viviendas deshabitadas en la ciudad de Qingdao, en la provincia china de Shandong. (EFE)
Tres chimeneas humeantes asoman tras un conjunto de viviendas deshabitadas en la ciudad de Qingdao, en la provincia china de Shandong. (EFE)

Un número sorprendente de marcas aún no sabe qué significa la sostenibilidad en la práctica, ni la integran transversalmente en su modelo de negocio. Es una actividad marginal separada de los procesos centrales (estrategia, gobernanza, marketing, diseño, desarrollo, operaciones) y circunscrita al departamento destinado a tal fin, o al de responsabilidad social corporativa, marketing y comunicación. Sin embargo, debería formar parte de la estrategia empresarial y filtrarse en todos los aspectos del negocio.

En general, falta formación, decisiones colectivas de calado, comunicación entre departamentos y coordinación, lo que ralentiza el proceso de mejora, generando también incoherencias, como los abundantes greenwashes ('lavados verdes' para parecer más sostenibles) del sector: acciones, colecciones o productos puntuales más ecológicos, que son excepciones en su forma de operar y no su desempeño habitual.

Menos del 10% de las 250 marcas del índice de transparencia de Fashion Revolution pueden identificar sus proveedores de cuarto nivel. Asimismo, la mayoría de los impactos de la moda se encuentran en el Alcance 3 –extracción y producción de materiales, viajes de trabajo, transporte de materias, combustibles y productos realizados por terceros–, las compañías no pueden lograr progresos reales sin profundizar en su cadena de suministro y comprender dónde están sus puntos críticos. Una mayor transparencia es clave para impulsar su transformación.

Foto:


Pero incluso las multinacionales mejor puntuadas del mencionado Index tienen un largo camino hacia una transparencia total, especialmente en salarios dignos, compras, igualdad de género, desperdicio textil y circularidad. Obstáculos para poder detectar sus problemas, corregirlos, y así ser más sostenibles.

El reto de los derechos laborales

Frecuentemente se tienden a descuidar desde las cadenas de suministro hasta las tiendas. Pero son parte de la sostenibilidad, suponen el pilar social. En muchas latitudes, los salarios de las manufactureras suponen la cuarta o quinta parte de lo necesario para vivir, y no se permite la sindicalización, ni la negociación colectiva, que además de ser derechos laborales, son derechos humanos reconocidos.

La pandemia ha agudizado la situación (por la paralización e impagos en las cadenas de producción deslocalizadas) y la aceleración de la digitalización en las tiendas físicas, así como el mayor desarrollo del e-commerce. Muchas grandes empresas prevén despidos y restructuraciones importantes por estos motivos.

placeholder Fotografía cedida por Mastercard donde aparece una persona escogiendo ropa en una tienda local. (EFE)
Fotografía cedida por Mastercard donde aparece una persona escogiendo ropa en una tienda local. (EFE)

Las consultorías internacionales McKinsey y Pwc estiman que se pueden automatizar 62 millones de puestos de trabajo en las cinco economías más grandes de Europa. El comercio minorista lo hará en un 20% o 30% hasta 2030.

El reto de los residuos

Es un grave problema derivado de la sobreproducción y el consumo excesivo de las últimas décadas, en las que se ha pasado de fabricar una o dos colecciones por temporada a las más de 50 anuales de la fast fashion. Un modelo de negocio con gran rotación y novedad constante, imitado por el sector del lujo, que también ha acelerado sus ritmos.

Hoy la circularidad (producir-consumir-reintegrar) es otro objetivo emergente en la industria textil eminentemente lineal (produce-consume-tira). Implica realizar cambios en los diseños, infraestructuras y en los modelos comerciales.

Para materializar las metas de 'residuo cero' y circularidad que muchas corporaciones han anunciado, deben comenzar a considerar los residuos como activos, reducir impactos (GEI, contaminación hídrica, tóxicos, etc.), promover que los materiales se usen sucesivamente, así como comprender los problemas que limitan la durabilidad de las prendas, su reutilización y reciclaje.

En España, como trasposición de normativa europea, será obligatoria la recogida selectiva del textil a partir de 2025. De momento, la industria produce artículos que se usan cada vez menos, con materias que emplea una vez. Resolver estas cuestiones también implica colaborar con los proveedores y los grupos de interés.

Implementar modelos de alquiler, reventa, reparación, producción a demanda, o que pongan énfasis en la calidad y durabilidad de la ropa, extienden su vida útil. Hoy son excepcionales, con un alcance muy limitado. Muchos suponen un gran desafío logístico para aquellas grandes compañías implantadas globalmente que generan más residuos.

Foto: Cate Blanchett. (Getty)

Según la Fundación Ellen McCarthur, de 2000 a 2015, la producción de ropa se ha duplicado mundialmente hasta superar los 100.000 millones de prendas anuales. Los clientes globales pierden un valor de 460.000 millones de dólares cada año al desechar ropa que podrían seguir usando.

El informe 'Time out for fashion', de Greenpeace, señala que el ciudadano medio compra un 60% más de ropa que hace 15 años. Al mismo tiempo, la Global Fashion Agenda indica que se ha reducido su uso. Más del 30% de la ropa que puebla los armarios europeos no se han usado en, al menos, un año.

“Todos los informes sobre consumo apuntan a un consumidor que desea más compromiso real de las marcas –explica Gómez– pero, de momento, no oímos de ninguna que vaya a producir menos o que elimine las tendencias de moda rápida”, comenta.

El reto del bienestar animal

Aunque en los últimos tiempos muchas firmas han decidido no usar pieles de animales, la industria se provee de otros materiales de origen animal como el cuero, la lana, etc. Tal y como indica el primer informe de la organización de bienestar animal Four Paws, más de 2.000 millones de animales son utilizados cada año en las industrias de la lana, el cuero y la peletería, a menudo sufriendo malas condiciones de vida, prácticas brutales y estrés crónico.

Foto: Alexander McQueen.


El estudio, basado en 77 marcas globales –la mayoría propiedad de nueve de las veinte principales compañías de moda más grandes del mundo, que cotizan en bolsa con un valor estimado de 550.000 millones de dólares–, calcula que solo un 21% de ellas rastrean sus cadenas de suministro. Por lo que el margen de mejora es muy amplio.

El reto de la diversidad

Las mujeres racializadadas son la fuerza de trabajo global principal del sector, que suele externalizar su producción principalmente a Asia (India, China, Bangladesh, Camboya, Vietnam, Myanmar, etc.), Latinoamérica (México, Argentina, Brasil, El Salvador), sobre todo las marcas norteamericanas, así como Marruecos y Turquía (principalmente las firmas europeas), entre otras latitudes.

Entre un 80% y un 90% de las manufactureras de la moda son mujeres, también una mayoría de las vendedoras. Precisamente, los eslabones más precarizados.

La encuesta de 2018 'The Glass Runway', de McKinsey & Company, la CFDA (la principal asociación comercial de moda estadounidense) y la revista 'Glamour' en EEUU, apuntó que solo el 14% de las principales marcas de moda femenina están dirigidas por una directora ejecutiva. Aunque las mujeres reportan mayores ambiciones que sus compañeros masculinos, cuando alcanzan un nivel de vicepresidencia ellos reciben promociones sin pedirlas, tres veces más a menudo. Y ellas las solicitan la mitad de veces. McKinsey recalca que la diversidad de género tiene un impacto empresarial muy positivo.

placeholder Taylor Swift y Stella McCartney.
Taylor Swift y Stella McCartney.

Por otra parte, la falta de diversidad racial en la moda se da en todos los niveles, desde su fuerza laboral hasta las salas de juntas, donde se concentra el poder y la toma de decisiones, según analiza el informe de 2019 del CDFA. Tras el Black Lives Matter, en EEUU las empresas de moda se han apresurado a ascender e incorporar en sus plantillas profesionales diversos racialmente, presionados por la fuerza del movimiento.

Asimismo, la moda debe incorporar otras diversidades para ser representativa de la sociedad. Aún se diseña pensando en personas jóvenes, de raza blanca, cisgénero y delgadas. Tener en cuenta a las personas mayores, racializadas, transgénero, diversas morfológicamente (altas, corpulentas, bajas, etc) y funcionalmente (los mal llamados 'discapacitados'), muchos con dificultades para vestir, permitirá, además, no perder nichos de mercado. Más metas que culminar en un horizonte plagado de ellas.

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