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anécdotas tras la gala

Lo que nadie ve de los Goya: el palacete de la fiesta posterior, los chascarrillos y más…

Cuando las luces del escenario se apagan, la celebración de los académicos y las estrellas se traslada a otro lugar donde tiene lugar una fiesta más lúdica

Foto: Susi Sánchez recogiendo su premio por 'La enfermedad del domingo'. (Reuters)
Susi Sánchez recogiendo su premio por 'La enfermedad del domingo'. (Reuters)

Este sábado, media España estuvo pendiente de unos animados 'Campeones', de una alfombra roja llena de estrellas y de un 'reino' llamado cine español. Los Goya 2019 dieron la victoria a la película de Javier Fesser, ofrecieron un espectáculo en el que participaron desde Rosalía a Amaia y certificaron que Buenafuente y Silvia Abril son los anfitriones que cualquiera querría tener en su casa.

Unos premios que este año se trasladaron a Sevilla y lograron su mejor audiencia televisiva desde 2010. Los análisis más lúdicos sobre el evento han repasado los modelos que llevaban las actrices, la cara de sorpresa de Anna Castillo o esos sobres que parecían no quererse abrir. Pero, más allá de la anécdota, cuando llega la madrugada, los Goya se transforman en otra cosa. Si en Hollywood es tradicional que se multipliquen las fiestas una vez finalizada la entrega de los Oscar, aquí no nos quedamos atrás. Cuando las luces del escenario del Fibes (Palacio de Congresos y Exposiciones) se apagaron y cada cual tuvo su premio a buen recaudo, la celebración continuó.

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Foto grupal de los ganadores tras la ceremonia. (EFE)
Foto grupal de los ganadores tras la ceremonia. (EFE)

En el propio recinto se celebró una fiesta en la que premiados y nominados compartieron copa e historias. La que llegó más cansada a la 'post party' fue Susi Sánchez. La ganadora del Goya a la mejor actriz principal (por su estoica madre de 'La enfermedad del domingo') fue y volvió desde el Fibes hasta el teatro donde representa 'Espía a una mujer que se mata'. Primero paseó palmito por la alfombra roja, después se fue a trabajar al Teatro Central y más tarde regresó para recoger su premio. Un ir y venir que, inevitablemente, le acabó pasando factura. Cuando la actriz se encontró con su representante casi suplicó, de forma amable, poder irse para librarse de los tacones y tomarse un merecido cansancio. "Estoy agotada", le dijo.

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Aunque la fiesta del Fibes fue todo un éxito, muchos se lanzaron (como suele ocurrir cada año) a la caza y captura de la fiesta extraoficial. En esta ocasión, esa celebración tuvo lugar en el palacio de Villa Luisa, un lugar de estilo neomudéjar con un pabellón de cristal y un jardín histórico de más de 4.000 metros cuadrados. El lugar, ya espectacular de por sí (por algo lo llaman el paraíso terrenal de Sevilla), se decoró con hileras de luces para la ocasión y contó con un ambiente muy animado.

Palacio de Villa Luisa. (Facebook Villa Luisa)
Palacio de Villa Luisa. (Facebook Villa Luisa)

Hasta allí se desplazaron vips que no habían estado en la gala, como Pelayo Díaz, Enrique Solís Tello o Sandra Barneda. También Dulceida, Eduardo Casanova, Miguel Ángel Muñoz, Belén Cuesta, Paco León o un Rodrigo Sorogoyen que ya había cambiado la americana por un cómodo jersey. Un exultante Antonio de la Torre (con su Goya como mejor actor principal por 'El reino' a buen recaudo) fue uno de los últimos en llegar acompañado de un grupo con algunos de sus mejores amigos. Si durante la gala ya demostró su lado más 'clown', esta vez siguió con su tono bromista y festivo. La mejor prueba de que esta fiesta privada fue un gran reclamo la dio la cola de personas que esperaban ver su nombre en la exclusiva lista de entrada. El baile y los gin-tonics duraron casi hasta el amanecer.

De la Torre con su Goya como mejor actor por 'El reino'. (EFE)
De la Torre con su Goya como mejor actor por 'El reino'. (EFE)

A la mañana siguiente, el ir y venir de maletas en el hotel Meliá Lebreros, donde se alojaron la mayoría de los actores y actrices que presentaron algún premio, delataba que el jolgorio había concluido. Tras un fin de semana agotador, la flor y la nata del cine español se desplazó a la estación de Santa Justa para subirse al AVE con destino Madrid; para poner punto final a una aventura sevillana que ha resultado ser una de las mejores galas de la historia de los Goya. La machadiana Sevilla ejerciendo de talismán de la buena suerte para unos premios que ya suponen una cita imprescindible en el calendario cinematográfico (y social) de nuestro país.

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