El 2026 da la bienvenida al 'messy make up', y relega (que no olvida) al 'clean'
Después de todo, si el clean make up representaba el control, el messy make up representa justo lo contrario. Un pequeño caos creativo que, al menos por ahora, parece haber llegado para quedarse.
Durante buena parte de 2025 hubo una palabra que dominó el maquillaje en redes sociales, alfombras rojas y tutoriales: clean. El famoso clean make up se convirtió casi en un uniforme. Piel luminosa pero discreta, base ligera, cejas peinadas hacia arriba, un toque de colorete rosado y labios apenas definidos. La idea era parecer maquillada sin que se notara demasiado, como si la piel simplemente hubiera despertado con ese brillo saludable.
Funcionó. Y funciona muchísimo. Es fácil de replicar, favorecedor y encajaba con una estética general, también en moda y cuidado de la piel, que apuesta por la naturalidad y la sencillez. Pero las tendencias de belleza tienen algo inevitable: cuando una estética se vuelve demasiado perfecta, demasiado pulida, empieza a generar el deseo contrario.
Y ahí es donde aparece el messy make up.
Gucci (Launchmetrics Spotlight)
Si el clean buscaba borrar cualquier rastro de exceso, el messy celebrará este 2026 justo lo contrario: textura, pigmento, mezcla imperfecta y un punto de caos controlado. No es un maquillaje descuidado, sino uno que parece hecho sin obsesionarse con la precisión milimétrica. De hecho, muchas de las versiones que se están viendo ahora se aplican directamente con los dedos.
Las primeras pistas llegaron desde las pasarelas. En las semanas de la moda de Milán y París, varias casas han apostado por maquillajes mucho más intensos y expresivos. En Gucci o en Saint Laurent, por ejemplo, hemos visto ojos prácticamente negros que cubrían toda la cuenca, sombras que se extendían más allá del párpado y pigmentos que se mezclaban con el colorete creando transiciones inesperadas entre mejillas y ojos.
Hace apenas unos meses estos looks habrían parecido demasiado extremos para el día a día. Ahora están por todas partes.
En redes sociales, especialmente en TikTok e Instagram, cada vez más creadoras de contenido están replicando estos maquillajes sin brochas sofisticadas ni técnicas hiper pulidas. Sombras que se difuminan con las yemas de los dedos, colorete aplicado también en los párpados, lápices que se emborronan ligeramente para crear un efecto vivido. El resultado tiene algo deliberadamente imperfecto, casi improvisado. Y precisamente ahí está el atractivo.
Durante años el maquillaje ha estado muy ligado a la idea de perfección: piel sin poros, delineados impecables, contornos milimétricos. El messy make up rompe con esa lógica. No busca ocultar ni transformar el rostro hasta hacerlo irreconocible, sino jugar con él. Cambiar cada día. Probar colores. Mezclar texturas.
También recupera algo que muchas amantes del maquillaje recuerdan con nostalgia: la experimentación.
Hace diez o quince años el maquillaje se usaba de una forma mucho más libre. No había tantos tutoriales que dictaran exactamente cómo debía aplicarse cada producto. Las sombras podían mezclarse sin demasiado miedo, el colorete podía subir hasta la sien y los labios no siempre necesitaban un delineado perfecto. Era, en cierto modo, más creativo.
Saint Laurent (Launchmetrics Spotlight)
El messy make up conecta con esa idea. Y lo hace además en un momento en el que muchas personas han vuelto a disfrutar de tener un buen kit de maquillaje en casa: paletas con distintos pigmentos, cremas, sticks, glosses, lápices. No solo para conseguir un resultado concreto, sino para jugar con ellos.
Porque otra característica de esta tendencia es precisamente esa mezcla de productos y formatos. Un mismo pigmento puede usarse en ojos y mejillas. Un labial puede convertirse en colorete. Las sombras cremosas se aplican con los dedos y se combinan con polvos encima para crear textura.
Nada tiene que quedar completamente pulido.
En los desfiles se ven ojos intensos, a veces en tonos carbón o negro, ligeramente difuminados hacia el exterior. El colorete no está colocado solo en el centro de la mejilla, sino que se expande hacia el pómulo e incluso hacia el párpado, en modo #undereyeblush. Y la piel, aunque sigue siendo luminosa, no está obsesivamente perfeccionada.
Eso no significa que el clean make up vaya a desaparecer de un día para otro. De hecho, muchas rutinas diarias seguirán apostando por ese tipo de maquillaje rápido y natural. Pero sí parece claro que el ciclo estético está cambiando y que el deseo de experimentar vuelve a ganar terreno.
En parte también es una reacción cultural. Después de años de filtros, piel hiper retocada y estándares muy concretos de belleza digital, cada vez más personas se sienten atraídas por looks que no parecen calculados al milímetro. El messy make up tiene algo más espontáneo. Más personal.
No hay una única forma correcta de hacerlo. Algunas versiones apuestan por ojos muy oscuros y difuminados. Otras mezclan tonos rojizos o ciruela entre párpados y mejillas. Incluso hay interpretaciones más suaves en las que simplemente se sustituye el delineado perfecto por una sombra emborronada que da un efecto vivido. La clave no es la técnica perfecta, sino la actitud.
Quizá por eso está conectando tan rápido con la generación que ahora consume y crea tendencias en belleza. Porque permite algo que el maquillaje a veces olvida: divertirse con él. Probar. Equivocarse un poco. Cambiar.
Durante buena parte de 2025 hubo una palabra que dominó el maquillaje en redes sociales, alfombras rojas y tutoriales: clean. El famoso clean make up se convirtió casi en un uniforme. Piel luminosa pero discreta, base ligera, cejas peinadas hacia arriba, un toque de colorete rosado y labios apenas definidos. La idea era parecer maquillada sin que se notara demasiado, como si la piel simplemente hubiera despertado con ese brillo saludable.