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Viaja a las islas: por qué tienes qué ir ya a La Palma y alojarte en esta exquisita hacienda

Esta isla de nuestras queridas Canarias es un paraíso se mire por donde se mire. Desde la Caldera de Taburiente, desde sus volcanes, la coquetísima capital o desde este lujoso hotel

Foto: La Hacienda de Abajo es un vergel repleto de plataneras. (Cortesía)
La Hacienda de Abajo es un vergel repleto de plataneras. (Cortesía)

La llaman la Isla Bonita, así que prepárate para lo que te espera. Por ejemplo, un atardecer que es puro espectáculo, del amarillo al naranja y rojo para acabar en el azul oscuro casi negro, de película, y que puedes vivir en Fuencaliente, El Paso, Los Llanos de Aridane o Tazacorte. La Palma bien podría ser el escenario de una novela de Gabriel García Márquez, por supuesto, entre plataneras (el plátano, ya se sabe, de Canarias). Pero esto no es Colombia, sino el extremo más noroccidental de las Islas Canarias, provincia de Santa Cruz de Tenerife. Una Reserva de la Biosfera, porque los paisajes son francamente de alucinar, y Reserva y Destino Starlight, o sea, un cielo prémium para ver las estrellas (aquí está uno de los mejores telescopios del mundo, en el Roque de los Muchachos). Dicen de ella que es alta, bella, escarpada y maravillosa. Nos vamos a comprobarlo. ¿Para dormir? Una vieja hacienda azucarera que es un delicioso hotel.

El hotel Hacienda de Abajo es igual a La Palma. (Cortesía)
El hotel Hacienda de Abajo es igual a La Palma. (Cortesía)

Mucha magia y el #EfectoLaPalma

Se habla hasta del #EfectoLaPalma, porque esta isla va asociada inevitablemente a la magia y el buen rollo. Será la laurisilva, serán los volcanes, será la impresionante Caldera de Taburiente, que no es el único parque natural; serán las playas o será la capital isleña, Santa Cruz de la Palma, que es conjunto histórico-artístico, con sus calles adoquinadas y sus casas de estilo colonial. Atención, porque en esta isla no ya bonita sino preciosa, y que por cierto es la patria del gran Manolo Blahnik, que pone dicha magia en los pies, la espectacularidad es máxima.

La Cascada de Los Tilos. (Visit La Palma/Saúl Santos)
La Cascada de Los Tilos. (Visit La Palma/Saúl Santos)

Una hacienda azucarera del siglo XVII

La Hacienda de Abajo (www.hotelhaciendadeabajo.com) no es un hotel al uso, ni mucho menos. Se trata de un complejo de cuatro edificaciones que albergan 32 habitaciones, decoradas con obras de todos los siglos, que no son sino “el fruto de la histórica actividad mercantil de la isla y de la pasión por el arte de sus propietarios”, tal y como nos hacen saber. Además es patrimonio histórico del archipiélago, lo que salta a la vista, rodeado como está de plataneras, con un exuberante jardín botánico y con vistas al poderoso Atlántico. Un lugar paradisiaco y muy literario que encontrarás en Tazacorte, al oeste de la isla de La Palma. Precio: desde 207 euros.

Una habitación de la Hacienda de Abajo. (Cortesía)
Una habitación de la Hacienda de Abajo. (Cortesía)

Placeres solo para adultos

Los más pequeños de la casa tendrán que esperar a cumplir los 16 para experimentar las sensaciones de alojarse aquí, en este vergel que da sombra a una piscina exterior de agua salada, a una casa de baños, donde entregarse a los placeres del jacuzzi, la sauna, los tratamientos de belleza y los masajes, y un restaurante que se llama El Sitio, para deleitarse con la gastronomía local. El plan no podía ser más epicúreo.

Un rinconcito del restaurante El Sitio de esta hacienda. (Cortesía)
Un rinconcito del restaurante El Sitio de esta hacienda. (Cortesía)

De la Caldera de Taburiente a las arenas negras

La Palma hay que pateársela, pisando los senderos que la atraviesan. Hay que hacer la ruta de los volcanes, perderse en el Bosque de los Tilos y, cómo no, adentrarse en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. No sin antes (o después) recorrer las playas de arena negra y bucear en sus preciados fondos marinos.

Un mirador en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. (Foto: Visit Palma/Saúl Santos)
Un mirador en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. (Foto: Visit Palma/Saúl Santos)

Resérvate un fin de semana... o una semana

Para un finde, desde Visit La Palma (www.visitlapalma.es) recomiendan hacer una ruta en coche por el centro de la isla hasta el Roque de los Muchachos y regresar por el lado oeste, el primer día. Y visitar los Tilos (San Andrés y Sauces), el Mirador Cumbrecita (El Paso) y los volcanes del sur, el segundo. Si tienes suerte y alargas tus vacaciones una semana, entonces tuya es la isla, de norte a sur y de oeste a este, pasando por el centro.

Balcones en Santa Cruz. (Visit La Palma/Saúl Santos)
Balcones en Santa Cruz. (Visit La Palma/Saúl Santos)

El plátano, pieza de museo

¿Una curiosidad de La Palma? Hacer del plátano una pieza de museo. Y no es broma, porque esta isla es, entre las canarias, la que mayor producción tiene proporcionalmente de esta planta. Y presume de ello. Hasta el punto de haber creado un Museo del Plátano con el fin de divulgar el origen de esta fruta, sus cualidades dietéticas, cómo se organiza el transporte desde Canarias hasta el resto del mundo, las plagas que la amenazan, las variedades que existen, el proceso de recolección y empaquetado, las historias humanas que se han articulado en torno a él y un sinfín de anécdotas, muchas de ellas acompañadas por fotografías, imágenes y herramientas y aperos históricos.

Ubicado en una tradicional casa canaria de dos plantas, el Museo del Plátano abrió sus puertas en 2004, en la localidad palmera de Tazacorte, para que el visitante descubriera la repercusión que esta planta ha tenido (y tiene) en la sociedad y la economía de La Palma. Se organizan proyecciones, conferencias y talleres de cocina, y se puede contemplar también una sala de objetos artesanos hechos con la piel curtida del plátano. Y, como colofón, lo mejor es subir a la azotea y divisar el inmenso y verde manto verde que teje la infinidad de plataneras que se extienden desde Tazacorte hasta el mar, sólo salpicado por singulares edificaciones, muchas de ellas centenarias. Es el caso de la antigua y restaurada Hacienda de Abajo, del siglo XVII, también en Tazacorte, hoy convertida en un hotel de cinco estrellas que ha merecido un galardón de Europa Nostra por la recuperación y difusión del patrimonio palmero. Y así hasta que el viajero entiende por qué el plátano está íntimamente unido a la identidad de la llamada “isla bonita”.

Biológico y sostenible

Está claro que La Palma tiene a la industria del plátano como una de sus principales fuentes de riqueza, junto con el turismo, pero es que también es pionera en el cultivo biológico y sostenible de esta planta, con la que también se elaboran productos artesanales, postres, licores, etc. Renovarse o morir es uno de sus lemas. Y lo aplican perfectamente, con un plus de I+D, a la industria platanera. Y si no, que se lo pregunten a los trabajadores de la marca Gabaceras, que ha recibido, por tercer año consecutivo, el reconocimiento de los consumidores con el premio Sabor del Año 2017.

Con ellos hemos ampliado y experimentado en vivo y en directo todo lo aprendido en el Museo del Plátano. Se encuentran en Tazacorte, muy cerca del Museo del Plátano, y hemos tenido la oportunidad de ver “in situ” cómo es el día a día de la gente del campo, los que miman a diario esta planta de sabroso y codiciado fruto, y seguir todo el proceso, desde que se recoge la piña de plátanos en la plantación -pesa de 50 a 70 kilos cada una- hasta que llega a las más exigentes mesas de medio mundo. En una decidida apuesta por la agricultura biológica y la sostenibilidad. Ya lo hemos dicho: renovarse o morir.

Los trabajadores de Gabaceras, y seguramente los de cualquier otra empresa platanera, te van a explicar, si lo solicitas, todo lo que quieras saber sobre esta deliciosa industria: ¿Cómo es el proceso de recolección? ¿Lo hacen a mano o a máquina? ¿Cuándo es mejor: cuando están aún verdes o amarillos? ¿Por qué son tan características las motitas negras de la piel? Todo un fascinante universo que los agricultores de Gabaceras, y de toda la isla, te mostrarán encantados de la vida. Porque es su historia.

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