Paco Arango recuerda a su padre, Plácido, un año después: "Allá arriba él sigue sonriendo"
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PRIMER ANIVERSARIO

Paco Arango recuerda a su padre, Plácido, un año después: "Allá arriba él sigue sonriendo"

Falleció a los 88 años y tuvo un funeral multitudinario. Un año después, debido a las restriciones por la pandemia, no habrá un recuerdo con gran afluencia de gente

placeholder Foto: Plácido Arango. (EFE)
Plácido Arango. (EFE)

El 17 de febrero de 2020 fallecía en Madrid el empresario y mecenas Plácido Arango a los 88 años. Había nacido en Tampico (México) y pasó la mayor parte de su vida en España. En este primer aniversario no habrá funeral multitudinario como sí sucedió cuando murió. El año pasado por estas fechas, la pandemia por coronavirus no se había extendido oficialmente en España y no existían medidas sanitarias que impidieran convocatorias multitudinarias como fue el funeral de Arango. La misa recordatorio fue en la iglesia de los Jerónimos, muy cerca de su domicilio y el de sus hijos Plácido, Mayte y Paco. Acudieron los reyes Felipe y Letizia, que presidieron el acto. El día anterior, don Juan Carlos y doña Sofía estuvieron en el tanatorio para dar su apoyo y sus condolencias a su pareja, Cristina Iglesias, y a los hijos y nietos.

Foto: Plácido Arango, en una imagen reciente. (EFE)

La relación de la familia real con Plácido Arango venía de muy atrás. Estuvo muy ligado al Principado de Asturias y fue presidente de la Fundación Príncipe de Asturias durante una década. Compartía con los Reyes su querencia por Mallorca, donde pasaba parte del verano, en su casa de Formentor. Una de sus últimas salidas privadas fue una cena con el Rey emérito en un restaurante en Torrelodones (Madrid). El grupo estaba formado por Cristina Iglesias, Alicia Koplowitz y Javier Solana, que fue con su mujer, Concha.

placeholder Los Reyes, a su llegada al funeral de Plácido Arango. (EFE)
Los Reyes, a su llegada al funeral de Plácido Arango. (EFE)

De hijo a padre

En este primer aniversario, su hijo Paco ha querido recordarle con este mensaje: “El primer año de ausencia de mi padre ha esclarecido aún más lo que fue su vida. Un hombre generoso de alma, un filántropo que derrochaba amabilidad como si fuese la norma común. Brindó a sus hijos sus mismos valores: la honestidad y el buen hacer por delante de cualquier interés personal. Me enternece el interés que siempre tuvo por mi fundación, Aladina. El tiempo pasará y mi padre será olvidado y eso, por muy injusto que me parezca, porque como él ha habido pocos caballeros de corazón, sería algo que él asumiría fácilmente por su entrañable humildad. Ahora bien, yo estoy seguro de que allá arriba, él sigue trabajando y sonriendo sin parar”.

Era un hombre muy querido y ampliamente admirado por su trayectoria tanto empresarial como como benefactor de la cultura. Entre otros patronazgos lo era del museo del Prado, del Bellas Artes de Asturias y del Metropolitan de Nueva York. Estaba considerado uno de los grandes coleccionistas privados del mundo. A la pinacoteca asturiana donó en 2017 una gran cantidad de obras de arte entre pintura y escultura. Como figura en su biografía, medió para que el británico John Brealey dirigiese la restauración de ‘Las meninas’ de Velázquez. Al Prado donó, entre otras obras, la primera edición de las ochenta estampas que integran ‘Los caprichos’, de Goya. Estas fueron algunas de sus aportaciones que le sirvieron para que su mecenazgo fuera reconocido internacionalmente en el mundo de la cultura. Fue galardonado en múltiples ocasiones y nunca quiso un título nobiliario que por sus obras hubiera merecido.

Hijo de Jerónimo Arango Díaz, un emigrante asturiano venido al mundo en Zorrina que se instaló en México, donde nacieron sus hijos, se doctoró en Ciencias Empresarias e hizo el camino de regreso en 1965. Desde esa fecha vivió en España, donde desarrolló su carrera empresarial. Uno de sus negocios más conocidos fue el grupo Vips, dedicado a la hostelería y restauración.

La discreción formó parte de su ADN. Salvo los actos a los que acudía en su calidad de benefactor de instituciones privadas y públicas, nunca tuvo esa necesidad de mantener una imagen mediática que, por su condición de gran empresario, de ser una de las grandes fortunas que aparecen en la lista ‘Forbes’ o del listado de sus amistades poderosas en el mundo entero, la habría tenido asegurada. En estos últimos años pasaba tiempo entre su casa del barrio de los Jerónimos, en Madrid, y su finca de Aranjuez. Lo que no se perdía eran los estrenos que su hijo Paco organizaba con el fin de recaudar fondos para la fundación Aladina. En una de esas apariciones en las que pasaba desapercibido, al comentar el gran trabajo que hacía Paco con los niños enfermos de cáncer y el apoyo a sus familiares contestó: “Es una gran persona, estoy muy orgulloso y nos ha transmitido lo importante que es devolver lo bueno que te da la vida”. Plácido Arango podía hacer suyo el título de una de las películas de su hijo, 'Lo que de verdad importa', al haber sido consecuente con su propia vida.

Paco Arango
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