Jordi Cruz, chef, sobre como hacer unos espaguetis muy honestos: "Sabores bien trabajados y ese aroma que llena la casa mientras se cocina a fuego lento"
A través de un plato de pasta cargado de tradición y sabor, el chef catalán reivindica una forma de cocinar basada en el tiempo, el producto y la emoción
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Hay recetas que no necesitan reinterpretaciones ni técnicas de vanguardia para emocionar. Jordi Cruz lo demuestra al recuperar uno de los platos que marcaron su memoria culinaria: unos espaguetis con ragú de butifarra.
El chef catalán se aleja aquí del lenguaje más sofisticado de la alta gastronomía para abrazar una propuesta directa, casi doméstica, donde el protagonismo recae en el producto y en el tiempo. “Mi infancia resumida en un plato de pasta”, explica, dejando claro que el valor de esta receta no está en la complejidad, sino en lo que evoca.
La base del plato es tan contundente como reconocible: butifarra catalana desmenuzada y trabajada en sartén hasta que suelta su grasa y se carameliza. El chef insiste en ese punto exacto en el que la carne comienza a dorarse y a desarrollar todo su sabor, un momento clave que, según describe, se percibe incluso por el sonido que produce al tostarse.
A partir de ahí, el plato se construye con uno de los pilares clásicos de la cocina mediterránea: el sofrito. Cebolla pochada lentamente, ajo incorporado en el momento adecuado y un ligero toque picante forman la base aromática. Después, el ragú gana profundidad con hierbas frescas como tomillo y romero, un chorrito de vino rancio, pimentón dulce y una mezcla de tomate concentrado y pulpa de tomate.
La clave, sin embargo, está en la paciencia. El guiso se cocina a fuego mínimo durante unos 45 minutos, en una cocción pausada que permite que todos los ingredientes se integren. Es en ese proceso donde aparece uno de los elementos que el chef más subraya: “ese aroma que llena la casa mientras se cocina a fuego lento”, una idea que conecta directamente con la experiencia emocional de la cocina.
La pasta, cocida en abundante agua con sal, se termina en la propia salsa para que absorba el ragú y no quede desligada del conjunto. El gesto final, casi invisible pero significativo, consiste en colocar queso rallado en el fondo del plato antes de servir, de modo que el calor de los espaguetis lo funda y perfume cada bocado.
Cruz define el resultado como “un plato intenso, delicioso y profundamente reconfortante”, una descripción que encaja con la intención de fondo: reivindicar una forma de cocinar en la que el tiempo y el cuidado pesan más que la espectacularidad.
La propuesta no pretende innovar, sino recordar. Recordar que, más allá de tendencias y técnicas, la cocina también es memoria, identidad y ese tipo de platos que siguen sabiendo exactamente a casa incluso muchos años después.
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