El día que Alicia y Esther Koplowitz recibieron al hijo de su padre en Torre Picasso
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El día que Alicia y Esther Koplowitz recibieron al hijo de su padre en Torre Picasso

Cuando murió en 1960, Ernesto Koplowitz mantenía a tres familias. Sus cinco hijos han tenido un trato más o menos intenso a lo largo del tiempo, con muchos desencuentros

Foto: Carlos Koplowitz, en los juzgados. (EFE)
Carlos Koplowitz, en los juzgados. (EFE)

"Soy feliz, no guardo ningún resentimiento. Al final, han triunfado la tenacidad y la fe en la justicia". Carlos Koplowitz, Carlos Iglesias entonces, pronunciaba estas palabras en 2013, exultante, rodeado de los medios que le esperaban a las puertas del Juzgado de Primera Instancia número 49 de Madrid, donde acababa de tener lugar una vista oral para determinar su filiación con Ernesto Koplowitz. Tras haber exhumado el cadáver del empresario polaco y haberle practicado varias pruebas de ADN, el informe forense había determinado que Carlos era hijo de Koplowitz a un 99,9%. No había lugar a dudas.

Se cerraba el primer capítulo de una lucha judicial que había durado 25 años. "Se trata de un reconocimiento de la realidad, todo el mundo quiere tener su papá", explicaba Carlos, que no quiso que ese momento se viera empañado por reproches hacia sus hermanas: "Me han apoyado en la vida de una manera clara y sincera. Eso se lo agradezco, tengo amor hacia ellas". El caso estuvo en primera plana. Un ciudadano suizo peleaba desde hacía décadas por ser reconocido como hijo biológico del empresario polaco. Un quinto hermano Koplowitz, tras Isabel y Ernesto (fruto de una primera relación con Isabel Amores) y las conocidas empresarias Alicia y Esther, hijas de su matrimonio con Esther María Romero de Juseu y Armenteros.

placeholder Carlos Koplowitz, en los juzgados de Madrid. (EFE)
Carlos Koplowitz, en los juzgados de Madrid. (EFE)

Pero el segundo capítulo sigue abierto. Desde entonces, Carlos Koplowitz ha aparecido esporádicamente en los medios españoles, sobre todo para dar voz a la reclamación judicial que mantiene abierta por la herencia de su padre. Una vez reconocido el apellido, el suizo sigue peleando en los tribunales por conseguir una parte del legado económico que dejó el empresario. Ernesto Koplowitz falleció en el año 1962. Entonces se repartió su herencia en cuatro partes iguales para sus cuatro hijos reconocidos. Aunque la cantidad no fue desvelada, algunas fuentes apuntan a que podría haber alcanzado los 400 millones de pesetas de entonces (dos millones y medio de euros) para cada uno.

Foto: Carlos Koplowitz, en una ilustración de Vanitatis.

Ernesto Koplowitz Sternberg (Gleiwitz, 1908) fue una de esas personalidades forjadas entre las dos guerras mundiales, un explorador al que siempre le interesó viajar y la naturaleza, pero sobre todo un visionario para los negocios y uno de los grandes emprendedores del siglo XX. A las proezas laborales del creador de FCC hay que sumar las sentimentales, un terreno en el que fue muy inestable. En el momento de su muerte mantenía a tres familias, aunque la formada por Carlos y su madre, Albertina Rangel, nunca estuvo abiertamente reconocida (estaba casado y el franquismo no lo hubiera entendido), lo que les trajo muchos sinsabores posteriormente.

Un abogado incompetente

De momento, la Justicia española no ha acompañado positivamente las reclamaciones de Carlos. "En mayo de 2019 la decisión ante la segunda instancia española me fue nuevamente desfavorable. El recurso ante el Tribunal Supremo se interpuso ese mismo mes. Parece que el veredicto de la corte llegará dentro de un lapso de cuatro a ocho años. Es largo. Como es probable que la decisión sea todavía desfavorable para mí, me queda acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, donde mis chances de ganar la causa serán mucho más grandes que en España", escribe.

Durante todos estos años de lucha, Carlos Koplowitz ha estado poniendo negro sobre blanco con la ayuda de un escritor toda su peripecia vital y la de sus cuatro hermanos. El resultado es un libro, 'Destinos de mi familia Koplowitz, desde 1776 hasta nuestros días', en el que habla de los orígenes de su familia, de sus inquietudes personales y laborales, o de la relación privada que ha mantenido a lo largo de los años con sus hermanos. Por supuesto, también incluye los reveses que le dio la Justicia hasta que logró al fin ser reconocido como hijo biológico de Ernesto Koplowitz, incluyendo algún episodio con un abogado no muy competente.

placeholder Alicia Koplowitz, en una imagen de archivo.
Alicia Koplowitz, en una imagen de archivo.

De todos los episodios que relata Carlos, los más emotivos son los referentes a una infancia vivida a bordo de una montaña rusa. "Durante su vida, Ernesto fundó primero un hogar con Isabel y sus dos hijos, luego un segundo con Esther y sus dos hijas, y un tercero con Albertina y yo, su hijo. Cuando murió, los hijos de las tres madres se encontraron en una situación incómoda y triste, marcada por el dolor, las separaciones y los conflictos", escribe Carlos. Ernesto no había previsto nada financieramente para su última familia. Cuando falleció en un accidente ecuestre, Albertina Rangel se marchó precipitadamente con el niño, de apeñas un año, a su lugar de origen, Venezuela. Allí estuvieron siete años marcados por la soledad y las privaciones.

En 1969, el hermano mayor, Ernesto, se ofrece a pagar la escolarización de Carlos en un buen colegio de Europa y los trae de vuelta. Eligen Suiza y a partir de ahí parece cambiar su suerte, le matriculan en el mejor colegio, vive años felices aunque permanece al albur de la generosidad de Ernesto, que pasa temporadas (hasta de dos años) desaparecido. De repente, con 15 años el hermano mayor se niega a seguir pagándole los estudios y vuelven la pobreza y las privaciones, "la falta de dinero hacía que pasara hambre". "De un mes al otro, me pasaron de un entorno opulento a una situación de pobreza y de sacrificios cotidianos", relata. Finalmente sus hermanas Alicia y Esther, a través de un intermediario, se ofrecen a ayudarle con su formación enviándole 1.500 dólares al año.

"Estamos dispuestas a ayudarte"

No es extraño que germinara en él la idea de ser reconocido como un Koplowitz y de tener los mismos derechos que el resto de sus hermanos. Cuenta que fue viendo una entrevista con una hija ilegítima de Picasso, a finales de los ochenta, cuando descubrió que su caso tenía posibilidades. Y a partir de ahí comenzó la batalla legal que ya conocemos.

A lo largo de este tiempo, Carlos ha tenido varios encuentros con sus hermanas Alicia y Esther. En una ocasión le recibieron las dos en una sala de la Torre Picasso. "De pronto, muy lentamente, se abrió la puerta y entraron mis hermanas, vestidas con una gran elegancia y una sonrisa en los labios. [...] El tiempo pasó rápido. Fue muy breve y al mismo tiempo extraordinario". En esa entrevista le informaron de que no iban a apoyar su pretensión de ser reconocido como hermano 'oficial'. "De ese tema, Carlos, no queremos saber nada. Para nosotros el pasado pasó. Todos, hermanos y hermanas, hemos sufrido por eso. Estamos dispuestas a ayudarte puntualmente, financieramente. Es todo".

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Esther Koplowitz.

Y así fue. Las hermanas se encargaron a través de intermediarios de ayudarle con una deuda que arrastraba desde joven. También financiaron parte de su educación. En 1994 se vende un terreno de la herencia del padre que aún había en Brasil y, tras discutirlo, reparten los beneficios entre los cinco hermanos. Veinte mil dólares para cada uno. Mención aparte merece, por cierto, la mayor de los hermanos Koplowitz, Isabel, absolutamente desconocida en España. Aparece y desaparece en el libro como en la vida de Carlos. Le manda una tarjeta navideña cada año, pero él no sabe a ciencia cierta ni en qué país reside.

Les pidió dinero

El trato entre los hermanos ha vivido distintas épocas. En los 90, Carlos afirma que mantienen una "excelente relación". Se escribían cartas y Carlos compartía con ellas sus viajes por África y Asia. Él también visitaba de vez en cuando a su hermana "Esthercita" en su apartamento del paseo de la Habana. Con Alicia las cosas siempre fueron más frías, según él. La ruptura llegó en el año 2001, después de que él les escribiera una carta pidiéndoles dinero e "inconveniente en la forma". "Ese año, tuve dos conversaciones telefónicas con cada una de mis hermanas, luego de las cuales Esthercita y Alicia rompieron todo contacto conmigo. Comprendí claramente el carácter definitivo de su decisión a medida que fueron pasando los años".

placeholder Ernesto Koplowitz hijo, junto a Carlos en la exhumación de su padre. (EFE)
Ernesto Koplowitz hijo, junto a Carlos en la exhumación de su padre. (EFE)

Carlos anhela en diferentes momentos esa "amistad fraternal" con sus hermanos que no pudo ser. Cada uno por un motivo. Isabel está prácticamente desaparecida. Ernesto vive a día de hoy como un filósofo, "cerca de la naturaleza, camina cada día, piensa, mira la televisión o navega por internet y pasa su tiempo estando bien con la vida y con su ser". De Alicia dice que solo la ha visto durante una hora y media en toda su vida, aunque sí intercambiaron cartas. La relación con Esther fue más estrecha durante ocho años, pero desde 2000 es inexistente.

Su esperanza es que a través de este libro en el que también habla de los antepasados comunes, de esos grandes Koplowitz que les contemplan desde la historia, pueda llegarse a un entendimiento. El tiempo dirá.

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