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Las disculpas de Tita Cervera a Blanca Cuesta
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Las disculpas de Tita Cervera a Blanca Cuesta

Carmen Cervera quiere tender un puente para retomar la relación con su hijo. Al menos eso dicen las amistades que tratan más a la baronesa que

Foto: Las disculpas de Tita Cervera a Blanca Cuesta
Las disculpas de Tita Cervera a Blanca Cuesta

Carmen Cervera quiere tender un puente para retomar la relación con su hijo. Al menos eso dicen las amistades que tratan más a la baronesa que de un tiempo a esta parte se ha convertido en el reclamo de cualquier encuentro social. Acudió al cumpleaños de Sara Montiel y al preguntarle por el tema filial, dijo: “Adoro a mi hijo”.

Una semana después, se dejó caer en la convocatoria joven del Club Siglo XXI que con tanto acierto dirige Paloma Segrelles (hija) y que, por cierto, ya se ha reincorporado a su vida laboral sin tomarse completa la baja maternal. A diferencia de otras ociosas mamás del colorín, Segrelles no abandona sus responsabilidades y lo compagina con la vida familiar como el 90% de las mujeres. Como era de esperar, tras el coloquio, a la baronesa le volvieron a preguntar por el hijo querido y la respuesta fue más de lo mismo: “Adoro a mi hijo”.

El caso es que la frase forma parte ya del ideario personal que rodea a la baronesa junto al “no a la tala” y “no a la nuera”. Madre e hijo llevan más de un año sin hablarse y ni tan siquiera el anuncio (sin exclusiva por medio) del nuevo embarazo de Blanca ha solucionado nada.

La denuncia que interpuso la baronesa contra ellos sigue su curso. No hay variación y, por supuesto, tampoco intención de retirarla. Y eso que según parece las declaraciones de Borja y Blanca ante el juez fueron bastante aclaratorias. A veces la realidad televisiva no tiene que ver con la realidad judicial, que es la que interesa. De ahí que las declaraciones de amor públicas de Carmen Cervera no sirvan para mucho y por eso, la labor de los emisarios cada vez se complica más.

En estos momentos, la pareja está volcada en reorganizar su vida. Quieren comprar una casa en Madrid, en La Finca, una urbanización de megalujo donde viven importantes empresarios, futbolistas y millonarios que prefieren pagar un congo por la seguridad que hay en este recinto a la ostentación pública de La Moraleja. Y tal y como está la situación, la pareja tampoco quiere encuentros desagradables en los restaurantes y tiendas de lujo de los alrededores del domicilio de mamá/ baronesa.

El caso es que Borja y Blanca han dado un giro a su vida. Puede ser que las responsabilidades paternas hayan hecho madurar al joven Thyssen, que desde hace unos meses no parece que viva de vacaciones eternas. El reencuentro entre madre e hijo que tanto parece desear la baronesa pasa por aceptar a Blanca Cuesta, que durante mucho tiempo presentaba una imagen arribista e interesada persiguiendo el dinero del heredero Thyssen. Allá cada cual con lo que haga con su fortuna.

Borja es mayor de edad y por lo tanto sabe cómo y con quién quiere gastar su dinero, que es lo que ha hecho compartiendo sociedades con su mujer. Aunque, mucho antes de casarse, Blanca firmó un documento por el que renunciaba a ciertos derechos que tendría sólo por demostrar en aquel momento que era pareja de hecho de Borja. Los intermediarios no lo tienen fácil para el encuentro filial que pasa, innegablemente, porque Carmen Cervera acepte a la madre de su nieto Sacha y del que está por llegar.

 

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