Hablamos con María Luisa de Prusia, prima de la reina Sofía: dura decisión que las afecta
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Hablamos con María Luisa de Prusia, prima de la reina Sofía: dura decisión que las afecta

La situación económica agravada por la crisis de la pandemia ha obligado a la aristócrata a echar el cerrojo a uno de sus proyectos más queridos por ella y por la Reina emérita

placeholder Foto: La reina Sofía, con la princesa María Luisa de Prusia en una imagen de archivo. (EFE)
La reina Sofía, con la princesa María Luisa de Prusia en una imagen de archivo. (EFE)

Concordia Antisida echa el cerrojo. Era la crónica de una muerte anunciada. La asociación benéfica, cuya presidenta de honor es S.M. la reina doña Sofía y que regenta la princesa María Luisa de Prusia, no ha podido sostener la presión de la crisis de la pandemia del covid-19 y acaba de anunciar su disolución.

Según explica la aristócrata a este medio: “Nos hemos visto obligados a tomar esta decisión debido a la falta de recursos económicos y apoyo de algunas instituciones”.

El cese de esta actividad conlleva el cierre de las instalaciones ubicadas en San Pedro Alcántara, donde tenían la sede. De esta manera se priva de la ayuda a los usuarios y los familiares que acudían a este centro de día.

Foto: La reina Sofía, con el broche. (Foto: Casa Real)

La noble alemana fundó esta asociación benéfica hace 27 años en Marbella. Su pena pasa ahora por “ver el abandono que van a sufrir las más de 100 personas que en la actualidad estaban siendo beneficiadas de la ayuda de Concordia Antisida”.

placeholder María Luisa de Prusia y su marido, Rudi Schoemburg, en una imagen de archivo. (Getty)
María Luisa de Prusia y su marido, Rudi Schoemburg, en una imagen de archivo. (Getty)

La financiación del ente benéfico ha sido siempre privada, “pero ahora, debido a la crisis económica que atraviesa nuestro país desde hace varios años y a la que se añade también la provocada por la pandemia, nos encontramos sin recursos económicos para seguir ayudando a las personas con VIH/sida y a las personas sin hogar y familias necesitadas de Marbella que acudían a nuestras instalaciones y a las que ofrecíamos asistencia de toda índole y colaboración”, precisa María Luisa de Prusia, que ha intentado por todos los medios salvar está situación sin conseguir un final feliz para su cometido.

La reina Sofía, su mejor recompensa

Uno de los mejores apoyos que siempre ha tenido Concordia ha sido el de la reina doña Sofía, que a su vez es la presidenta honorífica de la asociación. La madre del Rey llegó incluso a visitar a los enfermos en Marbella: “Fue tan inesperada su llegada como agradable”, recuerda ahora su prima. “Pasamos el día visitando a los enfermos de sida del centro de día que tenemos. Los chicos que la veían delante de ellos decían: “¡Pero si es la Reina y está aquí con nosotros!”. Y la besaban las manos, la abrazaban y no se separaban de ella. Mi prima, emocionada, no paraba de llorar con ellos. Fue muy emocionante para todos”.

María Luisa se autocomplace siempre que le decimos el gran parecido que tiene con su prima, la reina Sofía, presidenta de la Asociación Concordia. Esta condesa con mandil lleva la vida de la perfecta aristócrata, dedicada a su familia y a la solidaridad.

En los cincuenta años que reside en Marbella, han pasado muchas cosas por sus ojos: “Pero tengo la suerte de mirarlo todo como un teatro. No me identifico con ellos. Me retiro a mi casa, que es donde está mi vida”.

placeholder La reina Sofía. (EFE)
La reina Sofía. (EFE)

La princesa, que es enfermera, siempre ha sido una luchadora: “Yo no podría vivir aquí jugando al golf, de cóctel en cóctel. Ni pasarme todo el verano debajo de una palmera. Esa no es mi vida. Mi vida es ayudar. La gente cree que una princesa vive de manera diferente. Pero tenemos los mismos problemas que tienen el resto de los humanos”.

La gala más chic del verano

Para recaudar fondos, la Asociación Concordia celebraba una de las galas benéficas más emblemáticas del verano marbellí. Al evento solidario acudía toda la aristocracia europea y era el pistoletazo de salida de las fiestas del verano.

En el año 2014, María Luisa tuvo que dar carpetazo a este sarao del estío por falta de presupuesto. Era el primer aviso de la crisis. Y se sustituyó por un solo evento en San Nicolás. De esta manera, la aristócrata retomó en el mes de diciembre una cena solidaria en la que hasta su esposo, el conde Rudy, se vestía en alguna ocasión del perfecto Nicolás para el disfrute de la ancestral tradición nórdica y el ambiente prenavideño.

Los donativos de esta cena se destinaban en su totalidad a los enfermos de sida. Como la aristócrata nos señala: “Andalucía es la región de más casos de VIH en España y eso no podemos ignorarlo”. Y aunque el sida sigue siendo un azote para la humanidad, ella confía en que las nuevas vacunas que aparezcan sean la salvación para los enfermos que ve sufrir a diario en su centro de día. La aristócrata nos recuerda que “aún la homofobia es la peor arma para combatir el virus del miedo”.

placeholder La reina Sofía, junto a la princesa María Luisa de Prusia en una reunión de la Asociación Concordia Antisida (ACAS). (EFE)
La reina Sofía, junto a la princesa María Luisa de Prusia en una reunión de la Asociación Concordia Antisida (ACAS). (EFE)

La ultima gala más chic del verano

La XX Gran Gala Benéfica, en el Palacio de Babilonia de Olivia Valère, fue la ultima gala celebraba por la princesa. Allí recrearon un ambiente asiático, muy chic y con los personajes más variopintos. Más de trescientas personas, a 300 euros el cubierto, se dieron cita con etiqueta en la noche más solidaria de la temporada.

Voluntarios, colaboradores y muchos incondicionales de la princesa María Luisa de Prusia acudieron un año más a la llamada: amigos como la princesa Beatriz de Orleans, la princesa Beatriz Hohenlohe, la princesa Arianna Teresa Hohenlohe, la marquesa de San Damián, los duques de Sevilla, Gunilla Von Bismarck, Carmen Lomana y Olivia de Borbón.

Eran otros tiempos. Ahora la princesa solo puede perpetuar la esencia de lo que fue su sueño: “Era ya mucho trabajo para mí. Me hago mayor y estoy cansada. Cada vez iba costando más conseguir patrocinadores y era muy difícil que dieran donaciones, así que, aunque me duela el alma, mi equipo y yo no hemos tenido más remedio que echar el cierre a la asociación”. Con Marbella sin sus enigmáticas galas, el verano pinta en bastos.

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