La curiosa iglesia asturiana que tiene dentro un skatepark: con paredes de colores, vidrieras y de estilo neorrománico
Aunque actualmente el recinto permanece cerrado por reformas, su historia sigue despertando curiosidad entre viajeros y aficionados al skate de todo el mundo
En el corazón de Asturias existe un lugar que rompe todos los esquemas de lo que se espera encontrar dentro de un templo religioso. Allí donde durante décadas resonaron cantos y plegarias, hoy se escuchan ruedas deslizándose sobre rampas de madera y el golpe de las tablas contra el suelo. Se trata de la antigua Iglesia de Santa Bárbara, un edificio histórico que ha pasado de ser un espacio espiritual a convertirse en uno de los skateparks más sorprendentes de Europa.
El templo se encuentra en el municipio de Llanera y fue construido en 1912 como parte de una colonia obrera vinculada a la industria de explosivos de la zona. Su arquitectura de estilo neorrománico, con muros de tonalidades rojizas y una estructura sólida, parecía destinada a resistir el paso del tiempo. Sin embargo, el declive de la actividad industrial y la despoblación acabaron por cerrar sus puertas al culto, dejando el edificio abandonado durante décadas.
La historia cambió en 2007, cuando el empresario ovetense Ernesto Fernández adquirió el inmueble con la idea de darle una nueva vida. Amante del skate y miembro del colectivo Church Brigade, decidió transformar el interior del templo en un espacio dedicado a este deporte urbano. Así, la nave central pasó a convertirse en una enorme pista de madera, mientras que los arcos y las bóvedas comenzaron a servir de escenario para acrobacias y saltos imposibles.
El proyecto dio un giro definitivo cuando el artista Okuda San Miguel, cuyo nombre real es Óscar San Miguel Erice, visitó el lugar y quedó fascinado por su potencial. Inspirado por la idea de convertir el templo en un gran lienzo, propuso intervenir el interior del edificio con su característico estilo geométrico y colorista. Tras recibir el apoyo del colectivo, el artista lanzó una campaña de micromecenazgo para financiar el proyecto y, en apenas una semana de trabajo, transformó por completo la identidad del espacio.
Las paredes se llenaron de figuras geométricas, colores vibrantes y símbolos que contrastan con la arquitectura original del edificio. Entre ellos destaca la llamada “kaos star”, una especie de rosa de los vientos que simboliza la idea de encontrar el propio camino sin importar dónde esté el norte. La luz que entra a través de las vidrieras intensifica el juego de colores, creando un ambiente único que mezcla arte contemporáneo, arquitectura histórica y cultura urbana.
El resultado de esta fusión recibió el nombre de Kaos Temple. Desde su inauguración, el lugar se convirtió en un punto de referencia para skaters y amantes del arte urbano, además de un ejemplo de cómo el patrimonio arquitectónico puede reinventarse sin perder su capacidad de reunir a la comunidad.
En el corazón de Asturias existe un lugar que rompe todos los esquemas de lo que se espera encontrar dentro de un templo religioso. Allí donde durante décadas resonaron cantos y plegarias, hoy se escuchan ruedas deslizándose sobre rampas de madera y el golpe de las tablas contra el suelo. Se trata de la antigua Iglesia de Santa Bárbara, un edificio histórico que ha pasado de ser un espacio espiritual a convertirse en uno de los skateparks más sorprendentes de Europa.