¿Por qué Isabel Ayuso ha elegido el material favorito de las gafas? Sí, hablamos del 'carey'
Conecta con la última moda sin renunciar a la funcionalidad; la política lo ha entendido y lo ha incorporado a su imagen con un gesto aparentemente pequeño, pero perfectamente calculado
Isabel Díaz Ayuso apareció en el último pleno de la Asamblea de Madrid con un cambio discreto pero evidente: gafas nuevas. No es la primera vez que la presidenta introduce novedades en su imagen pública, pero en política los detalles cuentan y las gafas, más aún. Si no que se lo digan a Feijóo que renovó su imagen deshaciéndose de las suyas y pasándose a las lentillas.
En un entorno público donde cada gesto se amplifica, la elección de una montura puede reforzar un mensaje de autoridad, cercanía o modernidad. En este caso, el cambio no era radical, pero sí lo bastante claro como para hablar de él.
La presidenta de la Comunidad de Madrid (Europa Press)
La presidenta ha apostado por una montura cuadrada en carey, de tamaño medio y líneas marcadas. No es una elección casual. Las formas geométricas definidas llevan varias temporadas imponiéndose frente a las siluetas más redondeadas o minimalistas. Tras años dominados por monturas metálicas y transparentes casi invisibles y gafas de aire retro muy fino, el péndulo ha vuelto hacia diseños que definan la personalidad. Las rectangulares, en concreto, son una de las grandes favoritas del momento, junto con las cuadradas tipo azafata de 'Un, Dos, tres' (un comentario para los nacidos en los años 80 y anteriores) porque estructuran el rostro y aportan carácter sin resultar excéntricas.
En el caso de Ayuso, la elección funciona especialmente bien por la forma de su rostro. Tiene facciones suaves, con predominio de líneas redondeadas y pómulos marcados. Cuando un rostro tiende a la curva, los expertos de Opticalia recomiendan: "introducir una montura con ángulos; ayuda a equilibrar el conjunto". Las gafas con la forma que ha elegido la Presidenta crean un contraste que define más la mirada y afina visualmente las mejillas.
Además, el tamaño elegido evita uno de los errores más frecuentes: ni demasiado pequeña, ni excesivamente grande. Es una montura que enmarca el ojo y se integra pero se deja ver. En un pleno, donde el lenguaje corporal y la comunicación no verbal son esenciales, esa medida intermedia es estratégica.
El otro elemento clave es el material
El carey es uno de los grandes clásicos de la óptica, pero también uno de los que mejor ha sabido actualizarse. Su origen en el mundo de las gafas se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las monturas comenzaron a fabricarse con placas obtenidas del caparazón de tortuga. Durante décadas fue un material asociado al lujo artesanal. Con el tiempo, y por razones evidentes de protección animal, el carey natural fue sustituido por acetatos que reproducen su característico efecto moteado en tonos ámbar, miel y marrón oscuro.
Lejos de desaparecer, este tipo de montura se ha consolidado como un código estético. En los años 50 y 60 era un sinónimo de intelectualidad elegante; en los 80 adoptó versiones más rotundas; y en los últimos años ha regresado como alternativa al negro plano. Hoy las firmas lo reinterpretan en clave contemporánea: más grueso, más estructurado, a veces con vetas más contrastadas.
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¿Por qué sigue funcionando? Porque es un punto medio muy eficaz. El negro transmite autoridad, pero puede endurecer. Las monturas transparentes son ligeras, aunque a veces diluyen el impacto. El carey, en cambio, aporta calidez sin perder formalidad. Sus matices suavizan el contorno del rostro y combinan con casi cualquier tono de piel y color de cabello. En el caso de Ayuso, con su melena oscura y tez clara, el contraste favorece. El marrón jaspeado conecta con su coloración natural y evita que la montura se perciba demasiado rígida. Para acertar las marcas de monturas, ahora incluyen en sus páginas web probadores virtuales, un ejemplo que funciona es la de Sunglasshut.
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Hay también una lectura de tendencia. Esta temporada, el gusto por lo clásico revisitado está muy presente en moda y accesorios. Lo vemos en bolsos estructurados, en zapatos de líneas limpias y en joyería de inspiración vintage. Las gafas no son una excepción. El auge de las monturas con aire setentero y de inspiración masculina ha devuelto protagonismo al carey, especialmente en versiones rectangulares y cuadradas ligeramente oversize. Es una forma de actualizar un básico sin caer en la extravagancia.
En política, donde apostar por una tendencia demasiado efímera puede resultar contraproducente. El carey ofrece esa estabilidad: es reconocible, no genera rechazo y, al mismo tiempo, está alineado con la moda actual. Las gafas, además, tienen un peso simbólico. Asociadas tradicionalmente a la concentración y al trabajo intelectual, refuerzan la idea de rigor. Cuando la montura es más marcada, ese efecto se intensifica. En el pleno, con traje sobrio y de raya diplomática, las nuevas gafas de Ayuso se convierten en el elemento más distintivo del conjunto.
Isabel Díaz Ayuso apareció en el último pleno de la Asamblea de Madrid con un cambio discreto pero evidente: gafas nuevas. No es la primera vez que la presidenta introduce novedades en su imagen pública, pero en política los detalles cuentan y las gafas, más aún. Si no que se lo digan a Feijóo que renovó su imagen deshaciéndose de las suyas y pasándose a las lentillas.