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Margherita Maccapani Missoni: "El verdadero lujo hoy es que alguien haya invertido tiempo en seleccionar por ti"
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ENTREVISTA

Margherita Maccapani Missoni: "El verdadero lujo hoy es que alguien haya invertido tiempo en seleccionar por ti"

Ha venido a Madrid para presentar en Philocalist su nueva colección de Maccapani, la marca que lanzó en 2023 y que supone su primer gran proyecto completamente propio

Foto: Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme
Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme

Cuando Margherita te abre la puerta de su habitación del Hotel Santo Mauro a las ocho de la mañana notas que lo que ves es lo que hay. Una mujer sin máscaras, natural como la vida misma, que nos recibe en camisón corto de seda y con las marcas de la almohada todavía dibujadas en la cara. Tiene muy claro cómo quiere aparecer ante la cámara: maquillaje mínimo, apenas un toque de colorete, cejas definidas y un lápiz oscuro en la línea interior del ojo. Con el pelo sucede lo mismo. Pide eliminar un poco el encrespamiento, pero insiste en mantener esa estética bohemia y despreocupada que lleva años formando parte de su identidad.

Ha venido a Madrid para presentar en Philocalist (Nicasio Gallego 20) su nueva colección de Maccapani, la marca que lanzó en 2023 y que supone su primer gran proyecto completamente propio. Durante dos días recibirá clientas, enseñará personalmente las prendas y explicará una filosofía que gira alrededor de la comodidad, la versatilidad y la construcción de un armario pensado para la vida real. Una propuesta concebida como un vestuario modular que nace de las necesidades de las mujeres y se adapta a sus cuerpos, no al revés.

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Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme

Nieta de Ottavio y Rosita Missoni, fundadores de una de las sagas más influyentes de la moda italiana, Margherita creció entre tejidos, colores y desfiles. Estudió Filosofía en Milán y Nueva York, exploró la interpretación antes de incorporarse a la empresa familiar y durante años fue una de las caras más reconocibles de Missoni. Dirigió los accesorios de la firma, fundó su propia marca infantil, lideró M Missoni y colaboró con compañías de moda, diseño e interiorismo. Hoy está en madrid y nos demuestra que los suyo es pura autenticidad hace toda la sesión con uno solo de sus vestidos. Le sienta como un guante. Dice que resume perfectamente la esencia de la marca: "Easy but not sloppy". Fácil, pero nunca descuidado. Como ella.

Mientras recorremos los salones del Santo Mauro se mueve como si estuviera en casa. No es una sensación casual. Lleva más de una década colaborando con Luxury Collection, la cadena hotelera a la que pertenece el hotel madrileño. En el cuello lleva un collar formado por cuentas vintage de Murano, pequeños recuerdos recogidos durante viajes y mercadillos que explican bastante bien su forma de entender el estilo: menos tendencia y más historia.

P. Naciste dentro de una de las dinastías más importantes de la moda italiana. ¿Qué recuerdas de crecer en el universo Missoni?

R. Siempre he sentido que mis abuelos no construyeron únicamente una empresa de moda. Construyeron una forma de vivir. Había una estética, claro, pero también una actitud relajada hacia la vida. Una manera de entender la belleza y el estilo como algo importante sin convertirlo en algo rígido. Haber crecido dentro de ese entorno me ha marcado profundamente.

placeholder Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme
Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme

P. Si tuvieras que definir ese estilo de vida en tres palabras.

R. Desenfadado, elegante y atrevido.

La conversación se interrumpe varias veces. Entra y sale gente de la habitación, se deciden localizaciones para las fotos y su madre la llama dos veces durante la mañana. La escena sirve para confirmar algo que ella misma explica después: los Missoni siguen funcionando como un clan.

Crecer dentro de una familia tan grande y tan vinculada a una empresa hace difícil entender dónde termina el grupo y dónde empiezas tú

P. Estudiaste Filosofía, te interesó la interpretación... ¿Qué te aportaron esas etapas?

R. Estudié Filosofía porque era buena estudiante y me gustaba la materia, no porque pensara que iba a llevarme a una profesión concreta. Después me interesó mucho la interpretación. Lo que realmente me atraía era la introspección. Tenía veintitantos años y estaba intentando descubrir quién era. Crecer dentro de una familia tan grande y tan vinculada a una empresa hace difícil entender dónde termina el grupo y dónde empiezas tú. Necesitaba alejarme de la moda para descubrirme como individuo.

P. ¿Y cuándo entendiste que querías volver?

R. Cuando ya me conocía mejor. De repente fui capaz de admitir que lo que realmente me gustaba era la moda. Ya no quería estar encerrada en un teatro. Quería vivir hacia fuera.

Su relación con la moda hoy tiene más que ver con la edición y la selección que con las tendencias. De hecho, una parte importante de Maccapani gira alrededor de esa idea. En Milán organiza los llamados Maccapani Edits, espacios donde mezcla sus prendas con piezas de otras marcas, artesanos o creadores que encajan con su universo.

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Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme

P. Has elegido presentar la colección en Philocalist. ¿Qué te atrae de este tipo de espacios?

R. Me parece un concepto muy inteligente. La moda se está alejando del modelo tradicional de distribución. Las marcas buscan espacios que funcionen como escaparate, pero también como comunidad y red de contactos. Creo que Philocalist entendió eso muy pronto.

P. Da la sensación de que hoy las marcas necesitan ofrecer experiencias, no solo ropa.

R. No solo las pequeñas marcas. Todas. Las personas valoran mucho más las experiencias que los objetos por sí solos. La ropa tiene que llevar una historia asociada. Cuando una clienta viene aquí, me conoce, habla conmigo, prueba las prendas. Después, cuando se pone ese vestido, recuerda ese momento. Eso crea una relación completamente diferente con la marca.

Las personas valoran mucho más las experiencias que los objetos por sí solos. La ropa tiene que llevar una historia asociada.

La tarde anterior había aprovechado una hora libre para recorrer mercerías del centro de Madrid. Habla de botones antiguos con el mismo entusiasmo que otras personas hablan de restaurantes.

P. ¿Crees que la industria está escuchando realmente lo que necesitan las mujeres?

R. Algunas marcas siempre lo han hecho. Chanel lo hizo cuando diseñó ropa que facilitaba la vida de las mujeres. Mis abuelos también transformaron el punto en algo glamuroso y funcional. Después llegó una etapa en la que intentamos vestir a las mujeres con códigos muy masculinos. Yo veía un espacio para crear algo tan cómodo y versátil como el streetwear, pero pensado desde una perspectiva femenina.

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Fotografía: Diego Lafuente. Maquillaje: Roberto Siguero para Lancôme

P. ¿Esa fue la semilla de Maccapani?

R. Sí. Quería crear ropa cómoda, adaptable y fácil de llevar. Prendas que puedas meter en una maleta y que te permitan estar lista para una cena o una fiesta en cuestión de segundos.

La definición encaja perfectamente con la marca que ha construido. Un armario modular pensado para acompañar a una mujer desde la mañana hasta la noche, con tejidos suaves y piezas intercambiables diseñadas para moverse con ella.

P. ¿Cómo ha cambiado tu relación con el trabajo desde que formaste tu propia familia?

R. Muchísimo. Cuando nacieron mis hijos necesitaba más flexibilidad y por eso dejé Missoni. Trabajaba por las mañanas y podía recogerlos del colegio por la tarde. Era exactamente lo que necesitaba en aquel momento. Después volví a la empresa familiar, más tarde me fui otra vez y ahora estoy aquí.

P. ¿Fue difícil abandonar una empresa con tanto peso emocional?

R. Sí, pero también era el momento adecuado. Somos muchos en la familia y yo tenía un papel muy visible. Había cierta complejidad en todo eso. Mirando atrás, creo que cada etapa me llevó a la siguiente. No estaría aquí si no hubiera pasado por todas ellas.

Antes de despedirse vuelve a una idea que aparece varias veces durante la conversación. La industria, dice, está saturada de opciones. Demasiadas colecciones, demasiadas prendas, demasiados estímulos.

Cuando Margherita te abre la puerta de su habitación del Hotel Santo Mauro a las ocho de la mañana notas que lo que ves es lo que hay. Una mujer sin máscaras, natural como la vida misma, que nos recibe en camisón corto de seda y con las marcas de la almohada todavía dibujadas en la cara. Tiene muy claro cómo quiere aparecer ante la cámara: maquillaje mínimo, apenas un toque de colorete, cejas definidas y un lápiz oscuro en la línea interior del ojo. Con el pelo sucede lo mismo. Pide eliminar un poco el encrespamiento, pero insiste en mantener esa estética bohemia y despreocupada que lleva años formando parte de su identidad.

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