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Primeras declaraciones de Giancarlo Giammetti tras la muerte de Valentino
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MODA & CULTURA

Primeras declaraciones de Giancarlo Giammetti tras la muerte de Valentino

Juntos construyeron una de las asociaciones más sólidas e influyentes de la moda, una maquinaria en la que creatividad y estructura caminaban a la misma velocidad

Foto: Valentino Garavani y Giancarlo Giametti, en una imagen de archivo. (Getty Images)
Valentino Garavani y Giancarlo Giametti, en una imagen de archivo. (Getty Images)

“Bueno, desde el punto de vista de la creatividad, enseñó a respetar a la mujer. Nunca la empequeñece con vestidos que no le quedan bien o que realmente son disfraces. Y al mundo también le ha enseñado cómo vivir una vida importante, pero sin ridiculizar”. Con esas primeras palabras, Giancarlo Giammetti, socio y colaborador esencial de Valentino, ha condensado lo que para muchos fue la verdadera firma del diseñador: una elegancia que no necesitaba levantar la voz para imponerse.

Valentino Clemente Ludovico Garavani ha fallecido en Roma a los 93 años y, con él, se apaga un tipo de glamour que hoy parece casi imposible: el que nace de la disciplina, del oficio y de una idea de belleza entendida como destino. Su nombre ha sido mucho más que una marca. Uno que convirtió el rojo en símbolo, la alfombra roja en escenario y la costura en un acto de precisión emocional, y Giancarlo ha sido la persona que ha estado a su lado en cada paso del camino.

Durante décadas, en el centro de ese universo estuvo Giammetti: aliado estratégico, socio empresarial, compañero sentimental durante años y presencia constante en la vida del modisto. No era una figura secundaria, sino el contrapunto: mientras Valentino delineaba siluetas y soñaba una mujer ideal, Giammetti ordenaba el mundo para que esa visión pudiera existir, crecer y permanecer. Juntos construyeron una de las asociaciones más sólidas e influyentes de la moda, una maquinaria en la que creatividad y estructura caminaban a la misma velocidad.

placeholder Giancarlo Giammetti (EFE EPA VINCENZO LIVIERI)
Giancarlo Giammetti (EFE EPA VINCENZO LIVIERI)

Aunque la casa de moda Valentino dejó de pertenecer al diseñador en 1998, lo que queda no se mide solo en archivos, prendas icónicas o fotografías de época. El legado cultural del “último emperador” se sostiene también en la memoria organizada: la Fundación creada para preservar su estética, su idea de belleza y su forma de estar en el mundo seguirá bajo la tutela de Giammetti, el hombre que estuvo ahí cuando todo empezó y que ha estado a su lado, en lo empresarial, hasta el último momento.

A partir de ahora, en manos de Giammetti se queda su herencia cultural: la que entendía la moda como respeto, como aspiración y por y para las mujeres.

“Bueno, desde el punto de vista de la creatividad, enseñó a respetar a la mujer. Nunca la empequeñece con vestidos que no le quedan bien o que realmente son disfraces. Y al mundo también le ha enseñado cómo vivir una vida importante, pero sin ridiculizar”. Con esas primeras palabras, Giancarlo Giammetti, socio y colaborador esencial de Valentino, ha condensado lo que para muchos fue la verdadera firma del diseñador: una elegancia que no necesitaba levantar la voz para imponerse.

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