Rocío Carrasco y la 'luz de gas': las dos películas que dieron nombre a este maltrato
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Rocío Carrasco y la 'luz de gas': las dos películas que dieron nombre a este maltrato

Estrenada en 1944, 'Luz que agoniza' (tal y como se tituló en nuestro país) le dio un Oscar a Bergman y fue fundamental a la hora de poner nombre a este tipo de abuso

placeholder Foto: Ingrid Bergman y Charles Boyer, en 'Luz que agoniza'. (CP)
Ingrid Bergman y Charles Boyer, en 'Luz que agoniza'. (CP)

"Le estaba haciendo luz de gas". Lo explicaba una psicóloga este domingo cuando le preguntaban por el tipo de maltrato sufrido presuntamente por Rocío Carrasco. Lo que la hija de la Jurado padeció tiene un nombre, según los psicólogos: 'luz de gas'. "Estás loca" era, según cuenta la hija de Rocío Jurado en 'Rocío, contar la verdad para seguir viva', una de las frases más recurrentes de Antonio David cuando, embarazada de su segundo hijo, Carrasco descubrió que su marido le era infiel.

Las redes, pendientes de cada comentario del programa rosa evento de este año, se preguntaron qué era eso de 'luz de gas', un tipo de maltrato consistente en hacer creer a la víctima que lo que ella siente o piensa del maltratador son simples desvaríos; que el abuso no existe y que la falta de cordura es la verdadera culpable de la situación. O, dicho en palabras de Wikipedia, se trata de "una estrategia de manipulación de la percepción de la realidad del otro, por lo que es una forma de abuso psicológico que consiste en negar la realidad". Detrás de la expresión, acuñada ya de manera oficial por la psicología, están una obra de teatro y dos películas. Si 'Rebeca' dio nombre a una prenda de vestir, 'Luz de gas' (y sobre todo, 'Luz que agoniza', tal y como se tituló en España la versión más conocida) denomina a este mal sufrido por muchas mujeres.

Foto: Antonio David y Rocío Carrasco. (Ilustración: Jate)

El término nació con la obra homónima escrita por Patrick Hamilton. 'Luz de gas' llegó a las tablas londinenses en 1938, un año antes de que la Segunda Guerra Mundial lo pusiese todo, incluidas algunas obras de teatro, en cuarentena. El libreto contaba la historia de Bella Mallen, una recién casada que se traslada con su flamante marido a la mansión victoriana en la que vivió su tía, asesinada tiempo atrás en extrañas circunstancias. Conforme avanza la trama, la protagonista empieza a notar curiosos fenómenos como la bajada del gas en las lámparas de la casa, tan típicas del siglo XIX, la época en la que se desarrolla la historia. La pérdida de objetos del hogar o la irreverencia de la propia doncella son, según su esposo, simples desvaríos de ella. El espectador (y aquí va el spoiler) acaba descubriendo con sorpresa que el señor Mallen es un sociópata que se casó con ella para buscar las joyas ocultas de su tía. Él fue el autor del asesinato y tenía como objetivo volver loca a su mujer con el fin de quedarse con toda la herencia, joyas incluidas.

placeholder Fotograma de la primera adaptación de 'Luz de gas' en 1940. (CP)
Fotograma de la primera adaptación de 'Luz de gas' en 1940. (CP)

La primera adaptación cinematográfica de la obra llegó en 1940, cuando Thorold Dickinson reunió a Anton Walbrook en el papel de maltratador y a Diana Wynyard en el de sufrida esposa. La película, con una réplica del mood victoriano, de su niebla y unas calles lúgubres en las que podía habitar cualquier Jack el Destripador, fue un éxito rotundo. El triunfo en taquilla llamó la atención de un megaproductor como Louis B. Mayer, que se hizo con los derechos de la obra para que su estudio, la Metro Goldwyn Mayer, produjese una versión propia. Sus métodos, sin embargo, fueron poco ortodoxos o casi se podría decir que mafiosos. El magnate de la Metro mandó destruir todas las copias de la película británica para evitar molestas comparaciones con 'su' película. Viendo que era imposible llevar a cabo aquel juego sucio, tuvo que conformarse con el cambio de título de la cinta británica en territorio estadounidense. La versión de 1940 se llamó en EEUU 'Angel Street'. Así nadie la confundiría con la 'adaptación Hollywood', que dirigió George Cukor y protagonizaron Ingrid Bergman, Charles Boyer y una jovencísima Angela Lansbury.

El rodaje de la película, exquisitamente realizada por alguien (Cukor) que tenía mano maestra para dirigir a sus actrices, no estuvo exento de problemas. Bergman, que se consideraba a sí misma una mujer fuerte y aguerrida, tuvo serias dudas a la hora de aceptar el personaje. Según ella, era incapaz de meterse en la piel de un ser vulnerable que sufre maltrato psicológico. Pero su Paula Alquist (así se llama la víctima en esta segunda versión) tiene un momento estelar para demostrar su fortaleza y empoderarse. Y ese empoderamiento, en plena era victoriana, no podía ser un documental a lo 'Rocío, contar la verdad para seguir viva', sino una impresionante charla que la mujer escupe a su marido una vez descubre que la está engañando y manipulando.

Atado a una silla, con la boca tapada y sin posibilidad de réplica, el marido soporta estoicamente el rencor de una persona a la que ha pisoteado día tras día a través de una sutil manipulación. Para preparar su personaje, Bergman visitó varias instituciones mentales y observó a numerosas pacientes. El resultado, en el que también influyeron los milagrosos primeros planos que Cukor dedica a la actriz a lo largo de todo el metraje, fue un Oscar a la mejor interpretación femenina de 1944.

placeholder Ingrid Bergman, en 'Luz que agoniza'. (CP)
Ingrid Bergman, en 'Luz que agoniza'. (CP)

Para Boyer la cinta también supuso un gran cambio de registro. Acostumbrado como estaba el público a los galanes caballerosos como el que había interpretado en 'Tú y yo' (1939), aquel personaje ruin y manipulador podía tumbar su calculada imagen de estrella. Además, dos cosas le ponían especialmente nervioso: que Bergman fuese más alta que él y el futuro nacimiento de un hijo que había buscado con ahínco, durante años, junto a su esposa. Ambas preocupaciones tuvieron solución. La primera de ellas gracias a una simple caja cuadrada a la que el intérprete tuvo que subirse para estar a la misma altura que la actriz en las escenas de besos. En las primeras tomas, a la actriz sueca se le escapó algún puntapié al objeto y Boyer casi acaba tirado en el suelo, pero finalmente todo quedó en unas risas entre los técnicos del plató. Con respecto al bebé, el retoño de Boyer nació en perfectas condiciones y la buena nueva fue celebrada con champán y varios brindis de todo el equipo.

Entroncada con el cine de psicoanálisis freudiano que de 'Sospecha' a 'Recuerda' (también con Bergman) o 'Pacto tenebroso' pobló las salas de los años 40, 'Luz que agoniza' ha envejecido tremendamente bien. La película, que también destapó el talento de Angela Lansbury y confirmó a Joseph Cotten (el Fidel Albiac de esta historia) como uno de los grandes actores de la década, ha conservado su poder perturbador. También la riqueza que otorgan sus decorados victorianos construidos en los estudios de Culver City de la Metro. Que haya dado nombre a un tipo de maltrato psicológico es una prueba más de la enorme influencia que el cine tuvo en la sociedad durante gran parte del pasado siglo. Las películas, que nos enseñaron a amar, beber o vestirnos, también nos señalaron cómo identificar un tipo de maltrato y, lo más importante, a los maltratadores.

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