Andrés, Marius, Urdangarin y un patrón común: cómo se han enfrentado las casas reales a los delitos
Ya son tres las casas reales europeas que han visto recientemente cómo alguno de sus miembros ha tenido serios problemas judiciales y han tenido que lidiar con detenciones, juicios, incluso cárcel
"De la justicia es igual para todos" a "La Ley tiene que seguir su curso". Son palabras pronunciadas por monarcas como reacción a los problemas judiciales de algún familiar. Andrés Mountbatten-Windsor, Marius Borg e Iñaki Urdangarin nos han demostrado en los últimos años que hay un patrón común para las casas reales a la hora de enfrentarse a los delitos cometidos por algunos de sus miembros.
Ese patrón es dejar hacer a la justicia y, al menos de forma pública, acatar su decisión. Otra cosa es lo que pase de forma privada y en el ámbito familiar, con una reacción muy diferente.
Si hablamos cronológicamente, hay que empezar por Iñaki Urdangarin, su imputación por el caso Nóos y la respuesta de su entonces suegro, Juan Carlos I. Aunque los problemas judiciales empezaron para el vasco en 2010, estaba claro que en la Casa Real conocían que algo se estaba gestando, puesto que se optó por alejar a la infanta Cristina y su marido de nuestro país, con la excusa de su trabajo en Telefónica.
La pareja se instaló en Washington con sus cuatro hijos y allí estuvieron hasta 2012. Mientras, Urdangarin fue imputado oficialmente en diciembre de 2011 y unas semanas después, lo veíamos entrar en los juzgados de Palma clamando por su inocencia. Y esos meses fueron también un ejemplo de cómo la reacción institucional y privada pueden ser muy distintas.
Porque el 12 de diciembre de 2011, la Casa Real anunció que apartaba a Iñaki Urdangarin de las actividades oficiales por su implicación en el Caso Nóos, derivado del Palma Arena, alegando lo que consideraban un comportamiento "no ejemplar". En el discurso de Navidad que el rey Juan Carlos ofrecería el día 24, el entonces rey Juan Carlos fue tajante y pronunció ese "La justicia es igual para todos" tan comentado hasta nuestros días.
En lo familiar, el asunto fue muy distinto. Si bien el rey Felipe sí se distanció de su hermana y tomó medidas una vez que llegó al trono, como quitarle el ducado de Palma, la reina Sofía no tuvo en cuenta asuntos familiares y se mostró más madre que reina con su hija pequeña. Lo hizo viajando a Washington hasta en dos ocasiones -fueron, al menos, las que salieron a la luz-, mostrando el férreo apoyo también a su entonces yerno.
Marius Borg, "una parte importante de nuestra familia"
Y algo parecido ha pasado en los otros dos casos que nos ocupan: lo público es muy diferente a lo privado, como también es muy diferente dependiendo del miembro de la familia del que hablemos.
En el peliagudo proceso que ha llevado al banquillo a Marius Borg, el hijo de la princesa Mette-Marit, la Casa Real de Noruega ha contado con una ventaja: al ser hijo de una relación anterior, en todo momento se han escudado en que no es miembro de la institución y, como tal, no han tenido que tomar medidas públicas contra él. Cada vez que se ha abordado el tema desde palacio, ha sido en la misma línea: “el caso sigue su curso legal y los procedimientos habituales".
Distinto ha sido cuando se ha tratado de su familia más próxima. Como padres, Haakon y Mette-Marit han mostrado a Marius un apoyo incondicional y de diferentes formas. Las más recientes, visitándolo, primero en el hospital donde tuvo que ser atendido por un problema de salud; poco después, viéndolo incluso en la cárcel, donde permanece ingresado tras su enésima detención.
Aunque estas visitas se pueden considerar que forman parte del ámbito privado, tampoco han tenido duda en mostrarle su apoyo abiertamente ante las cámaras y de forma pública. Haakon lo hizo cuando estaba a punto de comenzar el juicio por el que está sentado en el banquillo desde el 3 de febrero. En su intervención, manifestó su confianza en la justicia, pero dejó entrever que también confían en el propio Marius: "Es una parte muy importante de nuestra familia".
La detención del ex príncipe Andrés
Y así llegamos al príncipe Andrés, que era detenido este pasado jueves. No era, desde luego, algo que a la Casa Real le pillase de sorpresa. La investigación sobre la posible filtración de secretos estatales a Epstein le había cercado en los últimos días. Pero ya había avisos de que el rey Carlos estaba al tanto, de algunas de las andanzas de su hermano.
Y de nuevo, nos encontramos con una reacción institucional diferente a la privada. El escándalo salió a la luz en otoño de 2019 y el hijo de la reina Isabel no dudó en conceder una entrevista en televisión para, supuestamente, defenderse y aclararlo todo. No le salieron bien las cosas precisamente y decidió abandonar sus funciones reales en noviembre. Pero era solo la punta del iceberg de lo que estaría por llegar.
Fue denunciado por una de las víctimas de Epstein, que aseguraba haber mantenido relaciones con Andrés, siendo él príncipe y ella menor. Esquivó el banquillo pagando a la chica una cifra millonaria, pero sin conseguir aplacar un escándalo que tenía uno de sus puntos álgidos el pasado noviembre, cuando el rey Carlos III despojaba a su hermanos de sus títulos y privilegios, entre ellos el de vivir en la Royal Lodge dentro de Windsor, una propiedad estatal.
El rechazo institucional también se hacía patente minutos después de conocer su detención, con un contundente comunicado desde Buckingham Palace firmado por el rey Carlos: "La Ley debe seguir su curso", dejando claro que no va a intervenir en el proceso judicial. Ahora bien, como en los dos casos anteriores, los asuntos familiares no son tan tajantes.
El monarca británico se ha desmarcado públicamente de su hermano, pero sigue apoyándolo económicamente con sus fondos privados. Tras abandonar esta residencia de Windsor, el ex príncipe se ha instalado en una casa de Sandringham, que es propiedad privada del rey. Es el propio monarca el que ha financiado la reforma de su nueva vivienda.
Pero además, salía a la luz hace unos días que el rey Carlos había puesto parte de esa cantidad millonaria que Andrés había tenido que pagar a Virginia Giuffre para librarse de sentarse en el banquillo, con nada menos que un millón y medio de libras. Aunque de los 12 millones de libras que pagó, la mayor parte salió de los bolsillos de la reina Isabel, que aportó más de la mitad del dinero.
Cierto es que la reina Isabel nunca escondió que su hijo contaba con su respaldo. De él se decía que era su hijo favorito y las pruebas gráficas de esto las tuvimos prácticamente hasta el fallecimiento de la monarca, que pasaba gran parte de su tiempo libre con Andrés, a pesar de los problemas en los que se había metido, arrastrando con él a la Casa Real.
"De la justicia es igual para todos" a "La Ley tiene que seguir su curso". Son palabras pronunciadas por monarcas como reacción a los problemas judiciales de algún familiar. Andrés Mountbatten-Windsor, Marius Borg e Iñaki Urdangarin nos han demostrado en los últimos años que hay un patrón común para las casas reales a la hora de enfrentarse a los delitos cometidos por algunos de sus miembros.