Los Oscar 'anti-Hollywood': cambio, diversidad y derrotas para Glenn Close y Fincher
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Los Oscar 'anti-Hollywood': cambio, diversidad y derrotas para Glenn Close y Fincher

La gala de este año, sencilla y aburrida, supone un importante cambio de rumbo para la meca del cine

placeholder Foto: Glenn Close. (EFE)
Glenn Close. (EFE)

Sencillez pandémica. Menos estrellas pero más diversidad. La gala de los Oscar de este año fue un ejemplo de que Hollywood ya no es (y probablemente nunca volverá a serlo) tal y como lo conocíamos. Y no solo porque la pandemia hizo de esta ceremonia, dirigida por Steven Soderbergh, un plato sin sal, comedido y aséptico. La meca del cine ha cambiado porque las luminarias del cine son las que eran y los que solían ganarlo todo ya no ganan casi nada.

A lo largo de la gala hubo bastantes rastros de este neo-Hollywood. Por ejemplo: un personaje con 'disfraz', de aquellos que solían arrasar, pudo darle a Glenn Close su primer Oscar como mejor actriz de reparto por 'Hillbilly, una elegía rural'. Pero la protagonista de 'Atracción fatal', impecablemente vestida de azul, volvió a irse a casa sin galardón por octava vez. El Oscar fue a parar a manos de la entrañable abuela de 'Minari', Youn Yuh-jung. El mensaje estaba claro: los 'papeles disfraz' y las compensaciones a estrellas sin premio ya no funcionan porque Hollywood, y la propia Academia, ya no son lo que eran.

placeholder Youn Yuh-jung. (EFE)
Youn Yuh-jung. (EFE)

Ya no se premian superproducciones tipo 'Braveheart' (este año han obviado, por ejemplo, a 'Tenet', una de las pocas que llegaron a las salas afectadas por la pandemia) y tampoco se emocionan con los homenajes a su glorioso pasado. Y si no, que se lo pregunten a David Fincher, que también engrosó su lista de derrotas pese a su homenaje al alcohólico guionista de 'Ciudadano Kane', la magnífica 'Mank'.

Foto: Carey Mulligan. (EFE)

La gala empezó fuerte, con unos títulos de crédito a lo Tarantino que acompañaron el paseo de Angela Bassett hacia el interior de la icónica Union Station de Los Ángeles. Un lugar emblemático que se tuneó con unas mesas redondas y otorgó la sencillez pertinente, acorde con la resaca de un año maldito.

placeholder Angela Bassett, en el sencillo escenario.(EFE)
Angela Bassett, en el sencillo escenario.(EFE)

La ausencia de butacas convirtió el escenario de la estación en unos Globos de Oro que no eran los Globos de Oro. Faltaba el lado gamberro de esas galas en las que el alcohol y las bromas corren a su gusto. Los tuiteros también echaron de menos los habituales clips que acompañan la lectura de los candidatos a cada premio, una elección algo incomprensible que se fue corrigiendo a medida que avanzaba la gala.

Hubo, eso sí, emoción y sobrados discursos de inclusión. Uno de ellos a cargo de Emmerald Fennell, directora de una delicia pop sobre la cultura de la violación, 'Una joven prometedora'. Otro, de parte de Chlóe Zhao, que se convirtió en la segunda directora en ganar en la historia de los Oscar años después de Kathryn Bigelow. Algunos pusieron en las redes el humor que faltaba en el escenario y compararon el look de la realizadora con el de la nativa que recogió el Oscar de Marlon Brando por 'El Padrino'. El otrora rey del Dogma 95, Thomas Vinterberg, también conmovió al respetable dedicando el Oscar recibido por la mejor película de habla no inglesa a su hija, que falleció en un accidente de tráfico durante el rodaje de 'Otra ronda'.

placeholder Thomas Vinterberg, junto a su esposa.(EFE)
Thomas Vinterberg, junto a su esposa.(EFE)

A los que vimos la gala desde este lado del charco nos alegró especialmente el Oscar al mejor maquillaje para Sergio López-Rivera. Cabeza visible y pensante del equipo encargado del maquillaje de 'La madre del blues', el español se apoyaba en su chico minutos antes de ser premiado. También confesaba, ante las cámaras de Movistar, su felicidad por la confianza que Viola Davis depositó en él en la película. El Oscar hará que su nombre suene con fuerza en España, donde pocos lo conocían.

placeholder Sergio López-Rivera con sus compañeras del equipo de Maquillaje de 'La madre del blues'.(EFE)
Sergio López-Rivera con sus compañeras del equipo de Maquillaje de 'La madre del blues'.(EFE)

Una vez superado el ecuador de la gala, siguieron muestras de la metamorfosis hollywoodiense. En 2004, la gala que siguió a la muerte de Katharine Hepburn dedicó un momento especial, fuera del In Memoriam, a la icónica estrella. En aquella edición lo presentó, nada más y nada menos, que una entregada Julia Roberts. Los guionistas de esta ceremonia no hicieron lo mismo con dos gigantes que se fueron el año pasado: Olivia de Havilland y Sean Connery. La primera lo merecía por ser la última superviviente del Hollywood dorado. El segundo, por su entidad como uno de los actores que más gente ha llevado al cine. La Academia apenas les dedicó dos segundos a cada uno de ellos. Lo más reverencial hacia el Hollywood pasado fue la presencia de Rita Moreno para recordar su Oscar por 'West Side Story' y anunciar el nombre de la mejor película de la noche.

Foto: Zendaya. (Reuters)

Tal y como estaba previsto, esa victoria fue para 'Nomadland', la película de una directora china que retrata la cara B de un Estados Unidos lleno de nómadas, de supervivientes de una crisis que dejó a tantas personas en la cuneta. El premio principal (aunque este año no fuese el último que se dio, como era la costumbre) refuerza el Hollywood de la evolución, de la inclusión y de las mujeres. Frances McDormand, despeinada y espontánea como siempre, se llevó su tercer Oscar y fue otra de las féminas protagonistas de la ceremonia.

Más allá de 'Nomadland', Kaaluya o Zhao, si hubo un símbolo de que Hollywood ha cambiado, ese fue la aparición de Harrison Ford. La estrella recordó, sobre el minimalista escenario, las malas opiniones de algunos espectadores en los previews de 'Blade Runner'. Comprobar que Han Solo o Indiana Jones (la quinta entrega, por cierto, no tardará en llegar a las salas) ha envejecido tanto nos hizo darnos cuenta de una cosa: los años de las estrellas y los blockbusters premiados quedan cada vez más lejos. La meca del cine nunca volverá a ser la que era, pero probablemente será mucho mejor. O, al menos, mucho más equitativa. La aburrida gala de este 2021 así lo ha demostrado.

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