La reina Ana María, Pablo o Alexia de Grecia encabezan el funeral en Atenas de la princesa Irene
La familia griega de la princesa Irene le ha rendido homenaje en la Catedral Metropolitana de la capital griega en un emotivo adiós en el que apenas ha habido ausencias
La Catedral Metropolitana de Atenas ha acogido este lunes de luto en España el funeral por la princesa Irene de Grecia, fallecida el pasado 15 de enero a los 83 años. La ceremonia ha supuesto una imagen poco habitual en la capital helena: la reunión casi al completo de la familia real griega, que ha querido despedirse de Irene en su país natal antes del posterior entierro en el cementerio real de Tatoi, un enclave cargado de simbolismo para la dinastía.
Entre los asistentes en esta lluviosa mañana en Atenas se encontraban los principales miembros de la familia, encabezados por el príncipe Pablo, Nicolás y Philippos de Grecia, que han acompañado el féretro de Irene de Grecia al interior de la catedral. Junto a ellos, junto a la reina Sofía, las infantas Elena y Cristina, Miguel, Pablo e Irene Urdangarin, Victoria de Marichalar y, por supuesto, la Familia Real Española (los Reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía), que han viajado expresamente hasta Atenas para rendir homenaje a la princesa. En último lugar han entrado Ana María de Grecia, sus hija Alexia y Teodora con sus maridos, Carlos Morales y Matthew Kumar, y otros miembros de la familia real griega como Nina Flohr (esposa de Philippos), Chrysí Vardinoyannis (esposa de Nicolás), Tino y Aristides de Grecia o el único hijo varón de la princesa Alexia, Carlos Morales jr.
El actual jefe de la Casa Real griega, Pablo, ha ejercido de anfitrión en la catedral, recibiendo a los asistentes que iban llegando, como el príncipe Alejandro de Yugoslavia y su esposa, Katherina Batis o Christian de Hannover y el hijo de Kalina de Bulgaria, Simeón Hassan. La presencia conjunta de varias generaciones de la familia ha sido uno de los aspectos más comentados del funeral, reflejo del peso que Irene de Grecia tuvo dentro del núcleo familiar y del deseo de rendirle homenaje en un acto muy emotivo. Muchos de ellos llegaron a Atenas la noche del domingo y tuvieron oportunidad de cenar juntos.
El luto riguroso ha marcado la estética de la ceremonia. Las mujeres de la familia han optado por vestidos y abrigos negros de líneas sobrias, sin estridencias, siguiendo el protocolo tradicional, mientras que los hombres han lucido trajes oscuros y corbatas negras. Un código de vestimenta que ha subrayado el tono solemne del acto y que ha reforzado la imagen de respeto y recogimiento con la que la familia ha querido despedir a la princesa.
El funeral ha tenido también una fuerte carga histórica. La familia real griega fue expulsada del país tras la abolición de la monarquía y vivió durante décadas en el exilio. Que el último adiós a Irene se celebre en Atenas y continúe en Tatoi, antiguo lugar de enterramiento de los reyes de Grecia, añade una dimensión simbólica que trasciende lo estrictamente familiar.
La princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía, fue una figura discreta dentro de la realeza europea, alejada del primer plano mediático pero muy presente en la vida privada de la familia. Su fallecimiento ha servido para reunirles de nuevo de forma pública, aunque ha habido notables ausencias, como la del rey Juan Carlos o Felipe de Marichalar y Juan Urdangarin, nietos de la reina Sofía.
La Catedral Metropolitana de Atenas ha acogido este lunes de luto en España el funeral por la princesa Irene de Grecia, fallecida el pasado 15 de enero a los 83 años. La ceremonia ha supuesto una imagen poco habitual en la capital helena: la reunión casi al completo de la familia real griega, que ha querido despedirse de Irene en su país natal antes del posterior entierro en el cementerio real de Tatoi, un enclave cargado de simbolismo para la dinastía.