El estreno de El Diablo Viste de Prada 2: así han sido los looks de Meryl Streep y Anne Hathaway en la alfombra roja
Dos looks muy distintos que funcionan tanto por separado como en conjunto. Y, sobre todo, una confirmación: si algo sigue haciendo bien esta saga es convertir cada aparición en una lección de estilo
La segunda parte de El Diablo Viste de Prada es, sin exagerar, uno de los momentos más esperados de 2026 para las fashionistas. No tanto por la trama, que también, sino por lo que ocurre fuera de la pantalla: alfombras rojas, guiños estilísticos y una oportunidad perfecta para que sus protagonistas vuelvan a jugar con la moda de una manera que divirtió a toda una generación. Y lo que hemos visto en este estreno confirma que la expectación estaba más que justificada.
Las dos actrices llegaron juntas, cómplices, con esa mezcla de personalidad y sentido del espectáculo que define bien el espíritu de la saga. Cada una fiel a su estilo, pero con un hilo conductor claro: estilo, color y una puesta en escena pensada al milímetro.
Por un lado, Meryl Streep, fiel a su estilo apostó por un Schiaparelli, un vestido camisero en azul noche que, a simple vista, podría parecer sobrio, pero está lleno de detalles. El tejido satinado aporta profundidad y brillo sin resultar excesivo, mientras que la botonadura dorada, grande, introduce un punto casi militar que estructura la silueta. El cinturón ancho, también con hebilla dorada, marca la cintura y refuerza esa idea de autoridad. No hay nada improvisado: incluso los puños ligeramente fruncidos y el largo hasta los pies hablan de una elegancia clásica, muy Meryl.
Los accesorios juegan un papel clave. Las gafas de montura negra, de líneas limpias, suman personalidad y recuerdan inevitablemente a ese universo editorial que tantas veces se ha recreado en la pantalla. Los pendientes, dorados con caída, suavizan el conjunto y aportan luz al rostro. Y el bolso, pequeño pero muy trabajado, introduce un guiño más decorativo, casi joya, que rompe con la uniformidad del vestido.
A su lado, con Anne, el contraste es inmediato. La otra protagonista de la película opta por un mono corto de lentejuelas en rojo intenso, casi fucsia de Stella McCartney, que captura toda la atención. Aquí el mensaje es claro: brillo, impacto y una silueta mucho más marcada. El diseño entallado en la parte superior y con ligera apertura en el bajo crea movimiento y estiliza, mientras que las mangas largas equilibran el conjunto.
Y luego están las botas: altas, por encima de la rodilla, en piel oscura. Son el contrapunto perfecto. Añaden un punto contemporáneo, incluso algo atrevido, que acerca el look más a la moda de pasarela.
El color no es casual. Ese rojo vibrante, combinado con el maquillaje a juego, labios intensos, piel luminosa, construye una imagen muy poderosa, cinematográfica. El cabello, suelto y pulido, con raya centrada, refuerza esa sensación de sofisticación.
Juntas, crean un equilibrio interesante. Una se mueve en códigos más clásicos, la otra en claves más actuales y llamativas. Hay algo muy pensado en esa combinación de azul profundo y rojo brillante, casi como si formara parte del guion del propio evento.
El escenario acompaña: tonos rojos en el fondo, iluminación cálida y ese aire teatral que encaja perfectamente con la narrativa de la película con el famoso tacón de fondo. Todo suma para reforzar la idea de que no estamos ante una alfombra roja cualquiera, sino ante un momento que entiende de moda y de espectáculo.
La segunda parte de El Diablo Viste de Prada es, sin exagerar, uno de los momentos más esperados de 2026 para las fashionistas. No tanto por la trama, que también, sino por lo que ocurre fuera de la pantalla: alfombras rojas, guiños estilísticos y una oportunidad perfecta para que sus protagonistas vuelvan a jugar con la moda de una manera que divirtió a toda una generación. Y lo que hemos visto en este estreno confirma que la expectación estaba más que justificada.