Desmontando a Melania Trump tras el asalto al Capitolio: el paradigma del lujo inconexo
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Desmontando a Melania Trump tras el asalto al Capitolio: el paradigma del lujo inconexo

Analizamos el legado fashionista que ha dejado la esposa de Donald Trump en su paso por la Casa Blanca

placeholder Foto: Melania y Donald Trump. (Reuters)
Melania y Donald Trump. (Reuters)

Si tuviéramos que definir el armario de Melania Trump, apostaríamos por dos adjetivos: lujoso e inconexo. Mientras que Jackie Kennedy nos legó sus sombreros y Michelle Obama sus cárdigan, Melania deja tras de sí impolutos y exquisitos looks que, sin embargo, carecen de un vínculo común. Lo cierto es que su armario ha sufrido tantos tropiezos, desde la polémica parka de Zara con mensaje inadecuado hasta su look colonial, que muchos aseguraron que el papel de Melania Trump era en realidad entorpecer el mandato de Trump. De hecho, el que Melania se haya puesto siempre lo que se le ha antojado sin preocuparse por las críticas ha sido el responsable de que la gente haya examinado cada uno de sus looks haciendo uso de su particular prisma político, que por supuesto ensucia el resultado final, pues cada uno lee lo que quiere leer.

Para los que apoyan a Donald Trump, la primera dama ha sido un icono de moda. Para sus detractores, una gélida e insensible mujer que ha empleado la moda para reforzar su indiferencia hacia lo que ocurre fuera de su burbuja de cristal privilegiada. Mientras que su marido es conocido por sus mensajes nacionalistas, Melania decidió pronto que no sería únicamente la moda americana la que compondría su armario. Su predecesora se esforzó por dar visibilidad a marcas emergentes y a hacer de las firmas low cost formar parte de su fondo de armario, pero Melania Trump prefirió que el lujo europeo fuera su sello de identidad.

Abrigos florales de Dolce & Gabbana de cinco cifras y tacones vertiginosos demostraban que su objetivo era ser vista como una auténtica diva, y sus decisiones más sorprendentes en los momentos más delicados de su marido no hacían más que aumentar las incógnitas acerca del porqué de sus elecciones de estilo. Cuando el escándalo de ‘Grab them by the pussy’ estalló, eligió una camisa rosa pussy bow, dejando de esta forma al mundo sin palabras. ¿Era una muestra de apoyo a Trump o a las mujeres? Al apostar por un traje blanco de Christian Dior cuando salieron a la luz los rumores de una aventura entre Donald y la actriz porno Stormy Daniels, parecía que hacía un guiño al uniforme de Hillary Clinton en el momento menos adecuado posible.

En definitiva, el armario de Melania es un puzle cuyo resultado y lecturas finales solo ella conoce. Como señala la periodista de moda Vanessa Friedman, precisamente son sus looks los que más significado han tenido, “no porque sea una mujer, sino porque desde las elecciones, apenas ha hablado". Por eso el puzle fashionista de Melania ha sido el más complicado, entretenido y misterioso de la historia de las primeras damas: porque nunca sabremos ni cuál era su verdadero mensaje, ni siquiera, si lo había. El problema principal es que mientras que no es tan extraño que Melania quiera llevar lo que le venga en gana, al ser la primera dama hay tras cada una de sus decisiones un equipo de asesores que, como indicó su estilista Hervé Pierre a ‘WWD’, en realidad nunca se preocupó por darles a sus looks un significado.

Por ello, al apostar por un abrigo de Burberry cuando el debate del Brexit estaba en un momento especialmente delicado, no lo hizo con la intención de querer mandar ningún mensaje. “Si tuviera que pensar en todas esas cosas cuando veo vestidos y looks, me volvería loco”, afirmó el estilista a 'WWD' sin ser consciente de que su papel era precisamente ese: ir más allá de la estética para asegurarse de que sus outfits no fueran una fachada vacía.

Hay quienes dicen que ahora Melania podría lanzar un libro en el que narrara sus aventuras y desventuras como primera dama y quienes creen que planea una millonaria entrevista en exclusiva. También están los que estiman que una línea de moda o incluso una campaña junto a Dolce & Gabbana, una de sus marcas fetiche, cuyos diseñadores son, además, fervientes admiradores de la exmodelo, podrían ser sus siguientes pasos.

Lo único que sabemos es que Melania seguirá apostando por el lujo, por más que este lleve tiempo dándole la espalda, dejando claro que su lema siempre será el de "sea yo pudiente, ríase la gente". Nuestra Maria Antonieta particular siempre preferirá los Chaneles a los pasteles, y lo único que nos queda claro de su futuro es que no pedirá jamás perdón por ninguno de sus looks del pasado. Al fin y al cabo, ese es el privilegio de ser Melania Trump: hacer lo que le venga en gana en cuestiones de moda. Mientras no se ponga un gorro de pelo con cuernos, al menos parece que su armario no será motivo de análisis durante una buena temporada...

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