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Reabre 'Los Gabrieles', la taberna madrileña con plaza de toros en el sótano donde señoritos desnudos toreaban a meretrices
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Reabre 'Los Gabrieles', la taberna madrileña con plaza de toros en el sótano donde señoritos desnudos toreaban a meretrices

La calle Echegaray recupera pulso con la reapertura de Los Gabrieles, icono nocturno madrileño de leyendas, excesos y cultura, ahora reinventado como espacio gastronómico y musical. ¿Lo mejor? Las paredes hablan

Foto: Vuelven Los Gabrieles, en el 17 de la calle Echegaray, junto a la puerta de artistas del Teatro Español. (Cortesía)
Vuelven Los Gabrieles, en el 17 de la calle Echegaray, junto a la puerta de artistas del Teatro Español. (Cortesía)

La calle Echegaray de Madrid, dedicada a José Echegaray y Eizaguirre —primer español en ganar el Premio Nobel de Literatura (1904)—, es un hervidero de leyendas, sobre todo nocturnas. Hoteles y pensiones —hoy llamadas hostels—, restaurantes, barecitos, tabernas —como La Venencia y sus míticas telas de araña intactas desde 1928—, coctelerías, tablaos y hasta un lugar con cabinas privadas para shows eróticos (adults only) conforman el paisaje. Dominando el cotarro, Los Gabrieles, o el renacimiento de uno de los establecimientos más legendarios de Madrid desde hace 119 años, de los que descontaremos los veinte que ha estado cerrado. Hasta ahora.

Acabada la reforma, aparentemente a comienzos de este 2026, la nueva propiedad no ha querido precipitarse a la hora de levantar las persianas. Cuentan que la restauración de los maravillosos cuadros de azulejos se ha acometido con mucho amor y aún más virtuosismo. Ningún detalle puede fallar.

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Los Gabrieles. Calle Echegaray, 17, Madrid centro-centro. (Cortesía)

La geolocalización de Los Gabrieles es envidiable, en el 17 de Echegaray esquina con la calle Manuel Fernández y González —la de la entrada de artistas del Teatro Español, la de la taberna La Trucha, la del Viva Madrid y la de Carbones 13, otra institución en Las Letras que gestiona, a modo de pequeño imperio, algunos de los mejores bares y restaurantes del barrio—.

Y mientras el nuevo Los Gabrieles parece obviar deliberadamente su pasado, la hemeroteca y la literatura costumbrista nos regala historiones de reyes, señoritos, toreros y golferío vario de lo más sustanciosos que, a ojos de hoy, provocan todo el rechazo. En los bajos de Los Gabrieles, la juerga no tenía fin; duraba días enteros. Lo de ‘ir de empalmada’ y ‘las raves’ ya lo habían inventado los bisabuelos.

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Lo de ‘ir de empalmada’ y ‘las raves’ ya lo habían inventado los bisabuelos

placeholder Antiguo plano de Madrid colgado en las paredes de Los Gabrieles y la famosa plaza de toros del sótano, con su burladero y su ruedo. (Cortesía)
Antiguo plano de Madrid colgado en las paredes de Los Gabrieles y la famosa plaza de toros del sótano, con su burladero y su ruedo. (Cortesía)

En el sótano proliferaron los cuartitos secretos con camas, colchones taciturnos que usar por turnos: ¿cabezadita del personal o desahogo de la parroquia? Eso sí, los cuchitriles estaban bien decorados, no eran una cutrez absoluta.

Y luego estaba la cueva, la llamada plaza de toros, pequeña pero con su ruedo y su burladero. Las crónicas orales hablaban de “corridas privadas” tan extravagantes como decadentes. En ellas, señoritos y no tan señoritos toreaban desnudos a chicas de alterne.

Por el libro de visitas de Los Gabrieles pasaron, según la época, Federico García Lorca, Antonio Machado, Valle-Inclán, Manuel Azaña, Ernest Hemingway, Manolete, Juan Belmonte, Ava Gardner o Alfonso XIII. Obviamente, tomarse una cerveza no implica que todos participaran en los excesos del sótano.

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Los Gabrieles brilla como nunca. (Cortesía)

Con Alfonso XIII nos entra la duda, ya que el antiguo rey está estrechamente vinculado con los orígenes de la industria pornográfica en España, operando desde el cercano “plató” que tenía montado en la calle Cedaceros, en el edificio que hoy alberga el Teatro Magno, con producciones de los hermanos Baños y mediación del conde de Romanones.

Parace ser que a Alfonso León Fernando María Jaime Isidro Pascual Antonio de Borbón y Habsburgo-Lorena se le daban especialmente bien los guiones y la selección de casting.

En sus últimos años, ya en decadencia, cuando el barrio de Las Letras luchaba por salir de la degradación —con la plaza de Santa Ana como gran foco de venta de droga del centro de Madrid—, Los Gabrieles llegaron a tener una madama en la barra, con un control total del local, muy en plan Berghain: tú entras, tú no.

Los bares con leyenda molan más

Tras más de dos décadas cerrado, el nuevo Los Gabrieles reabre con la ambición de ser algo más que un homenaje a la nostalgia; pretende ser un proyecto gastronómico y cultural que mira al futuro. La rehabilitación ha recuperado su gran tesoro —los azulejos históricos— e integrado el espacio en varios niveles: taberna castiza, restaurante gastronómico y tablado para música en vivo.

La propuesta culinaria, en manos del chef Ander Galdeano, se apoya en una base sin trampa ni cartón: cocinas madrileña y andaluza auténticas, de recetario popular y producto bien tratado. Conviven los guiños a la tradición —guisos, frituras, cortes clásicos— con ejecuciones actuales. Nada que inventar.

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placeholder Menestra de verduras, pochas y rabo de toro, tres clásicos que vuleven a Los Gabrieles. (Cortesía)
Menestra de verduras, pochas y rabo de toro, tres clásicos que vuleven a Los Gabrieles. (Cortesía)

Pero si algo redefine esta nueva etapa es el peso del líquido. La bodega, diseñada por la sumiller Rebeca Bellido, juega un papel central, con una selección que mezcla referencias nacionales e internacionales, vinos generosos, etiquetas clásicas y propuestas contemporáneas. Un espacio que invita tanto al vermú como a alargar la noche entre copas.

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placeholder Los Gabrieles. Calle Echegaray, 17, Madrid centro-centro. (Cortesía)
Los Gabrieles. Calle Echegaray, 17, Madrid centro-centro. (Cortesía)

A esto se suma una programación musical estable que recupera el ADN del local: habrá flamenco, jazz y directos a lo largo de la semana. Todo ello repartido en diferentes ambientes —desde la Sala de las Provincias hasta reservados íntimos— que reproducen el bullicio y el recogimiento que siempre definió a Los Gabrieles.

El resultado es un híbrido entre patrimonio y negocio contemporáneo: un sitio donde comer, beber y escuchar música con la sensación de estar dentro de una pieza clave en la historia de Madrid en la que las paredes hablan.

La calle Echegaray de Madrid, dedicada a José Echegaray y Eizaguirre —primer español en ganar el Premio Nobel de Literatura (1904)—, es un hervidero de leyendas, sobre todo nocturnas. Hoteles y pensiones —hoy llamadas hostels—, restaurantes, barecitos, tabernas —como La Venencia y sus míticas telas de araña intactas desde 1928—, coctelerías, tablaos y hasta un lugar con cabinas privadas para shows eróticos (adults only) conforman el paisaje. Dominando el cotarro, Los Gabrieles, o el renacimiento de uno de los establecimientos más legendarios de Madrid desde hace 119 años, de los que descontaremos los veinte que ha estado cerrado. Hasta ahora.

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