En la España de finales de los años sesenta, que una mujer quisiera componer y cantarsus propias canciones no era lo habitual. La industria musical estaba dominada por hombres y las discográficas no solían apostar por artistas femeninas con un proyecto propio. En ese contexto apareció Mari Trini, que con el paso de los años se convirtió en una de las voces más populares de la música española. Pero su importancia fue más allá del éxito: muchos de sus temas introdujeron asuntos que apenas se abordaban —como las expectativas sociales impuestas a las mujeres—. Eso la convirtió en una figura adelantada a su tiempo y en una referencia temprana del feminismo en nuestro país.
"Fue la primera mujer española en grabarsus propias canciones, aunque lo hiciera en Francia", explica Miguel Fernández, autor de ‘Yo no soy esa que tú te imaginas. Mari Trini, una memoria sentimental’, en conversación con Vanitatis. Antes había habido compositoras —como María Ostiz, considerada la primera en España—, pero la murciana fue la primera artista española en llevarlo a cabo. "Mari Trini fue de esas mujeres que dijeron a la discográfica: ‘Yo quiero grabar mis canciones además de componerlas’. Y eso no era lo habitual, porque los directivos pensaban que lo que vendía eran los discos de hombres guapos en la portada".
La cantautora en uno de los reportajes que se hacían en su casa. (Gtres)
El contexto en el que dio ese paso ayuda a entender la dimensión del gesto. "Estamos hablando de una época en la que las mujeres no podían firmar contratos ni abrir cuentas bancarias sin la autorización del marido", recuerda Fernández. Mari Trini, además, era menor de edad cuando se marchó a París para iniciar su carrera musical y pudo hacerlo gracias a un permiso firmado por su padre: "Se fue con su madre y consiguió firmar con una multinacional francesa que había trabajado con grandes artistas". Su nombre comenzó a sonar en España poco después, cuando lanzó su segundo EP. "Fue entonces cuando aquí empezaron a hablar de una española que estaba triunfando en Francia", explica.
En ese EP aparecía la versión francesa de 'Yo no soy esa'. Una canción que con el tiempo terminaría convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de su trayectoria. "Era una reivindicación de que una mujer no tenía por qué ser la que abandonara su carrera o sus aspiraciones", explica Fernández. El mensaje conectó con una sociedad que empezaba a cuestionar los roles tradicionales en plena transición de mentalidades. "Mari Trini llegó a estar más de un año entre los discos más vendidos de España. Se desató una auténtica pasión por ella", señala. A partir de ese momento, su popularidad creció rápidamente y la cantante comenzó a recorrer el país con galas y conciertos.
Mari Trini en una foto de archivo. (Gtres)
Sin embargo, ese éxito masivo no fue lo único que definió su carrera. "En 1972, Mari Trini ya estaba en lo más alto y enarbolaba una propuesta muy clara", explica Fernández. Sus canciones introdujeron en la música popular española temas que hasta entonces apenas se abordaban. "No estaba ligada a ningún credo político concreto. Era algo más transversal: la esencia del feminismo, que afecta a todos los sectores de la sociedad". Además, mantuvo esa línea de "canción feminista" hasta el final de su carrera. Entre sus temas destacan ‘¿Y ahora qué?’, ‘No te preocupes, amor’ o ‘Diario de una mujer’, centradas en la vida y las expectativas de las mujeres.
Pero Mari Trini también rompió moldes en otro aspecto poco visible en aquella época: su orientación sexual. Durante años mantuvo una relación con su pareja, Claudia Lanza, que además colaboraba en su trabajo artístico. "Su nombre aparecía en los créditos de los discos y formaba parte del equipo artístico", explica Fernández. Sin embargo, públicamente se la presentaba como secretaria o colaboradora, una manera de evitar hablar abiertamente de la relación en un contexto social en el que ese tipo de vínculos apenas podían mostrarse con naturalidad. "Era una práctica bastante habitual entonces, lo que hoy llamaríamos invisibilidad lésbica", añade.
Mari Trini en la década de los setenta. (Gtres)
Más allá de su éxito, la figura de Mari Trini abrió camino a otras mujeres en la música española. "El éxito de Mari Trini le abrió la puerta a otras mujeres", explica Fernández. Su popularidad contribuyó a cambiar la mentalidad de la industria y de las propias discográficas, que empezaron a apostar por artistas femeninas: "Rompió un techo de cristal muy importante, no solo a nivel musical, también cultural y social". Con el paso del tiempo, muchos de sus seguidores han reclamado un mayor reconocimiento institucional y han impulsado una petición en Change.org para que el Ministerio de Cultura le conceda la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
El pueblo en el que encontró su refugio para superar la depresión
A finales de los años noventa, lejos del foco mediático que había acompañado gran parte de su carrera, Mari Trini encontró refugio en Sant Cebrià de Vallalta, un pequeño municipio del Maresme barcelonés. La cantante llegó a Cataluña en 1999 atravesando un momento personal muy complicado. "Vino sola, superdeprimida y amargada", recuerda Jordi Rotllan Ruiz, miembro de la familia que terminó convirtiéndose en su círculo más cercano durante aquellos años, en conversación con Vanitatis. "Un albañil la vio tan mal que le dijo que fuera al restaurante de mis padres a comer", explica. Sus progenitores regentaban un restaurante en la zona y, a partir de aquella recomendación casual, la relación empezó a consolidarse.
Desde ese momento, Mari Trini empezó a frecuentar el local y terminó integrándose por completo en la familia. "Se convirtió en una más de la casa", recuerda Rotllan. Y añade: "Fue una persona que se refugió en nosotros para salir de la depresión que tuvo". Con el paso del tiempo, el vínculo se volvió muy estrecho. "La adoptamos como una tía", explica. Incluso cuando la artista regresó a Murcia, siguió manteniendo el contacto y continuó visitándolos con frecuencia: "Mantuvimos el vínculo hasta los últimos días". Aquella etapa en Sant Cebrià fue para ella un periodo de calma y reconstrucción personal tras años de intensa exposición pública.
En el pueblo, además, llevaba una vida completamente normal. "Aquí era una vecina más", explica Rotllan. "Le gustaba ir a tomar su vermut, comprar el pan o pasar por la carnicería". Los vecinos sabían perfectamente quién era, pero respetaban su intimidad: "Nadie se metía con ella". Solo recuerda una escena puntual. En una ocasión, en una carnicería, alguien hizo un comentario despectivo pensando que la cantante no entendía catalán. "Dijeron: 'Mira esta lesbiana'", recuerda. Mari Trini se lo contó a la madre de Jordi y ambas decidieron volver al local: "Entraron, se dieron un pico delante de todos y mi madre dijo: 'Pues ahora yo también soy lesbiana'".
Ese vínculo con Sant Cebrià de Vallalta es el que el municipio quiso recordar hace unos días con un homenaje dedicado a la cantante. El acto reunió a vecinos que la habían conocido personalmente y a otros que simplemente admiraban su música. Entre los momentos más emotivos estuvo la interpretación de "Yo no soy esa" en catalán por parte del dúo "Solo Ellas" —formado por Nuria Quirante y Sonia Poble—, que puso voz a uno de los temas más emblemáticos de su carrera. También estuvo Gonzalo Pérez, hermano de la artista.
En la España de finales de los años sesenta, que una mujer quisiera componer y cantarsus propias canciones no era lo habitual. La industria musical estaba dominada por hombres y las discográficas no solían apostar por artistas femeninas con un proyecto propio. En ese contexto apareció Mari Trini, que con el paso de los años se convirtió en una de las voces más populares de la música española. Pero su importancia fue más allá del éxito: muchos de sus temas introdujeron asuntos que apenas se abordaban —como las expectativas sociales impuestas a las mujeres—. Eso la convirtió en una figura adelantada a su tiempo y en una referencia temprana del feminismo en nuestro país.