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Rosiness: la tendencia más femenina de maquillaje que arrasará esta primavera
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Rosiness: la tendencia más femenina de maquillaje que arrasará esta primavera

El rosa está por todos lados y el colorete que siempre ha sido su máximo exponente se extiende por nuevas zonas como el puente de la nariz

Foto: Luminosidad y color se reparten por los pómulos y la mirada (Launchmetrics Spotlight)
Luminosidad y color se reparten por los pómulos y la mirada (Launchmetrics Spotlight)

La primavera viene con un mensaje bastante claro en maquillaje: el rosa vuelve a ocuparlo todo. Pero no como lo conocíamos. No es solo el colorete clásico bien colocado y ya está, sino una forma de usar el color mucho más extendida, casi como si el rubor natural se hubiera amplificado por todo el rostro. A esta tendencia se la está llamando 'rosiness' y, más que una moda puntual, es una manera de maquillar que resulta fácil de adaptar a cualquier edad y estilo.

La idea es sencilla: recuperar ese efecto de “buena cara” que aparece cuando sube ligeramente la temperatura o después de caminar un rato, pero hacerlo de forma controlada. El colorete deja de ser un gesto aislado para convertirse en el hilo conductor del look. Aparece en las mejillas, sí, pero también se desliza hacia el puente de la nariz, se cuela en los párpados e incluso conecta con los labios para crear un conjunto coherente.

Desde Bobbi Brown, con el lanzamiento de sus nuevos sticks de color, insisten bastante en esta forma de trabajar el rostro. La clave no está tanto en el tono, aunque los rosas en todas sus versiones son protagonistas, sino en cómo se aplica. El maquillaje ya no busca estructuras muy marcadas ni contornos evidentes, sino capas ligeras que se puedan modular fácilmente.

"Aquí entran en juego formatos como los sticks, que simplifican bastante la rutina. Son pequeños, fáciles de llevar encima y, sobre todo, permiten aplicar el producto directamente y difuminar con los dedos sin complicaciones", explica Will de Freitas, make up artist de Bobbi Brown. Esto, que parece un detalle menor, cambia bastante la manera de maquillarse: elimina brochas, reduce el margen de error y hace que el resultado sea más natural.

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placeholder El uso tradicional del colorete (Imágenes: Launchmetrics Spotlight)
El uso tradicional del colorete (Imágenes: Launchmetrics Spotlight)

Además, este tipo de fórmulas suelen incorporar ingredientes de tratamiento, como el ácido hialurónico, que aporta hidratación y evita ese acabado seco que a veces dejan los polvos. En la práctica, esto se traduce en una piel más jugosa, con un brillo suave que no resulta excesivo. No es un glow evidente, sino algo más cercano a la textura real de la piel cuando está bien cuidada.

Otra de las ventajas es el control del color. Frente a algunos coloretes líquidos que pueden resultar difíciles de dosificar, estos formatos permiten construir la intensidad poco a poco. Se puede empezar con una capa muy ligera con los dedos y añadir más producto solo donde haga falta. Esto encaja bastante bien con la tendencia actual, que apuesta por maquillajes menos rígidos y más adaptables. ¿Qué quieres más pigmento? "En vez de con dedo aplícalo con una brocha", la fibra hace que se mantenga más el color y resalte sobre la piel".

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placeholder En las sombras o en la zona superior del pómulo (Imágenes: Launchmetrics Spotlight)
En las sombras o en la zona superior del pómulo (Imágenes: Launchmetrics Spotlight)

En cuanto a la aplicación, hay varias formas de llevar este efecto rosado sin que resulte demasiado evidente. La más básica sigue siendo la de siempre: concentrar el color en el centro de la mejilla y difuminar hacia el exterior. Pero ahora se añaden pequeños gestos que marcan la diferencia. "Por ejemplo, aplicar un tono ligeramente más intenso en la parte alta del pómulo para dar volumen o extender un resto de producto hacia el puente de la nariz para unificar el conjunto". Que proporciona ese efecto besada por el sol.

También se está viendo mucho la combinación de tonos. "Un rosa más vivo en la mejilla, tipo fucsia suavizado, y un tono más cálido o ligeramente bronceado justo debajo del pómulo para aportar dimensión sin recurrir al contouring clásico", explica. El resultado es más suave, menos evidente, pero igualmente favorecedor.

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El acabado puede ajustarse según el gusto. Si se busca algo más luminoso, basta con añadir un toque de iluminador en puntos estratégicos, como el hueso del pómulo o el arco de la ceja. Si no, el propio brillo del producto suele ser suficiente, sobre todo cuando incluye pigmentos perlados muy sutiles que reflejan la luz sin marcar textura.

Otro punto interesante de esta tendencia es su versatilidad. El mismo producto puede usarse en mejillas y labios, lo que simplifica bastante el neceser y ayuda a mantener una estética uniforme. Un toque de gloss encima y el maquillaje queda resuelto en pocos minutos.

La primavera viene con un mensaje bastante claro en maquillaje: el rosa vuelve a ocuparlo todo. Pero no como lo conocíamos. No es solo el colorete clásico bien colocado y ya está, sino una forma de usar el color mucho más extendida, casi como si el rubor natural se hubiera amplificado por todo el rostro. A esta tendencia se la está llamando 'rosiness' y, más que una moda puntual, es una manera de maquillar que resulta fácil de adaptar a cualquier edad y estilo.

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