Daniel, hijo de David Summers, en su primera entrevista: "Quiero forjar mi propio camino"
Daniel Summers nos cuenta por primera vez la historia de su banda formada por un actor de Élite, el bajista de Taburete y con la unión del hijo de un conocido presentador. Así son Los Teckels
Pronunciar “Summers” evoca un entramado de referencias culturales que atraviesan décadas y disciplinas. Manuel Summers, en los años sesenta, obtuvo la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián con ´Del rosa al amarillo´, película que combina sátira y sensibilidad social en un momento en que el cine español comenzaba a dialogar con corrientes europeas de realismo y humor crítico. Quién habría anticipado que aquel director, guionista, productor y dibujante pavimentaría, de manera silenciosa, el terreno sobre el que su hijo se convertiría en un emblema de la Movida madrileña: sin cardados imposibles, sin excesos ni poses impostadas, pero con un estilo que definió un ethos generacional.
Hombres G se divertía en el escenario, sin comprender muy bien lo que sucedía, pero todos los días recibían mil cartas; así dieron forma a un fenómeno fan mientras trazaban un lenguaje propio que, más de cuarenta años después, sigue generando adhesión y devoción a través de sus canciones.
Entrar en el universo Summers es penetrar un universo tangible: caricaturas y dibujos de Manuel, que revelan su maestría en el trazo y la ironía, dialogan con portadas de algunas de sus películas, mientras vitrinas colmadas de discos de oro y platino atestiguan la trayectoria de David; guitarras y baterías que han acompañado himnos, estudios que custodian las sutilezas y los matices de grabaciones emblemáticas.
Todo parece suspendido entre memoria y creación, entre tiempo vivido y tiempo imaginado. Y, sin embargo, un elemento rompe la solemnidad del legado para recordarte que la historia sigue viva: un cuadro firmado por su hijo Daniel, el más joven del clan, discreto pero revelador, testimonio de un don heredado de su abuelo, aunque apenas un guiño frente al escenario de su verdadera vocación: la música. Esa pieza anuncia el nacimiento de un artista que, respetando la herencia, empieza a delinear sus propias partituras y a inscribir nuevos capítulos sobre una melodía que ya comienza a resonar.
David Summers ha protegido siempre su intimidad y, por extensión, la de sus hijos, Lucía y Daniel. Hoy, sin embargo, es Daniel quien abre las puertas de ese universo familiar —no solo de ladrillo y madera, sino de memoria y creación— por un motivo que marca su propia independencia: ha comenzado a construir su camino, siguiendo la estela de su padre, rodeado de arte, pero forjando un lenguaje propio que durante años ha ido moldeando en silencio hasta formar el grupo musical Teckels. Por primera vez, Vanitatis acompaña a Daniel Summers en la génesis de una banda que surge de una amistad insólita y de una voz propia, un relato que comienza a desplegarse ante los ojos del mundo.
Guadaño: Taburete nació entre amigos y creció mucho; en este proyecto siento esa misma chispa
“Es muy bonito que una amistad nazca del arte y que la música sea el centro común”, explica Summers mientras observa a su compañero de grupo, Álvaro de Juana —actor de profesión y músico por pasión—. Sus caminos se cruzaron gracias a Mateo Luqué, actor, periodista e hijo de Goyo González, que recuerda aquel primer encuentro: “Alvaro y Dani son dos grandes personas, cada uno con su carácter y sus particularidades. Desde que los vi juntos supe que de ahí surgiría una gran amistad y, también, un vínculo musical” retrata Luqué.
A esta unión se suma Daniel Guadaño, bajista de Taburete, cuya experiencia con dicha banda le recuerda al último año vivido junto a Los Teckels: “Con Taburete todo empezó como un juego entre amigos y terminó creciendo hasta convertirse en algo muy grande. En este nuevo proyecto siento la misma chispa: tocar por disfrutar, sin pensar en la industria ni en el resultado. Esa sinceridad suele ser la que conecta más con la gente”, afirma Guadaño.
El próximo 1 de octubre, Los Teckels se subirán al escenario del Wizink Center —actual Movistar Arena— en un concierto solidario que reunirá también a Hombres G, Los Secretos, Rozalén, Antonio Orozco y otros referentes imprescindibles de la música española. Dani y Álvaro confiesan que han intentado en varias ocasiones que Mateo Luqué se incorpore de manera permanente a la banda, aunque, por el momento, él solo los acompañará al piano en esta cita especial. “Es un escenario imponente, pero también cargado de magia. La primera vez impresiona; sin embargo, cuando te dejas envolver por la energía del público, la experiencia se transforma. Volver allí me emociona porque siempre implica un reto y un privilegio”, concluye Guadaño, que ya ha pisado el mismo escenario junto a Taburete.
Álvaro de Juana: El trabajo interpretativo es algo artesanal que poco tiene que ver con la fama
Los integrantes de Los Teckels provienen de trayectorias muy diversas, pero confluyen en un eje común: la humildad. Dani Summers creció en una casa donde el éxito ya estaba consolidado cuando él llegó. “Nunca he percibido la parte mediática de la fama; siempre he admirado el talento de mi padre y la fortuna de poder vivir de la pasión, de disfrutar haciendo música y compartiéndola con amigos”, comenta Summers.
Dani Summers: Mi padre siempre me ha enseñado buena música
Álvaro, por su parte, comenzó con apenas ocho años actuando en musicales como El Rey León, y desde entonces no ha dejado de trabajar, aunque su oleada de popularidad llegó tras su participación en Élite. “El trabajo interpretativo es un trabajo muy artesanal que poco tiene que ver con la fama o los focos. Es un ejercicio de humildad: en lugar de modelar barro, moldeas emociones. Creo que sucede lo mismo con la música y la composición: ambas formas artísticas conectan a las personas, generan empatía, conmueven y animan. He vivido momentos de absoluta plenitud sobre un escenario o las tablas de un teatro, algo que no he experimentado en una alfombra roja”, relata Álvaro de Juana.
Por ello, los tres integrantes de Los Teckels han sabido a la perfección como unir sus talentos, llevan un año trabajando en silencio, tocando en diferentes lugares de Madrid y componiendo. “Desde niño siempre he compuesto, de hecho aprendí a tocar la guitarra porque sentía que era una forma de acompañar las letras que escribía. Cuando conocí a Dani y vi que a él le había pasado lo mismo, que también tenía muchas canciones guardadas fue como una señal” relata De Juana. Ahora tienen un total de casi veinte canciones grabadas que dentro de muy poco verán la luz.
Dani, que de pequeño soñaba con ser Angus Young - guitarrista de AC/DC-, lo explica así: “Mi padre siempre me ha enseñado buena música. Siempre dice que no es lo mismo copiar que dejarse influir. Los Beatles empezaron porque admiraban a figuras como Chuck Berry o de Little Richard. Todos necesitamos referentes que nos inspiren. En nuestro caso, tenemos muchas influencias de los sesenta y setenta”.
Álvaro matiza: “Somos bastante cañeros. Aunque ahora otros estilos acumulen millones de escuchas, creo que también están surgiendo bandas muy buenas y que los jóvenes siguen disfrutando del directo, valoran la instrumentación”. Lo dicen mientras adelantan uno de sus temas, interpretado sin artificios, sin delay ni efectos, solo con la crudeza de la sala de ensayo.
Las afinidades musicales se extienden también a Daniel Guadaño. “Mis referentes han sido muy variados: desde Paul McCartney, que me enseñó lo melódico que puede llegar a ser un bajo, hasta John Paul Jones de Led Zeppelin, con esa mezcla de técnica y groove. También me marcaron los bajistas de funk y soul. Creo que mi estilo se ha ido nutriendo de todos ellos, buscando siempre un equilibrio entre sostener y aportar personalidad”. Su testimonio confirma que, más allá de la amistad, en Los Teckels late un verdadero vínculo musical.
Para Dani, además, la música ha tenido un valor íntimo, incluso sanador. “La ciencia puede tratar ciertas enfermedades, pero hay realidades como el TEA (Trastorno del Espectro Autista) en las que el arte resulta fundamental, porque actúa como una medicina”, confiesa. De ahí que participe también en Rock A LA PAR, un grupo vinculado a la fundación del mismo nombre.
La herencia artística atraviesa generaciones: Dani ha recibido de su padre la música y de su abuelo el dibujo. “Pinto mucho entre semana; es otra forma de expresarme. Tanto la música como el arte son fuentes que acompañan procesos terapéuticos y de desarrollo”, cuenta. No es casual que cite a Augusto Ferrer-Dalmau, pintor de batallas reconocido internacionalmente, que ha impulsado un taller de arte e historia dentro de la Fundación A LA PAR. El proyecto, que lleva su nombre, busca abrir la creación pictórica a personas con discapacidad intelectual.
Y así, entre acordes, trazos y silencios que se hacen música, Los Teckels se configuran como la continuación de un legado, pero con voz propia. Daniel (guitarra), Álvaro (voz y bajo) y Guadaño (batería) construyen un universo donde la amistad, la pasión y la disciplina se entrelazan, recordando que la herencia no es un peso, sino un impulso para explorar nuevos territorios. Y mientras sus melodías empiezan a resonar más allá del estudio, queda claro que lo que hoy nace, mañana podría convertirse en un referente para quienes buscan la música como puente entre memoria, emoción y creación.
Si quieres colaborar con Cris Contra El Cáncer y acudir al concierto: https://www.movistararena.es/informacion?evento=concierto-solidario-cris-contra-el-cancer
Pronunciar “Summers” evoca un entramado de referencias culturales que atraviesan décadas y disciplinas. Manuel Summers, en los años sesenta, obtuvo la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián con ´Del rosa al amarillo´, película que combina sátira y sensibilidad social en un momento en que el cine español comenzaba a dialogar con corrientes europeas de realismo y humor crítico. Quién habría anticipado que aquel director, guionista, productor y dibujante pavimentaría, de manera silenciosa, el terreno sobre el que su hijo se convertiría en un emblema de la Movida madrileña: sin cardados imposibles, sin excesos ni poses impostadas, pero con un estilo que definió un ethos generacional.