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el hermano de lady di ha protagonizado infinidad de polémicas

Charles Spencer, el invitado más incómodo en la boda de Harry y Meghan Markle

El hermano de la recordada Diana de Gales lleva sobre sus hombros numerosos escándalos sentimentales y se le acusa de haber dado la espalda a su hermana cuando le necesitaba

Foto:  El hermano de Lady Di, en un homenaje. (Getty)
El hermano de Lady Di, en un homenaje. (Getty)

Desde que el 6 de septiembre de 1997 Charles Spencer atacara frontalmente a la Casa Real británica y a la prensa de su país por la muerte de su hermana, Diana de Gales, el aristócrata está en el punto de mira de ambos frentes. Por eso, que haya sido invitado por su sobrino Harry a su boda con Meghan Markle, el próximo 19 de mayo, le sitúa de nuevo en el centro de la polémica. ¿Se merece estar ahí?

Una boda es un acontecimiento para abrir puertas y cerrar heridas, como cantaba Gloria Estefan. Y eso es lo que han hecho los hijos de la inolvidable Lady Di, primero Guillermo, en su boda con Kate Middleton, en 2011, y ahora el menor, Harry (también el más díscolo), en su boda con la actriz californiana Meghan Markle. Los dos han invitado a su controvertido tío a su enlace, lo que tiene ya a los periodistas británicos afilando los cuchillos, por si les da alguna oportunidad. Que se la dará...

 Ha publicado diversos libros y ha trabajado como periodista. (Getty)
Ha publicado diversos libros y ha trabajado como periodista. (Getty)

Un blanco fácil puede ser su actual mujer, la canadiense Karen Gordon, a quien la prensa inglesa, siempre socarrona, no atribuye la elegancia de Inès de la Fressange o nuestra Isabel Preysler. Habrá que estar pendientes también a ver dónde le sientan a él y a sus hermanas, también invitadas, tanto en la ceremonia religiosa como en el banquete. Una buena pista para calibrar en qué punto se encuentran las relaciones familiares y el lugar que ocupa Charles, un actor secundario en este acontecimiento de trascendencia mundial.

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En el imaginario colectivo siempre quedará el panegírico a su hermana en su funeral, en el que se vino arriba y se puso a buscar culpables de su muerte sobre la que, a día de hoy, se sigue especulando. Un momentazo que supo aprovechar y rentabilizar posteriormente, pero que también espoleó a sus enemigos declarados: la prensa. Sin embargo, este dolor de hermano con el que tanto empatizó una audiencia devastada por la inesperada muerte de la princesa de Gales quedó diluido por revelaciones posteriores que le dejaron muy en entredicho.

Si hay algo que socavó la imagen del conde Spencer fue la carta que hizo pública Paul Burrell, el mayordomo de Lady Di, en la que poco antes de su muerte Charles le denegaba a Diana la ayuda que reclamaba tras su divorcio del príncipe Carlos. Su intención era instalarse en House Garden, una encantadora e independiente edificación dentro de la finca de Althorp, para escapar de la presión mediática. “Sé que estarás decepcionada, pero estoy haciendo lo correcto por mi mujer y mis hijos. Siento no poder ayudar a mi hermana”. Y añadía, en palabras que él alegaba habían sido sacadas de contexto, pero que le dejaban en muy mal lugar: “Sé que la manipulación y el engaño son parte de tu enfermedad. Le ruego a Dios que estés siendo tratada por tus problemas mentales”.

 En el funeral de Diana de Gales, en 1997. (Getty)
En el funeral de Diana de Gales, en 1997. (Getty)

Dio la espalda a Lady Di

En un documental de la cadena ABC, el año pasado, el conde Spencer entonaba el ‘mea culpa’ y se lamentaba de no haber protegido mejor a su hermana. Unas declaraciones que desataron las iras del personal que había trabajado para Diana. El chef Darren McGrady, que había estado a las órdenes de la reina Isabel II y de la princesa los últimos cuatro años de su vida, estalló en Twitter: “Esto me hace vomitar. ¿Dónde estabas cuando te necesitaba?”. Un mensaje que también refrendó en la misma red social la antiguo secretario de prensa de la reina, Dickie Arbiter, quien también había tratado en las distancias cortas a la princesa del pueblo: “Qué hipocresía la de Charles Spencer. Se olvida de que algunos de nosotros estábamos ahí cuando le dio la espalda a Diana”.

El conde Spencer se lo ha puesto siempre fácil a los tabloides británicos y les ha dado munición para que le acribillen. Charles, que pertenece a una aristocrática familia con cinco siglos de historia, ya vivió a los tres años la traumática separación de sus progenitores John y Frances. Un antecedente de los escándalos que él mismo iba a protagonizar. Su madre abandonó a su padre por el rico heredero Peter Shand Kydd y perdió la custodia de sus hijos, un acontecimiento que podría haber marcado la personalidad del controvertido aristócrata, pero tampoco puede servirle de excusa, ya que ha tropezado centenares de veces con la misma piedra.

Las tres hijas mayores del conde Spencer, todas unas celebrities. (Getty)
Las tres hijas mayores del conde Spencer, todas unas celebrities. (Getty)

El noveno conde Spencer, que tuvo como madrina de bautismo a la reina Isabel, lo que nos da el alcance de la estrecha relación de su familia con los Windsor, era conocido en su juventud por el singular apelativo Charles Champagne (sobran más explicaciones) y ha tenido una vida sentimental más errática que la de Zsa Zsa Gabor y Elizabeth Taylor juntas. Eso sí, en comparación, no se ha casado demasiadas veces, solo tres. De momento… porque tiene 54 años y antecedentes suficientes para no poner la mano en el fuego.

Su primera mujer fue Catherine Victoria Lockwood, con quien vivió años de infortunio en Sudáfrica, madre de sus cuatro hijos mayores, Kitty, Eliza, Katya y Louise, a quienes tuvo entre 1989, año de la boda, y su divorcio, en 1997. Un matrimonio intenso y prolífico en el que él dispuso de tiempo suficiente para serle infiel desde los primeros compases, como evidenciaron las declaraciones de la periodista Sally Ann Lasson a 'The News of The World', quien se dejaba muy pocos detalles en el tintero sobre su relación furtiva con el impetuoso conde.

Criticado por su actitud ante las mujeres

No fue lo más humillante para su exmujer, pues trascendió que mientras permanecía ingresada en una clínica de desintoxicación para superar sus problemas con el alcohol y sus desórdenes alimenticios, Charles tuvo unas 10 o 12 amantes (reconocidas, quién sabe si fueron más). La más sonada, la sudafricana Chantal Collopy, que dejó a su marido por el fogoso aristócrata: “Una vez que me consiguió, me dejó tirada. Si hubiera sabido lo que sé ahora, mi marido y yo estaríamos juntos y viviendo con nuestros hijos”, declaró entonces, muy despechada.

El vitalista conde Spencer no perdió comba y volvió a casarse, en 2001, con Caroline Freud (divorciada a su vez del prestigioso relaciones públicas Matthew Freud), con quien amplió su prole, gracias a Edmund y Lara Caroline, que nacieron en 2003 y 2006, respectivamente. Y, como en aquel brillante ‘lapsus linguae’ de Alba Carrillo, ‘el que nace cochino, muere lechón’, repitió el mismo esquema para finiquitar este matrimonio.

 Spencer con su última mujer. (Getty)
Spencer con su última mujer. (Getty)

En el verano de 2006, la periodista estadounidense Colleen Sullivan fue a entrevistarle a la finca familiar de Althorp, donde descansan, esperemos que en paz, los restos de Diana de Gales,. El flechazo fue fulminante. Una cosa llevó a la otra… y dejó a Caroline por ella cuando su hija tenía solo cuatro meses. ¿La relación prosperó? Pues claro que no, guapi. Se le rompió el amor de tanto usarlo. Ella había apostado todo a la misma carta marcada: el conde Spencer. Había dejado a su novio de siempre, abandonado Estados Unidos y aparcado su carrera, como cuando nuestra reina Letizia dejó de trabajar como periodista al anunciarse su compromiso con el príncipe de Asturias. Ser condesa estaba al alcance de la mano, sobre todo después de haberse granjeado el cariño de los hijos de Charles y de estar más que integrada en su mundo. De la noche a la mañana él se aburrió y decidió pasar página. Una vez más... Su relación había durado año y medio.

Después de sacar abruptamente de su vida a Colleen, tuvo un breve affaire con otra divorciada, Jane Yarrow (apenas duraron unas semanas) y se comprometió con Lady Bianca Eliot, quien lucía un anillazo de diamantes y rubíes que pesaba un quintal, la promesa de una vida en común que no pudo ser. Su matrimonio se abortó de manera inesperada y ambas familias, según la prensa inglesa, respiraron tranquilas pues no daban un duro por esta pareja a tenor de sus antecedentes personales. La aristócrata había enviudado cuando su marido, de 40 años, sufrió un ataque epiléptico en un baño. La autopsia dio positivo en cocaína y cannabis. Y Bianca pensaba que la mejor manera de superar este shock era Charles, una apuesta de todo menos ganadora.

Charles, que con su currículum nos ha dejado claro a todos que no sabe estar solo, se volvió a casar en 2011 con la canadiense Karen Gordon, todo un ejemplo de cómo ascender socialmente en tiempo récord. Primero al pasar de recepcionista en un hotel a mujer del acaudalado productor de ‘Salvar al soldado Ryan’, y después al convertirse en la nueva ‘inquilina’ de Althorp, la finca de los Spencer, donde puede emular a Isabel Pantoja y decir: “Todo esto es mi casa”. Eso sí, no sabemos por cuánto tiempo...

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