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VERANO AZUL

Es Caló, por qué siempre hemos querido fugarnos a este pueblo de Formentera

Porque esta isla es un paraíso de color turquesa (a veces esmeralda), porque aquí no se aterriza sino que se desembarca y porque hay rincones como este, marinero como el que más

Foto: Es Caló es el sitio en el que queremos estar. (Cortesía)
Es Caló es el sitio en el que queremos estar. (Cortesía)

La arena que querías pisar, el mar en su tonalidad exacta, ese atardecer apoteósico, la calma que anhelabas, el hotelito soñado… Así es Formentera, profundamente mediterránea, haciéndose grande dentro del archipiélago balear, a pesar de ser la más pequeña dentro de las habitadas (83,2 kilómetros cuadrados). Es tan pitiusa -de sobra sabemos lo que queremos decir con esto- como Ibiza, de la que solo la separan dos millas náuticas, que son unos 3 km. Por cierto, hemos recalado en Es Caló, que es uno de los pueblos más bonitos de España y encima isleño. Parece levantarse en torno a una preciosa piscina natural.

Formentera, esa isla

Hemos hablado de sus 83,2 km² de extensión pero aún no de su curiosa silueta, que la hace más salvaje y ansiada, por pintoresca, plagadita de playas y calas que la dibujan a lo largo de sus 69 kilómetros de costa. Y como Tabarca, de la que hablábamos hace poco, frente a Santa Pola (Alicante), esta también es extraplana salvo por Sa Talaiassa, que se alza en el altiplano de la Mola y mira al mar desde sus desafiantes 192 metros, que aquí son un Olimpo. ¿Lo mejor? Que cojas una bici, después de haber llegado en barco desde Ibiza (unos 35 minutos) y vivas tu propio verano azul por sus rutas verdes, aunque el calor del verano tal vez te haga sucumbir al coche. Si te rindes al vehículo a motor, que sepas que Formentera está cruzada por una arteria principal que la atraviesa desde La Savina al faro de la Mola. Entre ambos puntos hay menos de 20 km. Como ves, la isla, cuajada de pinos y sabinas, es toda tuya. Y no está tan loca como Ibiza...

Es Caló, un pueblo blanco, bonito y… de pescadores

Pues eso, que Formentera es un destino total, abarcable, para ir de punta a punta, de Cala Saona a La Savina, a Els Pujols y luego hasta dar con el faro de la Mola y después el de Barbaria, para redondear el sueño. Pero en este abordaje veraniego hemos querido tomar el pequeño pueblo de Es Caló de Sant Agustí (su nombre completo, por el monasterio de agustinos que en tiempos hubo en la Mola), que es blanco, bonito y… de tradición pesquera, cosa que se hace notar. No solo por su puerto natural, que es asombroso, y su embarcadero con varaderos de madera que resguardan del agua salada los barcos (llaüts, chalanas...), raíles de estos trenes, sino por sus restaurantes que, con su entregadísimo amor por lo local, lo hacen aún más especial. Y el mar ahí, testigo de todo, con su juego prodigioso de colores, del turquesa al esmeralda.

Es Caló, donde duermen los barcos. (Cortesía Restaurante Es Caló)
Es Caló, donde duermen los barcos. (Cortesía Restaurante Es Caló)

Las playas con las que soñábamos

Es Caló es ese rincón vacacional que se hace inmortal en el recuerdo (y no solo en la fotos, que te vas a hinchar a hacer), estampa idílica del verano: la playa antes del boom inmobiliario, el pueblo de pescadores previo a la macrourbanización, la fina arena salvada del basto asfalto… Un deseo marítimo y a la vez rural que se hace realidad en los acantilados de la Mola, a la que se puede subir por el Camí de Sa Pujada, al este y las calitas de arena de Ses Platgetes al oeste. Nada mejor que coronar la Mola para tener la panorámica de la isla. Por cierto, el Camí, del siglo XVIII, nace en el propio Es Caló y muere, tras atravesar 1,5 km, en el pueblo de El Pilar de Mola. En el trayecto se puede ver una cruz grabada en el sueño, una pequeña cueva o una antigua cantera de marés (arenisca). Antes de llegar a Es Caló, está el Castellum de Can Blai. Sí, por aquí también pasaron los romanos.

Dónde comer (y beber) en Es Caló

Aquí se come el peix seco (pescado seco), costumbre que no podía ser más marinera y que vimos en Cudillero, y que es ingrediente de la ensalada payesa, que se condimenta con la sal líquida formenterana, junto con el bescuit (pan de horneado prolongado). Qué mejor que hacerlo en el restaurante que lleva su nombre, Es Caló (Carrer del Vicari Joan Marí, 14), al ladito del pueblo, a nada y menos del mar y con La Mola guardándole las espaldas. Comida rica y maravilloso chill out. Tostadas de sobrasada con queso de cabra fundido y reducción de higos secos de Formentera para empezar. Y después, mejillones de roca a la plancha, gambas a la plancha de la isla, la obligada ensalada payesa, el ‘bullit’ de pescados varios acabados con arroz a banda, arroces impresionantes, a cual mejor, y de postre, la greixonera (pudin de ensaimada). Otro dato: esta es tierra de vino, se cultivan casi 80 hectáreas de viña y cuenta con dos bodegas: Terramoll y Es Cap de Barbaria.

Imagínate tomarte algo aquí, en el restaurante Es Caló. (Cortesía)
Imagínate tomarte algo aquí, en el restaurante Es Caló. (Cortesía)

Dónde dormir en Es Caló

Es Pas es un agroturismo que recoge todo el espíritu de la isla y que está en su parte más estrecha, en la carretera hacia El Pilar de La Mola, justo antes de Es Caló, entre palmeras, olivos (tienen aceite propio) e higueras. Una finca de más de 200 años de antigüedad, desde la que se ve el mar y las dunas, con porchada, piscina, zona chill out y ocho habitaciones. Otra opción son los apartamentos y estudios de Sa Cala Suites, en el propio pueblo (C/ de Francesc Aragó, 2), un complejo de los años sesenta recién reformado, con pérgolas de madera tipo las barracas donde se guardan las embarcaciones. O los apartamentos y estudios Es Caló, a pie de playa, con piscina y chill out también. Todo sea por quitarse la rutina y el calor. El hostal Rafalet es una institución, en la orilla.

El hostal Rafalet está en la misma playa. (Cortesía)
El hostal Rafalet está en la misma playa. (Cortesía)

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