Las mujeres de la familia real británica y su gran idilio con las esmeraldas
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Las mujeres de la familia real británica y su gran idilio con las esmeraldas

Las esmeraldas parecen tener un lugar destacado en el corazón de las royals de la Corona británica, pero también en su joyero, escogiéndolas para momentos destacados

placeholder Foto: Isabel II, luciendo las esmeraldas con orgullo. (Getty)
Isabel II, luciendo las esmeraldas con orgullo. (Getty)

Con permiso de los diamantes, los mejores amigos de una mujer si hacemos caso a la canción, y de las perlas, fieles aliadas para lucir elegantes y estilosas, las esmeraldas han sabido hacerse un hueco en el corazón de las royals. Con un joyero tan amplio, variado y con tanto significado como el de los Windsor, sorprende ver cómo son tantas las ocasiones en las que escogen las esmeraldas por encima de otras joyas de igual prestigio.

Así, a lo largo de los años, hemos podido ver cómo los lucían en pendientes, collares misteriosos, anillos o diademas, para ocasiones especiales o en momentos concretos, pero siempre como un complemento con gran personalidad con el que conseguían que sus estilismos deslumbraran con luz propia.

placeholder Camilla Parker, con un broche que perteneció a la reina madre. (Getty)
Camilla Parker, con un broche que perteneció a la reina madre. (Getty)

Los broches son una de las joyas más habituales entre las mujeres de la realeza, luciendo en sus solapas pequeñas obras de arte. Uno de los preferidos de la reina madre, como se conocía a Isabel, madre de la actual monarca, era uno en el que una gran esmeralda era la protagonista, a pesar de estar rodeada de diamantes formando flores de lis y tener una perla suspendida al final de una cadena de brillantes.

También en broches ha llevado esmeraldas Camilla Parker, a quien hemos podido ver luciendo este mismo que perteneció a la reina, pero también otros más discretos, como uno que perteneció a la reina Alexandra, con una esmeralda en forma de lágrima. Hemos podido verla con collares con destacadas esmeraldas, pero si hay alguien que logró que una gargantilla de esmeraldas fuera recordada, esa fue Diana de Gales.

placeholder Diana de Gales, en 1997. (EFE)
Diana de Gales, en 1997. (EFE)

Una gargantilla art decó creada por Garrand y que perteneció a la reina María, abuela de Isabel II. Diana la lució en numerosas ocasiones y no siempre de la forma más tradicional, durante un viaje por Australia junto a su marido escogió llevarla como diadema, tal y como nos recordaban desde la revista ‘Town & Country’.

A pesar de lo imponente de esta pieza, hay otras que forman parte del joyero real y que no tienen nada que envidiarle, como la que sin duda es una de las tiaras más importantes de la colección: la Vladimir. A pesar del percance que sufrió con la tiara de su boda, Isabel II no ha renunciado a llevar este tipo de joyas y en algunas ocasiones le hemos visto lucir la tiara Vladimir, con esmeraldas en forma de lágrima que pueden cambiarse o quitarse, para conseguir una opción más sencilla.

placeholder Los duques de Cambridge, en los Bafta de 2018. (Reuters)
Los duques de Cambridge, en los Bafta de 2018. (Reuters)

Las nuevas generaciones parecen haber heredado el amor por esta piedra preciosa; por ejemplo, hemos podido ver cómo Kate Middleton las escogía para deslumbrar en la alfombra roja de los Bafta 2018 con un conjunto de pendientes y gargantilla que brillaban con luz propia, destacando el vestido verde botella que eligió para presumir de embarazo durante esta importante velada.

Precisamente esmeraldas fue la elección de Eugenia de York para su boda, una espectacular diadema, la tiara Kokoshnik, que pertenece a Isabel II, quien no dudó en prestársela a su nieta para un momento tan especial. De hecho, la joven la acompañó de unos pendientes de su colección privada, puesto que fueron un regalo de quien ese día se convertía en su marido, Jack Brooksbank.

placeholder Eugenia de York, el día de su boda. (EFE)
Eugenia de York, el día de su boda. (EFE)

Por último, no queremos terminar esta lista sin señalar que, para su compromiso, Eduardo VIII le regaló a la estadounidense Wallis Simpson -tan recordada en estos meses por las similitudes de su historia con la de Meghan Markle pues su marido renunció a su derecho al trono para poder casarse con ella- una impresionante esmeralda engarzada en oro amarillo.

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