Sardinero y Sánchez, o el día en que los souvenirs ‘made in Spain’ dejaron de ser horteradas cutres para siempre
Bienvenidos al proyecto de Silvia Sardinero y Ana Sánchez, una artista y una diseñadora empeñadas en convertir el recuerdo español en objeto doméstico de deseo: piezas útiles, divertidas y cultas que alegrarán casas aquí y en Nueva York
Ana Sánchez y Silvia Sardinero tienen una misión: dignificar el souvenir 'made in Spain'. (Bruno Rilova)
Silvia Sardinero y Ana Sánchez se conocieron por casualidad en San Lorenzo de El Escorial, en la tienda que Ana tenía allí. Conectaron al instante, tanto que su conversación terminó derivando en compromiso —sin ataduras— de colaboración. Juntas dibujaron el proyecto que ahora, en los albores de 2026, ve la luz.
Silvia gravita en el estadio del arte contemporáneo y se desenvuelve especialmente en el terreno de la investigación, en especial en todo lo que tenga que ver con la simbología de la casa española. Ana aporta años de interiorismo y decoración, es decir: experiencia práctica, qué funciona y qué no en un espacio concreto, o cómo se vive un objeto cuando deja de ser idea y se convierte en rutina.
Esa mezcla suya se percibe en sus propuestas y en cómo las cuentan. Ellas mismas insisten en una condición que sirve casi como método: si no se lo pasan bien, no lo hacen. No es una frase hecha y explica el tono general de su catálogo de souvenirs del futuro. Hay humor, hay ligereza y. a la vez, un mimo absoluto por el detalle. Lo suyo no va de decorar en abstracto, sino de construir un imaginario doméstico con piezas pequeñas, funcionales y reconocibles.
Rescatan lo popular de la indigna vida como souvenir de tienda de playa para darle la oportunidad de llegar a objeto de deseo
Objetos de deseo de Sardinero y Sánchez. (Bruno Rilova)
La etiqueta que más les gusta —aunque suene a provocación— es la de ‘spanish souvenir contemporáneo’. No hablan del souvenir como recuerdo turístico, sino como objeto cultural que se integra en la casa. Lo español aparece como un archivo cercano: bodegones del Siglo de Oro, gastronomía, flores, símbolos populares, gestos cotidianos… Todo sin solemnidad, sin esa gravedad que pretende hacer de la tradición algo intocable. Aquí lo popular se mira con cariño, y también con sana ironía.
Una idea lo atraviesa todo: dar importancia a lo que ves cada día. Frente a esa costumbre tan española de “guardar lo bonito para cuando vengan las visitas”, Sardinero y Sánchez juega a lo contrario: piezas que se usan, que se dejan a la vista, que conviven con naturalidad con el resto de la casa; nada de transformaciones radicales del hogar. Plantean detalles que, dispuestos en el sitio correcto, cambian el tono de un comedor, un escritorio o un baño.
Una cruzada para dignificar el souvenir 'made in Spain'. (Bruno Rilova)
En su catálogo, el comedor es estancia clave. Platos, fuentes, mantequilleros, saleros o copas que no quieren saber nada de armarios. Son objetos con presencia, sí, pero sobre todo con vida útil. No es “la vajilla de las grandes ocasiones”, es la vajilla de los lunes, martes, miércoles… Con sus textiles ocurre algo parecido. Pañuelos de bolsillo, trapos de cocina o tapetes de ganchillo remiten a gestos domésticos cotidianos. La pretenden “crear tendencia”, más bien dignificar lo humilde, como hacer que un paño de cocina tenga carácter y personalidad.
¿Te acuerdas del Siglo de Oro? Sardinero y Sánchez sí. (Bruno Rilova)
En las zonas de trabajo y escritorio de la casa, Sardinero y Sánchez bajan a lo concreto: libretas, plumas, ceniceros, pisapapeles o bandejas que alegran el día a día. Son piezas que encajan por igual en el desorden que en el orden —cada cual con sus tocs—. Y en el baño, el enfoque se mantiene: jaboneras, bandejas, platitos para joyas, toallas o jabones aromáticos. Objetos revisitados para las rutinas de siempre.
Los objetos que mejor explican su sentido del humor son los trampantojos gastronómicos: alimentos convertidos en cerámica, como pimientos, quesos, tortillas, jamones o frutas.
En verdad, Sardinero y Sánchezson como el Equipo A, una unidad de élite cañí que rescata lo popular de la indigna vida como souvenir de tienda de playa para darle la oportunidad de llegar a objeto de deseo, decorativo y funcional.
Silvia Sardinero y Ana Sánchez se conocieron por casualidad en San Lorenzo de El Escorial, en la tienda que Ana tenía allí. Conectaron al instante, tanto que su conversación terminó derivando en compromiso —sin ataduras— de colaboración. Juntas dibujaron el proyecto que ahora, en los albores de 2026, ve la luz.