Cary Grant, el (tacaño) gentleman de Hollywood que dejó huella en España
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Cary Grant, el (tacaño) gentleman de Hollywood que dejó huella en España

El actor británico falleció un 29 de noviembre de 1986 a causa de un derrame cerebral. Su inmortal figura también llegó hasta nuestro país gracias a un rodaje

Foto: Cary Grant en un retrato de los años 40.(CP)
Cary Grant en un retrato de los años 40.(CP)

"Todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant". Con esa sorna explicaba el británico Archibald Alexander Leach lo que sentía ante la figura de su 'alter ego', uno de los grandes galanes de la historia del cine, el guapo cómico por antonomasia. Para muchos cinéfilos, también fue el mejor actor de la historia del cine. Fallecido un 29 de noviembre de 1986, Cary Grant puede presumir, allá donde esté, de tener una de las mejores filmografías jamás vistas. Si le suenan 'La fiera de mi niña', 'Historias de Filadelfia', 'Encadenados', 'Con la muerte en los talones' o 'Charada', es uno de los afortunados que conocen algunas de las mejores películas de la historia. El actor trabajó con Cukor, Hawks, Hitchcock o Stevens. Pocos de los grandes de Hollywood se le resistieron.

En cuanto a su vida personal, las historias sobre él siguen despertando el interés de la prensa y el público. Se ha hablado de su supuesto affair gay con Randolph Scott, de sus cinco mujeres, de su afición por el LSD o de las penurias económicas que sufrió en su infancia y que lo convirtieron en un hombre tacaño. En Hollywood se cuenta que incluso cobraba unos pocos centavos por firmar autógrafos al público. Varias biografías también han relatado sus sufrimiento durante años pensando al dar a su madre desaparecida por muerta. Uno de los episodios felices de la vida de Cary Grant tuvo que ver precisamente con España, país al que llegó para rodar la mastodóntica 'Orgullo y pasión' a mediados de los 50.

El rodaje de la superproducción sobre la Guerra de la Independencia tuvo lugar entre Ávila y Segovia y, entre toma y toma, se vivió una montaña rusa emocional. Dos años antes, la protagonista femenina, una voluptuosa Sophia Loren, se había enamorado de Carlo Ponti. El productor echó un cable a la actriz para que formase parte del reparto, pero casi se arrepiente unos meses después. Ponti no contaba con que Cary Grant coquetease con la chica de sus sueños. El protagonista de 'Con la muerte en los talones' quiso proponerle matrimonio a la Loren y cuentan las malas lenguas que incluso llegó a ridiculizar a Ponti. Ella no solo rechazó las insinuaciones del galán, sino que defendió a su amado con la furia que la caracterizaba en aquellos años. Hubo, por supuesto, otras versiones. Algún miembro del rodaje dijo que, entre paseo y paseo, los dos actores vivieron un apasionado idilio. Pero la primera versión es la que ha prevalecido con el paso de los años.

placeholder Cary Grant y Sophia Loren comiendo en un restaurante de Segovia durante el rodaje de 'Orgullo y Pasión'.(CP)
Cary Grant y Sophia Loren comiendo en un restaurante de Segovia durante el rodaje de 'Orgullo y Pasión'.(CP)

Los que conocieron a Grant durante el rodaje también recuerdan su pasión por uno de los burros que formaban parte del rodaje. Es un hecho que lo primero que Grant quiso hacer al poner un pie en España fue conocer a 'Tesoro', nombre del asno. El resto del anecdotario del galán mientras estaba en un país que durante la posguerra confundía su nombre (muchos lo llamaban Gary en lugar de Cary) es igualmente memorable. Cary Grant se alojaba en el Hotel Palace y encargaba sus camisas a la Camisería Burgos, cuyos empleados siempre elogiaron la humildad con la que comentaba cualquier anécdota con ellos. Entre toma y toma, la estrella también se paseó por el Madrid de 1956 comprobando cómo mujeres, niños y hombres lo reconocían al pasar por lugares tan emblemáticos como la Plaza de Colón. De esto último, de hecho, hay testimonio gráfico, así como de su comida en Segovia con la Loren, imagen que recogemos en este reportaje.

placeholder El actor en uno de los emblemas de su carrera, 'Con la muerte en los talones'.(CP)
El actor en uno de los emblemas de su carrera, 'Con la muerte en los talones'.(CP)

El rodaje de 'Orgullo y Pasión' también se desplazó hasta Santiago de Compostela. Allí se pudo ver al actor vestido de época, rodeado de carruajes y toda la parafernalia de época de la cinta. "Levaba o pantalón todo cheo de merda", declaraba hace unos años Suso Rey, el hostelero de la Facultade de Xornalismo de Santiago, a un medio gallego. Ese pantalón era para él la memoria más viva del paso de Grant por tierras gallegas.

Tras el rodaje en España, a Cary Grant lo siguieron llamando de las productoras, lo cual tenía mucho mérito en un sistema de Estudios que vivía sus últimos días de gloria. Ya alcanzada la madurez y mientras otros de sus coetáneos caían en el olvido, él protagonizaba películas inmortales como 'Tú y yo' (1957), 'Con la muerte en los talones' (1959) o 'Charada' (1963). En última él mismo dijo verse demasiado mayor para enamorar a Audrey Hepburn.

placeholder Junto a Audrey Hepburn en 'Charada', de Stanley Donen.(CP)
Junto a Audrey Hepburn en 'Charada', de Stanley Donen.(CP)

A mediados de los 50, Grant estaba casado con Betsy Drake y aún acumularía dos mujeres más, Dyan Cannon y Barbara Harris, con la que estuvo casado los últimos cinco años de su vida. Su pelo blanco y una imagen más avejentada no disimulaban que, durante unos años, había llegado a estar tan obsesionado con su físico que se sometió a varias operaciones de estética. Su acérrima defensa de la experimentación con el LSD, cuando aún se desconocían los efectos nocivos de la droga, también acabó haciendo mella en su cuidada imagen, aunque nunca perdió la elegancia ni el porte de su más de 1'80 de altura.

Su retiro a mediados de los 60 solo provocó un aumento de su leyenda. El Oscar honorífico que le concedieron en 1970 por toda su carrera, durante la que le habían considerado un mero 'enterteiner', parecía una justa compensación por no tomárselo nunca en serio. Aquella noche de premios, el gentleman por excelencia dejó caer alguna lágrima por sus mejillas y, como ya había aparcado su labor profesional, ni siquiera se molestó en disimular su pelo blanco o esos años que ya empezaban a pesarle. El 29 de noviembre de 1981, cuando preparaba una de sus charlas en el Teatro Adler de Davenport, sufrió un derrame cerebral. Pocas horas después, fallecía en un remoto hospital de Iowa. Reconocido en vida, pese a lo elusivo de su Oscar, Cary Grant pudo comprobar que no solo él quería ser Cary Grant. Todos, absolutamente todos, quisimos serlo en algún momento de nuestras vidas.

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