Donald Trump y Joe Biden: ¿hombre rico, hombre pobre?
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Donald Trump y Joe Biden: ¿hombre rico, hombre pobre?

Los dos canditatos a la presidencia norteamericana se enfrentan con distintas armas ideológicas pero también financieras. Repasamos cómo están las arcas de uno y otro

placeholder Foto: Trump y Biden, durante el debate electoral. (Reuters)
Trump y Biden, durante el debate electoral. (Reuters)

'Money talks' (el dinero habla), dicen en Estados Unidos. Y si las finanzas de los dos candidatos a la Casa Blanca tienen algo que decir, podemos declarar desde ya que Donald Trump es el gran triunfador de la batalla económica presidencial. Pero, ojo, que no es oro todo lo que reluce, y si bien el actual presidente de los Estados Unidos no es tan rico como él mismo fanfarronea, tampoco podemos dejar escapar que el demócrata Joe Biden, quien fue llamado 'middle class Joe' (Joe clase media), tampoco es la persona normal y corriente que dice ser, al menos no en términos de patrimonio.

Las finanzas de los Biden

Curiosamente, los ingresos de la familia Biden se han disparado desde que Donald Trump subió al poder y este mismo mes 'Forbes' firmaba un artículo que se titulaba, “¿Cómo los Biden han ganado 16,7 millones de dólares desde que salieron de la Casa Blanca?”. No ha habido contratos literarios tan jugosos como los de sus 'jefes', Barack y Michelle Obama, pero tampoco les ha ido nada mal: no fueron 60 millones como ellos, pero el vice y la segunda dama se embolsaron 8 millones de mano de la editorial Flatiron Books. Joe habló de la muerte de su hijo en 'Promise Me, Dad', y Jill se centró en el fuerte vínculo familiar de la familia desde el punto de vista de la mujer que recompuso a los Biden tras la tragedia en 'Where the Light Enters'.

Ambos fueron éxitos de ventas. Y aunque la profesora siempre fue Jill, con su título de segundo de a bordo del presidente saliente, Biden cobró 375.000 dólares anuales en 2017 por hacer una labor docente simbólica en la Universidad de Pensilvania, salario que subió en 2018 hasta los 405.000 dólares. A eso hay que sumar que sus charlas han llegado a cotizar a 190.000 dólares. Y así fue como, por primera vez, los Biden tuvieron una fortuna decente y su patrimonio, después de impuestos, se valora ahora en 9 millones de dólares.

placeholder Joe y Jill Biden. (Getty)
Joe y Jill Biden. (Getty)

Antes de todos esto, Biden, que siempre presumió de tener las finanzas más modestas del Senado, en realidad no era por un sueldo más bajo que el resto, sino porque estaba hipotecado hasta las trancas, y eso lo heredó de su padre, que no tenía las cuentas demasiado saneadas. Los Biden, hay que recordar, venían de una buena familia (su abuelo se había hecho de oro gracias al petróleo), pero las malas inversiones del padre de Joe llevaron a la familia a la ruina.

Foto:  Joe Biden. (Getty)

Durante su etapa como senador, al futuro vicepresidente le gustaba comprar casas en distintos lugares del país y a día de hoy sigue teniendo dos residencias que lo separan bastante de la realidad de la clase media estadounidense: la primera fue la que, mientras fue vicepresidente, alquiló a los Servicios Secretos a precio de saldo (solo 17.000 dólares anuales). Es una finca de cuatro acres en Greenville, Delaware, y Biden la compró en 1996 por 350.000 dólares, según la revista 'Town & Country'. Hoy está valorada en dos millones de dólares: está frente a un lago, tiene casi 650 metros cuadrados construidos y cuenta con un jardín espectacular. Lo que sí lo acerca a la realidad de muchos estadounidenses es que, cuando su hijo Beau fue diagnosticado con un tumor cerebral, Biden estuvo a punto de venderla para sufragar los gastos médicos, pero el propio Barack Obama le desaconsejó hacerlo y le prestó dinero de su bolsillo.

placeholder Barack Obama y Joe Biden. (EFE)
Barack Obama y Joe Biden. (EFE)

Sin embargo, a pesar de que los Biden tenían el lago cerca de aquella mansión, en 2017, el año en el que salieron de la Casa Blanca, decidieron darse un homenaje y comprar un chalet cerca de la playa en el mismo estado de Delaware, en la localidad de Rehoboth Beach, que les costó 2,7 millones de dólares. Para justificar el gasto, Biden se vio obligado a apelar a los valores familiares en un comunicado: “A lo largo de nuestras carreras, Jill y yo hemos soñado con poder comprar una casa en la playa, un lugar en el que poder reunir a la familia al completo. Nos sentimos muy afortunados de que ahora podemos hacerlo y estamos deseando pasar tiempo con nuestra familia en el lugar que más nos importa del mundo”. Se le fue un poco la mano con el sentimentalismo en esta operación inmobiliaria, más aún cuando por esas mismas fechas también alquiló otra casa bien amplia (más de 1.000 metros cuadrados) en McLean, Virginia, valorada en 20.000 dólares al mes y que había pertenecido, además, al político republicano Alexander Heigh, vinculado a las administraciones de Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan. El contrato de alquiler expiró el pasado febrero.

El emporio Trump

Hay que reconocerle a Donald Trump que, en su caso, pese a la poca transparencia de sus finanzas, no hay trampa ni cartón en sus intenciones. Y eso que su propia gestión, o más bien la crisis del coronavirus, le ha pegado un buen tajo a su patrimonio, que según 'Forbes' ha bajado 1.000 millones de dólares en los últimos meses, pasando de los 3.100 millones de dólares a los 2.100. La principal causa es la devaluación de sus innumerables locales comerciales (valorados aun después de la debacle en 1.100 millones de dólares), sobre todo las situadas en el centro de Nueva York.

Foto: La mansión caribeña que Donald Trump alquila mientras intenta encontrar un comprador. (Cortesía de lechateaudespalmiers.com)

Las propiedades residenciales, en cambio, suponen 'solo' 148 millones de dólares, con el famoso ático en la Trump Tower de la Quinta Avenida de Nueva York a la cabeza, claro. Los campos de golf de su propiedad tienen un valor estimado en 217 millones. En esa partida iría incluido el, según el 'NY Times' económicamente ruinoso (¿alguien dijo fake news?) complejo de Mar-a-Lago, en Florida, apodada la Casa Blanca de invierno por haber sido escenario de muchas de sus reuniones de alto nivel durante el mandato. En total, incluyendo hoteles y restaurantes, los números marean: 5.000 propiedades repartidas en cinco estados. Es cierto que Trump había inflado sus finanzas hasta los 7.000 dólares al presentarse como el candidato ideal para lidiar con un país-empresa, pero también es poco realista intentar desmontar su músculo económico apuntando a que tiene deudas de cientos de millones de dólares y que en la declaración de la renta se declara en números rojos, pues según 'Forbes' todavía le quedan 160 millones de dólares en metálico para sus gastos.

placeholder Donald y Melania. (EFE)
Donald y Melania. (EFE)

Así que se puede decir que, con todos los peros del mundo que se le quieran poner, Donald Trump, en cuestión de dinero, gana por goleada a Joe Biden, cuyo patrimonio ni siquiera era el más abultado entre los demócratas (sobre todo desde que Michael Bloomberg saltó a la carrera con sus 61.800 millones de dólares que hacían sentir pequeño hasta a Trump), pero que tampoco debería erigirse como héroe del estadounidense medio. Aunque, eso sí, Biden puede señalarse como ganador moral en una batalla: conviene recordar que en Estados Unidos se cobra la pensión de jubilación a partir de los 65 años independientemente de que se siga o no trabajando. Así que estos dos candidatos de más de 70 años suman a sus fortunas personales las pensiones públicas. En esto, Joe es el ganador absoluto, puesto que después de más de 40 años sirviendo al Estado (y los funcionarios poseen los mejores planes de jubilación en el mundo neoliberal), tiene una pensión valorada en 1 millón de dólares, mientras que la aportación de Donald Trump al fisco bien sabemos que, a 750 dólares al año, no ha acumulado gran cosa.

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