Joan Manuel Serrat dice que se ha retirado pero solo es una verdad a medias. El compositor catalán sigue agitando el debate público, aunque ya no lo hace desde un escenario. Uno de los temas que más le preocupa es la vejez (más concretamente, la invisibilidad de la vejez actual) y su némesis: la juventud. Esta semana ha sido uno de los testigos invitados en 'El juicio', el programa de La 2 presentado por José Luis Sastre, donde se trataba de reflexionar sobre las nuevas generaciones. "Sufrimos un poco el síndrome de Peter Pan. Vivimos en una sociedad en la que los chicos no quieren crecer y los viejos no quieren hacerse viejos. Pero los chicos crecen y los viejos se hacen viejos", enunciaba, para luego matizar diciendo que a los jóvenes "no se les ha visto bien nunca a lo largo de la historia por el hecho de ser jóvenes, por el hecho de de sentirse inmortales, de pensar que eso del futuro es algo más allá del horizonte".
Serrat, plenamente consciente y orgulloso de sus 82 años, rechaza el lema de que se puede ser joven de espíritu a cualquier edad, lo que considera una "falacia". De hecho, si analizamos cómo ha gestionado su jubilación, veremos que el poeta lleva años mirando "más allá del horizonte". Mientras seguía llenando teatros y auditorios, el artista catalán fue construyendo en paralelo una estructura empresarial e inversora que hoy le permite vivir con tranquilidad, sin depender de volver a los escenarios más que por placer.
La principal pieza de ese entramado es Taller 83, la sociedad histórica del cantante, creada en 1983 y dedicada a la representación, promoción y producción artística, además de al arrendamiento de inmuebles. Las últimas cuentas depositadas muestran una compañía con más de 5,6 millones de euros en activos y un patrimonio neto de 3,8 millones. Aunque mantiene actividad ligada al mundo cultural, el verdadero músculo económico de la empresa ya no está ahí, sino en su cartera financiera (acciones de otras empresas, inversiones, etc).
De hecho, las cuentas revelan que Taller 83 obtuvo en 2024 un beneficio de 202.949 euros gracias sobre todo a ingresos derivados de inversiones financieras y participaciones. La sociedad acumula más de 3,5 millones de euros en inversiones financieras a largo plazo, muy por encima del peso de sus activos inmobiliarios, que rondan los 1,47 millones. En otras palabras: Serrat ha evolucionado desde una estructura centrada en la explotación artística hacia un modelo mucho más patrimonial y financiero.
Serrat, en Argentina el pasado mes de marzo. (EFE)
Junto a Taller 83 aparecen otras sociedades vinculadas al cantante con un marcado perfil inmobiliario. A. L. C. de Menorca SL, por ejemplo, está dedicada al arrendamiento y gestión de inmuebles y terrenos; Comic Net, participada en un 66% por Taller 83, explota el alquiler de un local en Barcelona; y Binigurdo, otra firma del entorno familiar, mantiene un importante patrimonio inmobiliario pese a encontrarse actualmente inactiva. El conjunto dibuja un esquema clásico de preservación patrimonial construido con paciencia durante décadas de carrera.
No hace falta decir que lo que hoy recoge Serrat es la siembra de seis décadas como una de las figuras más reconocidas y respetadas de la música en español, con giras internacionales, discos históricos y una carrera plena de reconocimientos que le ha permitido generar y preservar un importante capital.
Las palabras del músico sobre los jóvenes y sobre el paso del tiempo se pueden tomar casi como un consejo para quienes consideran que el cronos no va con ellos. El compositor asumió hace tiempo que la eternidad no existe y se dedicó a preparar el día después.
Joan Manuel Serrat dice que se ha retirado pero solo es una verdad a medias. El compositor catalán sigue agitando el debate público, aunque ya no lo hace desde un escenario. Uno de los temas que más le preocupa es la vejez (más concretamente, la invisibilidad de la vejez actual) y su némesis: la juventud. Esta semana ha sido uno de los testigos invitados en 'El juicio', el programa de La 2 presentado por José Luis Sastre, donde se trataba de reflexionar sobre las nuevas generaciones. "Sufrimos un poco el síndrome de Peter Pan. Vivimos en una sociedad en la que los chicos no quieren crecer y los viejos no quieren hacerse viejos. Pero los chicos crecen y los viejos se hacen viejos", enunciaba, para luego matizar diciendo que a los jóvenes "no se les ha visto bien nunca a lo largo de la historia por el hecho de ser jóvenes, por el hecho de de sentirse inmortales, de pensar que eso del futuro es algo más allá del horizonte".