Abrimos el álbum de boda de Sara y Lino en la Isla de la Toja: gaitas, vestido de Valenzuela con gran cola y un enclave idílico
Vanitatis se adentra en la boda de Sara y Lino. Celebrada este verano en la encantadora isla de Pontevedra (Galicia), en ella se vivió amor y tradición a partes iguales
Al igual que muchas otras parejas que ponen el broche de oro a su historia de amor con boda, Sara y Lino se conocieron en la universidad y de ahí, siete años después, el 'sí, queremos'. Ella gallega y él, cordobés, sus caminos se cruzaron en el epicentro de la península ibérica, en Madrid. "Coincidimos en el Colegio Mayor de la Universidad Francisco de Vitoria en septiembre de 2018, cuando yo me fui a estudiar a la capital. Lino estaba en segundo año de carrera y nos presentó un amigo en común", comienza el relato de la novia.
Por aquel entonces, Lino estudiaba periodismo y hoy es redactor (y compañero) en El Confidencial. Sara cursó derecho y ahora está preparándose para unas oposiciones. "Nos gustamos desde el principio, sin embargo, como formábamos parte de un grupo de amigos, ninguno nos atrevimos a dar el paso hasta unos meses más tarde. Me invitó a ver un partido del Atlético de Madrid y pocos días después, en diciembre, empezamos a salir", recuerda Sara. "Creo que, desde el principio, sabíamos que era la relación de nuestra vida".
En el verano de 2024 llegó la petición de mano. "Fue totalmente sorpresa, es cierto que llevamos hablando de boda mucho tiempo y más en serio desde que acabamos la universidad. A finales de verano Lino me pidió matrimonio en mi lugar favorito del mundo, la playa de Loira, mis abuelos (tanto paternos como maternos) nacieron a los pies de esa playa y yo paso todos los veranos allí en una casa familiar, y creo que he contagiado a Lino el amor por ese lugar. Esa noche, fuimos a ver el atardecer desde el bosque, con vistas a toda la ría, y allí Lino se arrodilló, fue precioso y superíntimo".
El sueño que Sara tenía desde niña, casarse y organizar su boda, empezaba a cobrar vida. "Mi madre no para de decir alucinada 'tenía todo pensado, sólo le faltaba el anillo'. Llevo con la idea clara desde que vi la película 'Guerra de Novias' con una de mis mejores amigas cuando tenía 10 años", apunta.
Un enlace ideal que la gallega había imaginado en un sitio concreto: La Isla de la Toja. Situada al este de la villa de El Grove, parte de la provincia de Pontevedra, Sara pensó que no podría existir un lugar mejor para sellar su historia con Lino. "Me parecía un lugar idílico que ya de por sí es bonito, pero además, cuando era pequeña e iba con mis padres, veía a las novias desfilar por la alfombra roja desde el Hotel hasta la Capilla y solo pensaba: ojalá poder hacerlo algún día. Cuando llevé por primera vez a Lino, no fue difícil convencerlo de que si nos casábamos, ese tendría que ser el sitio".
Con el sitio consensuado, la pareja fijó la fecha. Su boda sería el 5 de julio de 2025, "en la Capilla de San Caralampio y de la Virgen del Carmen de la Isla de la Toja (más conocida como la Capilla de las Conchas) y continúo la celebración en el Gran Hotel la Toja", detalla.
Ahora sí, Sara podía dedicarse a encontrar diseñadora para su vestido de novia. Tal y como han hecho este año otras novias mediáticas como la influencer Claudia Parras o la actriz Belén Écija, Valenzuela sería su firma elegida. "No quería sentirme disfrazada, en mi día a día no suelo llevar muchísimos accesorios ni ir recargada, por eso quería algo sencillo y que fuese una reflejo de mí. Cuando llegué al taller, les enseñé algunos vestidos simples y captaron desde el primer momento mi esencia, fuimos creando sobre ellos un vestido cómodo y con movimiento".
El equipo capitaneado por Cristina Valenzuela acertó. "Me dejé asesorar totalmente por el atelier", apunta la novia. "En el momento de elección de telas me enamoré del crepé con textura, y decidimos que sería la tela del vestido. Para añadirle más sensación de movimiento, me recomendaron añadir dos telas de gasa desde la cintura por toda la falda". Una confección que nos precisa la diseñadora. "Para el vestido de Sara elegimos un crepé en textura de tono ivory, este color aportaba calidez y elegancia al diseño, y un patrón de corte semi imperio que resaltaba su figura".
Valenzuela dejó el protagonismo a la gran cola. "El vestido culminaba en una espectacular cola desmontable, confeccionada en organza de seda, bordada a mano con hilo y paillettes en tono champán, que reflejaba la luz de manera sutil. Esta pieza, se desmontaba para darle un toque más moderno y práctico durante la celebración. Un fajín de georgette de seda drapeado a mano acentuaba su figura".
Sumar una cola XL y así, cumplir con uno de los requisitos de Sara. "Lo que sí quería era una larga cola para sentirme una novia. Iba con la idea de usar una tela similar al vestido, pero María me sacó una tela de organza bordada que me hizo cambiar de opinión en un segundo, era espectacular. Usamos tres metros y la idea era sacarla para después quedarme más cómoda y poder usar el vestido de mis sueños durante toda la boda".
Esa sencillez que la gallega quería para su traje nupcial marcó la elección de los accesorios. Como joyas, "solo llevé el anillo de pedida que me dio Lino (era un solitario de Joyería Suárez) y unos pendientes de perla colgada de la marca Sprezzatura". A sus pies, dos pares, unos para la ceremonia, "de Jimmy Choo con tacón bajo", y unas cuñas compradas en el mercadillo de Majadahonda, "de rafia, un tono beige, sé que voy a usarlas mucho".
El complemento más especial lo portó en la cabeza: un par de flores que formaban parte del vestido de novia de su madre. "Se me ocurrió liar a mi padre y mi abuela para rescatar el vestido de novia de mi madre de 1994. Tenía flores tanto en las mangas como en la cola, cortamos algunas y fueron mi complemento ideal para el pelo, además de mí algo prestado. Me parecieron el detalle más especial de mi look. Mi madre y yo tenemos una relación maravillosa y ha sido nuestra compinche en toda la organización de la boda, me siento superafortunada de poder reusar algo suyo en mi gran día".
Un ramo de hortensias blancas y unos olivos ("un pequeño guiño a Lino, ya que nació en Jaén"), atadas con un lazo y una medalla de la Virgen del Carmen del abuelo de la novia, fue su algo viejo.
Lino, por su parte, cumplió con el 'dress code' con un chaqué gris hecho a medida en La Casa del Chaqué. "Los tirantes los compró en Silbon y el resto de complementos en El Corte Inglés. Como accesorio personal, llevó un reloj prestado por mi padre. Fue el primer reloj que se compró, lo guarda con cariño desde joven y me pareció un gran detalle de su parte prestárselo a Lino para ese día, era un Raymond Weil", explica Sara.
El día de su boda, Sara se arregló en la suite del hotel donde tendría lugar la celebración. "Eva Cendon, de Marta Saiz Makeup, nos maquilló y peinó, tanto a mí como a mi madre y a la madre de Lino. Decidí hacer el momento de preparación superíntimo, sabía que el resto del día no iba a parar de saludar a todo el mundo y de disfrutar con nuestros amigos y familia, por esa quería tomar esa mañana un poco para mí, para disfrutar tranquila. Mientras me arreglaban llevé un camisón y unas zapatillas de Zara Home que me habían regalado mis padres".
Con la novia a punto, padre e hija pusieron rumbo a la iglesia. "En el camino, nos acompañaron unos gaiteiros". Sara se queda con el encuentro con Lino en el altar como el recuerdo más bonito del día. "Lino estaba emocionado cuando entre en la iglesia, él llevaba meses diciendo que seguro que no iba a llorar, pero al final no pudo evitarlo".
"Para nosotros fue una ceremonia preciosa, la gente estaba muy atenta y apenas se veían móviles grabando, creo que se disfrutó mucho. A destacar, las arras. El abuelo de Lino, que falleció hace unos 5 años, había hecho en vida una colección de arras con los sitios emblemáticos de Almería, su tierra. Meses antes de la boda, su abuela nos las dio como sorpresa, y nos pareció un detallazo poder llevar algo de él ese día", dice la gallega. "Asimismo, otro momento donde se contuvo la emoción fue al final de la ceremonia. Se cantó una Salve Marinera en honor a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros y pescadores, profesión de mi padre, abuelos y gran parte de mi familia".
Ya como marido y mujer, y acompañados de sus 125 invitados, "queríamos una boda íntima, sin compromisos", cambiaron de ubicación para dar comienzo a los festejos en el Gran Hotel la Toja.
La decoración "inspirada en las bodas en los Hamptons" fue el hilo conductor, "las hortensias, los colores azul del mar y blancos y sobre todo las conchas", argumenta Sara. "Cristina, la florista, me captó perfectamente, es una crack en su trabajo y consiguió plasmar todas mis ideas ese día. También hizo el 'seating plan', quedó espectacular, y para seguir con la temática del mar añadió unos platos y jarrones con forma de peces que eran preciosos, no pudimos estar más felices de todo su trabajo, supo reflejar lo que queríamos y montó nuestra boda soñada".
"Queríamos una boda para disfrutar, que nuestros invitados se lo pasasen en grande, y los que no eran gallegos que disfrutasen del entorno maravilloso y de la gran gastronomía. Por suerte, la realidad no se alejó, la decoración fue tal como me la había imaginado, la comida espectacular y todos nuestros invitados no paraban de decirnos lo bien que se lo estaban pasando. Fue una boda disfrutona y no pudo hacernos más felices", rememora.
Como ha avanzado Sara, el menú fue 100% gallego. "Por cantidad y calidad. Empezó todo en el cóctel, con estaciones de jamón ibérico y pulpo á feira, y 10 pases de aperitivos. Ya en mesa no podía faltar el marisco (vieria, cigalas, camarones y bogavante), luego hubo rodaballo como pescado y carrillera como carne. Queríamos tener un menú de boda más parecido a los de hace 30 años, que la gente comiese y disfrutase".
"En la celebración, durante el banquete hubo un momento muy emotivo para todos. Mi abuelo, que falleció en 2021, era marinero mercante y paraba mucho en México, le encantaba tanto su cultura que siempre cantaba rancheras, y de sorpresa mi madre contrato a un grupo de Mariachis, en un primer momento fuimos todos un mar de lágrimas, pero después fue superdivertido y un montón de invitados se animaron a bailar".
Lino y Sara abrieron el baile al son de 'Can't Take My Eyes off You', de Frankie Valli. "Recordamos nuestra boda como un día muy emotivo y divertido, siempre nos paraban nuestros invitados para agradecernos lo bien que se lo estaban pasando y de verdad para nosotros era lo más importante".
Cerramos su álbum de boda a cargo de Trece Bodas con los consejos de la novia. "Que estén tranquilas para así poder disfrutar todos los momentos del día que, como siempre se dice, pasa volando. También yo ese día estaba muy segura de que todo iba a salir, aunque no fuera como lo planeábamos, y así fue, después de tantos meses de preparación es momento de disfrutar y aprovechar que habéis reunido en un mismo sitio a la gente que tanto queréis".
Al igual que muchas otras parejas que ponen el broche de oro a su historia de amor con boda, Sara y Lino se conocieron en la universidad y de ahí, siete años después, el 'sí, queremos'. Ella gallega y él, cordobés, sus caminos se cruzaron en el epicentro de la península ibérica, en Madrid. "Coincidimos en el Colegio Mayor de la Universidad Francisco de Vitoria en septiembre de 2018, cuando yo me fui a estudiar a la capital. Lino estaba en segundo año de carrera y nos presentó un amigo en común", comienza el relato de la novia.