Los desastres de Sarah Ferguson en su primer día con la familia real, según un documental
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Los desastres de Sarah Ferguson en su primer día con la familia real, según un documental

El momento en el que la exduquesa de York conoció a la familia real fue un auténtico desastre, con tropiezos y reverencias a destiempo incluidas, según un documental

placeholder Foto: Sarah Ferguson, en una imagen de archivo. (EFE)
Sarah Ferguson, en una imagen de archivo. (EFE)

Quien más, quien menos ha tenido que pasar por la situación de conocer a su familia política. Una situación que no suele ser fácil de por sí se puede complicar mucho si esa familia en cuestión es nada más y nada menos que los Windsor. Que se lo digan si no a Sarah Ferguson, quien seguramente tendrá el día que conoció a los padres de su pareja, el príncipe Andrés, en la lista de fechas para olvidar. Es al menos lo que asegura la biógrafa Ingrid Seward, quien ha participado en el documental 'Cuando Fergie conoció a la monarquía', que se emitía este fin de semana en Channel 5. Y el resumen de ese primer día junto a la familia real solo se puede describir de una forma: como una cadena de desastres.

Si Diana de Gales tuvo que pasar la prueba de Balmoral, tal y como hemos visto en 'The Crown', su cuñada y amiga fue sometida al mismo examen, pero en Sandringham, la residencia privada en la que cada año la reina Isabel suele pasar varias semanas en invierno. Corría el año 1983 cuando una jovencísima Sara Ferguson viajó hasta Norfolk para conocer a los padres del príncipe Andrés, con el que se casaría unos años más tarde, a pesar de la curiosa tarjeta de presentación. Y es que, según Ingrid Seward, casi lo primero que sucedió al llegar fue que se tropezó con uno de los corgis de la reina Isabel, derramando por ello su bebida. Y hay que pensar en la relación que tiene la monarca con sus mascotas para suponer que el momento sería más que embarazoso para su futura nuera.

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La reina isabel y Sarah Ferguson, con Beatriz y Andrés de York. (Cordon Press)

No fue la única metedura de pata. Aunque estaba ciertamente aleccionada sobre lo que debía hacer y lo que no por sus padres, que habían tenido un encuentro con Isabel II unos días antes, a la hora de la verdad, Fergie no supo ponerlo en práctica. Los nervios por impresionar a su familia política se hicieron con ella y, ante la duda de a quién tenía que hacer una reverencia y a quién no, se inclinó ante todos los que estaban allí y que le iban presentando. Era una forma de asegurarse de que los miembros de la familia real a los que el protocolo mandaba hacer una reverencia la recibían y no fallar. Eso sí, también es justo reconocer que pronto se ganó tanto a la reina Isabel como al duque de Edimburgo, especialmente por su afición a los caballos, que compartía con ambos y a la que supo sacar partido para conectar con la pareja.

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Boda de Sarah Ferguson y el príncipe Andrés. (Cordon Press)

Aquel encuentro de Sarah Ferguson con la familia real no fue sino la representación de los dos mundos tan diferentes a los que Andrés y ella pertenecían. Mucho se habló en su momento de si aquella joven pelirroja siempre sonriente y espontánea y que no parecía encajar con el hieratismo y la ridigez de los Windsor era la más adecuada para el entonces duque de York. Y, aunque se separaron diez años después, el tiempo ha dado la razón a la pareja. El matrimonio se acabó, pero ambos viven juntos desde hace varios años y, al menos como amigos, han demostrado estar por encima de los protocolos, las etiquetas y la diferencia de estatus. Circunstancias que supieron superar, más allá de los nervios lógicos y los desastres del primer día de Fergie con los Windsor.

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