Écija: por qué tú también, como los Reyes, tienes que ir a este bello pueblo de Sevilla
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UN VIAJE MUY ROYAL

Écija: por qué tú también, como los Reyes, tienes que ir a este bello pueblo de Sevilla

Don Felipe y doña Letizia han viajado a esta cuna del barroco que es aristocrática por demás y exhibe con orgullo sus palacios y sus torres. Es tan principal que llaman a su plaza el Salón

Foto: Écija: por qué tú también, como los Reyes, tienes que ir a este bello pueblo de Sevilla
Écija: por qué tú también, como los Reyes, tienes que ir a este bello pueblo de Sevilla

Ninguna otra es tan barroca como ella y quizá puede decirse que ni tan principal. Que nos perdone Sevilla, pero Écija, quizá por inesperada, por permanecer silenciosa en la campiña, en el valle del Genil, por no ser capital y por ser descartada cuando llega la calor (en femenino) -esto es la sartén de Andalucía-, impacta por su majestuosidad. Es verdad que los Reyes la han visitado (para entregar a la Safa el premio a mejor escuela del año), pero más allá de este honor, ella es impepinablemente real. Aquí podrás sufrir el síndrome de Stendhal, pero no como en Florencia, sino a la andaluza. Con profunda emoción estética pero siempre con un jaleo jaleo y un olé. Te lo contamos.

La sartén andaluza y... la ciudad de las torres

La verdad es que Écija está más cerca de Córdoba (55 kilómetros) que de Sevilla (86 km), hablando de capitales, por lo que te situará en una feliz encrucijada viajera. Por cierto, es el pueblo más grande en territorio de la provincia y le sobran los apodos. A la gloria (o dolor) de ser la sartén de Andalucía, con un sol que literalmente fríe en verano, se suman la de llamarse ciudad del sol, que viene a ser más de lo mismo, aunque más evocador, y ciudad de las torres -hasta once se cuentan-, lo que nos sitúa directamente en su casco histórico y en su liderazgo entre los siglos XVI y XVIII sobre todo, que la hicieron brillante hasta el punto de calificar a este último como el Siglo de Oro ecijano.

Llegó a haber más de veinte conventos y otras tantas iglesias (26). Y luego están los caballos de pura raza española, anglo-árabe e hispano-árabe, que pasean su elegancia aún en la actualidad. Y el arte de bordar, que se lo digan a Jesús Rosado.

¿Una lección de barroco? Écija

Lo decíamos: aquí te vas a cansar de mirar al cielo buscando la verticalidad de las torres en este enjambre de iglesias y conventos, y de admirar la belleza de sus palacios, en especial la fachada del de Peñaflor. Se ve a la legua. Iglesias hay para aburrir, desde la de Santa María, en la plaza del mismo nombre, o la vecina del Hospital de la Concepción, hasta la de San Francisco con el balcón de la Inquisición, en la plaza de España, el corazón de la villa, conocido como el Salón, pasando por la neoclásica de Santa Bárbara, al ladito, para llegar a la Iglesia de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora, que es joya barroca ecijana (otra), y a Santiago el Mayor, referente del gótico-mudéjar. Y un suma y sigue que parece no terminar.

Écija religiosa y… palaciega

No todo iban a ser iglesias y conventos. Los palacios reclaman su protagonismo. Sobre todo el de Peñaflor, lo decíamos, barroco a más no poder, residencia de esta familia hasta que falleció la marquesa viuda y sin descendencia a finales de los años 50. No te imaginas lo que te va a gustar su infinito balcón, con fama de ser el más largo de España (60 metros), su fachada curva adaptándose al giro que da la calle y las pinturas al fresco que adornan sus paredes.

El Palacio de Peñaflor, ya restaurado. (Cortesía Lista Roja de Patrimonio)
El Palacio de Peñaflor, ya restaurado. (Cortesía Lista Roja de Patrimonio)

Y del de Peñaflor al de Benamejí, barroco también y de nombre lorquiano, hoy Museo Municipal, ayer de los marqueses del mismo nombre y luego de los condes de Valverde. No hay que perdérselo, porque además de su soberbia arquitectura, alberga una escultura romana que incorporarás rápidamente a tu imaginario personal, la Amazona Herida (con restos de policromía), y espléndidos mosaicos romanos (si le coges el gusto, después te tocará ir al Museo del Bardo, en Túnez). De Benamejí saltamos al de Valdehermoso, con fachada plateresca y un hermoso ángulo desde el que se divisan Peñaflor y las torres con fama de ser las más bellas del barroco ecijano, la de San Gil y la de San Juan. Y tampoco aquí se acaban los palacios: un recordatorio para el de Justicia, conocido como Casa de las Tomasas, presumiendo de azulejería sevillana. Se cuentan hasta 30. Todo muy aristocrático: hasta 40 títulos nobiliarios estamparon su blasón aquí.

Lo que hay que ver… además

Écija, como Valencia, también tiene su lonja de la seda, aquí llamada Casa del Gremio de la Seda, con balcones increíbles, y la del Gremio de la Lana, las Carnicerías Reales, el Arca Real de Agua, una plaza de toros sobre un anfiteatro romano, muy propio, y otros lugares que son clave, caso del Arco de Santa María, los grandes salones con techo de artesonado mudéjar y mobiliario antiguo de la Casa-Palacio de los Palmas, el Museo de las Caballerizas… Una suntuosidad que trae a la cabeza al cordobés y recargado Góngora. Todo de otra época, porque aquí dejaron su huella los tartesos, los romanos, los visigodos, los árabes y los cristianos, así que le pasa lo que a Mérida: excavar en busca de tesoros es encontrar.

Dónde dormir en Écija

Pues ya que estamos de palacio en palacio, en ningún otro sitio como en Granados Palacio Boutique Hotel, un palacio del siglo XV reconvertido en hotel, todavía propiedad del marquesado de Lises. Sin duda, es para sibaritas: patio cubierto de techo de cristal, columnas de mármol, salones repletos de arte, todo con aire mudéjar y mozárabe, y con olor a jazmín y azahar. Otra opción es Domus Astigi, casa palaciega también del siglo XVIII, con mobiliario de la época, artesonados, azulejos de Triana, patio, biblioteca, terrazas y hasta capilla. Y todo en pleno centro de Écija. Una maravilla.

Así es el Granados Palacio Boutique Hotel. (Cortesía)
Así es el Granados Palacio Boutique Hotel. (Cortesía)

Dónde comer en Écija

Casa Machín, por ejemplo, es un clásico de esos que te dan a probar todas las excelencias del lugar. Se ponen serios con el arroz con bogavante, el cordero lechal al horno y los mariscos de Sanlúcar y Huelva. Y sacan su lado tabernario dándole a lo mejor del tapeo: puntillitas, flamenquines, huevos Machín… Otro imprescindible es La Reja, junto a la iglesia de San Juan, donde te tentarán con el jamón ibérico y el salmorejo, y por supuesto, Las Ninfas, un gastrobar que está dentro del Palacio de Benamejí. Como te imaginarás, hay restaurantes y tascas para no parar. Y no te olvides de las panaderías y sus molletes...

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