"Iba como cordera al matadero": cuando doña Sofía entró en un centro similar al de Leonor
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HACE 70 AÑOS

"Iba como cordera al matadero": cuando doña Sofía entró en un centro similar al de Leonor

La reina Sofía fue al internado de Salem como "cordera al matadero", pero allí encontró su "primera experiencia de libertad", según confesó años más tarde

Foto: La reina Sofía, en una imagen de archivo. (EFE)
La reina Sofía, en una imagen de archivo. (EFE)

Algunas de sus inquietudes serán muy similares. Y es muy probable que la princesa Leonor haya compartido ya algunas de ellas con su abuela Sofía. Las semanas previas al comienzo de una nueva etapa, como es la de dejar el hogar para estudiar fuera de su propio país, son muy singulares. Todos cuantos lo han experimentado guardan aquellas vivencias para siempre.

A estas alturas del calendario, con casi 16 años, la princesa Leonor ya sabe muchos detalles —¡seguro!— sobre la etapa en la que su padre se fue a estudiar al Lakefield College School (Ontario, Canadá). Los abuelos le enviaron en 1984 a ese centro, de clara inspiración cristiana, como terapia contra los excesos de proteccionismo familiar… Aunque se podría afirmar que -casi, casi- 'sufrieron' más los papás que el príncipe heredero.

placeholder La princesa Leonor, en el colegio Santa María de los Rosales. (EFE)
La princesa Leonor, en el colegio Santa María de los Rosales. (EFE)

"La soledad es un fardo muy duro de soportar"

Como sabrá también la princesa Leonor que en esto de las relaciones familiares, su abuelo, el rey Juan Carlos, tuvo una niñez extraordinariamente dura. Tenía solo ocho años cuando fue internado en los marianistas de Ville Saint-Jean de Friburgo, al tiempo que su familia abandonaba Lausana para establecerse en Estoril.

Solo le quedaba la compañía, la visita casi diaria, del preceptor que tenía desde los cuatro años, Eugenio Vegas Latapié; y el encuentro de los fines de semana con su abuela paterna, la reina Victoria Eugenia, en Villa Fontaine.

Más tarde, en 1948, volvió a viajar en solitario lejos de su familia. En esta ocasión, con la alegría de establecerse en España. Aunque estuvo más solo aún que en Friburgo. Ni siquiera pudo ampararse en la compañía y el cariño de su preceptor de la infancia.

placeholder El rey Juan Carlos, durante su etapa en Las Jarillas. (Vanitatis)
El rey Juan Carlos, durante su etapa en Las Jarillas. (Vanitatis)

Con el tiempo, el propio rey Juan Carlos confesaría públicamente dos de sus sensaciones más íntimas de aquellos años. Había llegado a pensar, cuando estaba en Friburgo, que su familia se había olvidado de él. Y llegó a experimentar lo que es la soledad: “…un fardo muy duro de soportar”. Dos confesiones que, en su caso, no han perdido demasiada actualidad. A la vuelta de tantos años, como sucede en la perspectiva lineal, hasta las paralelas llegan a juntarse.

Su primera aparición en sociedad

Distinta fue la experiencia de la entonces princesa Sofía de Grecia y Dinamarca, la hija mayor de los reyes de Grecia, Pablo I y Federica. Tenía casi 13 años (1951) cuando dejó el palacete de Tatoi (Atenas) para incorporarse al Schule Scholoss Salem (Alemania), que en aquellos momentos dirigía su tío Jorge Guillermo de Hannover, el hermano más joven de la reina Federica.

Aunque llevaba equipaje para todo el curso, antes de Salem viajó con su familia al Castillo de Marienburg (Nordstemmen, Alemania), para asistir a la boda de su tío Ernesto Augusto de Hannover (hermano mayor de la reina Federica) con la princesa Ortrudis (casa de Glücksburg). Como recordaría muchos años después, en aquel "castillo oscuro y tétrico" pasó unos días antes de ir a Salem, entre celebración y celebración. La boda civil tuvo lugar el 31 de agosto y la religiosa, el 5 de septiembre. Allí participó en su primera fiesta de noche: "Mi primera ‘aparición en sociedad’ (…) Me sentía ni niña ni mujer. Desplazada".

Junto a su tía Teodora, antes de residir como interna en Salem

Terminados los fastos, Sofía de Grecia no regresaría con sus padres a Tatoi. Viajaría con su tío Guillermo (director del colegio de Salem) y su tía Sofía (hermana de Felipe de Grecia, posteriormente Felipe de Edimburgo y marido de la reina Isabel II).

En esas fechas (primeros de septiembre de 1951), la princesa Sofía de Grecia se incorporaría como alumna externa a la disciplina del Schule Scholoss Salem, fundado por el pedagogo alemán Kurt Hahn (1886-1974). Su nueva residencia sería la de su tía Teodora (otra hermana de Felipe de Edimburgo), que estaba casada con Berthold de Baden, hijo del príncipe Max von Baden, que llegó a ser canciller del Imperio Alemán.

placeholder La reina Sofía, durante su juventud. (Cordon Press)
La reina Sofía, durante su juventud. (Cordon Press)

Y se da la circunstancia, además, de que Kurt Hahn había sido secretario personal del príncipe Max von Baden y éste le ayudó en 1920 a fundar el colegio de Salem, donde años más tarde cursaría estudios también Felipe de Edimburgo.

"Mamá, mamá, no quiero irme"

Todo estaba a punto. El Volkswagen 'Escarabajo' de su tía Sofía estaba ante la fachada principal del castillo. Ella iba al volante y su marido, Jorge Guillermo, el director del internado de Salem, en el asiento del copiloto. Y detrás, la pequeña Sofía y su primo Rainero de Hesse-Kassel (uno de los hijos de su tía, en su matrimonio anterior con el príncipe Cristóbal de Hesse-Kassel, fallecido en 1943).

La reina Federica recuerda en sus memorias lo que sucedió precisamente en esos instantes. Tanto ella como su esposo, el rey Pablo, trataban de ocultar sus sentimientos. Pero en el último momento Sofía, ya en el coche, "abrió la portezuela, se apeó y se arrojó en mis brazos llorando: ‘Mamá, mamá, no quiero irme’. Tuvieron que separarnos físicamente, pues estábamos fuertemente abrazadas y llorábamos a lágrima viva".

placeholder Los terrenos del monasterio de Salem, donde estudió la reina Sofía. (Cortesía The Charter)
Los terrenos del monasterio de Salem, donde estudió la reina Sofía. (Cortesía The Charter)

"Yo iba como cordera al matadero”, recordaría después la reina Sofía, que ha relatado esa escena casi con las mismas palabras que su madre. Una vez en Salem, ella misma afirma que pidió a sus padres ser alumna interna. Se había sentido atraída por el ambiente de ese centro, donde asegura que vivió su "primera experiencia de libertad". "Durante esos cuatro años yo fui Sofía de Grecia, a secas. Una más entre los demás".

“Durante esos cuatro años yo fui Sofía de Grecia, a secas. Una más entre los demás”

"Allí no había diferencias sociales: era una verdadera democracia, en la que todos recibíamos el mismo trato. Lo importante era el esfuerzo personal. Valías por lo que hacías. No por quiénes eran tus padres. Durante esos cuatro años yo fui Sofía de Grecia, a secas. Una más entre los demás". Estaba lejos del protocolo, sin la ayuda de las personas de la corte "que me daban todo hecho". Y ante su primera oportunidad de ser ella misma, incluso para protestar o quejarse en algunas ocasiones. En Grecia no había posibilidad de protestar…

"Yo era bien consciente de mis deberes como princesa. Incluso, de los aburridísimos deberes de protocolo. A donde se me decía que tenía que ir, iba. A donde me decían que no, no iba. Sabía que era la hija del Rey. Y a ello me debía, con ganas o sin ganas. Por eso, a pesar de ser un inhóspito internado, Salem fue para mí un oasis de libertad".

placeholder Sofía e Irene de Grecia durante su juventud. (Cordon Press)
Sofía e Irene de Grecia durante su juventud. (Cordon Press)

A los pocos meses se incorporó también a la disciplina de Salem Irene, la hermana pequeña de la princesa Sofía, con tan solo nueve años. Fue un empeño personal, como recordaría ella misma: "Lo cierto es que me fui por envidia, pensé que sería estupendo si acompañaba a mi hermana", pero no se encontró lo que esperaba. Echaba de menos a su familia, la luminosidad de Grecia y el carácter expresivo de los griegos. "Encima, no estaba junto a mi hermana, sino en una escuela de pequeños. Lo único que me agradaba de Salem era la música, porque los alemanes con la música son muy serios".

Atlantic College, el primer proyecto internacional de Hahn para la integración de culturas

El colegio de Salem fue uno de los primeros que fundó el pedagogo alemán Kurt Hahn, con el propósito de promover una educación en libertad, basada en dos grandes principios: la responsabilidad personal y el servicio a los demás. Él mismo dirigió este centro hasta 1933, año en el que fue encarcelado por las críticas al régimen de Hitler.

Tras recuperar la libertad, Hahn se trasladó a Escocia, donde fundó Gordonstoun (1933). Y más tarde, la red intenacional Outward Bound, cuyo primer centro fue el de Aberdyfi (Gales, 1941). Tras la Segunda Guerra Mundial, Kurt Hahn vivió entre Gran Bretaña y Alemania, dedicado exclusivamente a los proyectos educativos. Sus valores inspiraron numerosos colegios en Europa y en otros continentes (Nigeria, 1963; o California, 1965). El rey Constantino II, por ejemplo, se formó en Anavryta (Atenas), fundado en 1949.

Igualmente, Hahn promovió la red de Colegios del Mundo Unidos (UWC), fundada en plena ‘guerra fría’ para contribuir a unir las distintas culturas a través de la educación. El primer centro fue el Atlantic College de Gales (1962), al que se incorpora este curso la princesa Leonor.

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