El desfile de Chloé siempre tiene algo de escena cinematográfica: un ambiente algo brumoso, modelos caminando con paso relajado y esa sensación de ropa pensada para una mujer que mezcla romanticismo con cierta actitud despreocupada. En la nueva colección presentada por Chemena Kamali, esa idea vuelve a estar muy presente, pero con matices interesantes. La diseñadora insiste en su visión de un armario bohemio, sí, pero ahora más estructurado, más urbano y con guiños claros al archivo de la casa.
La primera tendencia que salta a la vista es el regreso del boho setentero, uno de los territorios naturales de Chloé. Las faldas largas con volantes aparecen una y otra vez, muchas veces combinadas con blazers masculinos de hombros marcados. Es un contraste que funciona bien: lo romántico abajo, lo práctico arriba. Se ven tejidos vaporosos, capas de gasa o algodón ligero, pero también chaquetas de sastrería de tweed o lana que bajan la intensidad del look. Esa mezcla crea un equilibrio que probablemente veremos mucho en calle el próximo otoño.
Otro punto fuerte de la colección es el uso del tartán y los cuadros. Aparecen en varias versiones: en faldas largas con volantes en tonos naranja o rosa, en vestidos amplios con cuello alto y también en pañuelos que se anudan al cuello como si fueran corbatas suaves.
Chloé (Launchmetrics Spotlight)
Kamali parece recuperar esa estética universitaria británica, pero reinterpretada con el aire relajado que caracteriza a la firma. Los cuadros no resultan rígidos ni formales; al contrario, se mueven con el cuerpo y se combinan con prendas más delicadas, como blusas bordadas o chales ligeros.
Alexa Chung (Cordon Press)
Las blusas románticas merecen mención aparte. Muchas tienen bordados pequeños, cuellos fruncidos o lazadas largas que caen sobre el pecho. Algunas recuerdan a prendas vintage que podrían haber salido de un mercadillo parisino o del armario de una coleccionista de ropa antigua. En varios looks se combinan con faldas de múltiples capas o con pantalones de cuero, creando ese contraste que Kamali parece buscar deliberadamente.
También hay una presencia clara del cuero, especialmente en pantalones ajustados o en botas altas que llegan por encima de la rodilla. Este elemento aporta un punto más contundente dentro de una colección que, por lo demás, se mueve en códigos suaves y románticos. Los pantalones de cuero rojo o azul oscuro, combinados con blazers de cuadros y blusas delicadas, se sienten como una versión más contemporánea del estilo Chloé.
Natalia Vodianova (Cordon Press)
En cuanto a siluetas, la colección alterna entre volúmenes amplios y piezas más definidas. Los vestidos largos con volantes, por ejemplo, tienen mucho movimiento y ocupan espacio en la pasarela. En cambio, las chaquetas y los blazers marcan más la estructura del look. Es un juego interesante que evita que el romanticismo de las faldas y vestidos resulte demasiado dulce.
El color también tiene su narrativa. Predominan los tonos tierra, beige, camel y oliva, que siempre funcionan bien en el universo Chloé. Pero Kamali introduce acentos más vivos: naranja, rojo intenso o rosa fucsia en los estampados de cuadros o en vestidos de gasa translúcida. Uno de los momentos más llamativos del desfile llega precisamente con un vestido rojo de capas y transparencias que rompe la paleta más suave de la colección.
Los accesorios siguen esa misma lógica bohemia. Se ven collares largos con medallones, cinturones con hebillas grandes y gafas de sol redondas con cristales teñidos en amarillo o ámbar. Las botas altas de cuero, muchas veces con el pantalón metido dentro, completan esa imagen de mujer que podría estar caminando por París o por un festival en los años setenta, pero con una sensibilidad muy actual.
Brooke Shields (Cordon Press)
En la primera fila, el desfile también reunió a varias figuras que encajan perfectamente con la estética de la casa. Natalia Vodianova, habitual en los eventos de la firma, asistió con un look sencillo que dejaba todo el protagonismo a la colección. También estuvo Brooke Shields, una presencia que aportaba cierto aire nostálgico a la cita. Alexa Chung, una de las embajadoras naturales del estilo bohemio contemporáneo, no podía faltar. A ellas se sumaron Paris Jackson y Olivia Rodrigo, dos perfiles más jóvenes que muestran cómo el universo Chloé sigue conectando con distintas generaciones.
Olivia Rodrigo (Cordon press)
Ese cruce entre pasado y presente es, probablemente, la clave de la colección. Kamali no parece interesada en reinventar completamente la identidad de la casa. Más bien la explora, la amplía y la adapta a un momento en el que el boho vuelve a tener fuerza en la moda. Faldas con volantes, blusas bordadas, cuadros, cuero y botas altas forman un armario coherente que se mueve entre lo romántico y lo práctico.
La sensación final es que Chloé sigue apostando por una feminidad relajada, con cierta nostalgia pero sin caer en la copia literal del pasado. Un tipo de ropa que no necesita dramatizar demasiado para resultar atractiva. Basta con verla moverse en la pasarela para entender por qué sigue teniendo su público. Y por qué, temporada tras temporada, el boho vuelve siempre a encontrar su sitio en París.
El desfile de Chloé siempre tiene algo de escena cinematográfica: un ambiente algo brumoso, modelos caminando con paso relajado y esa sensación de ropa pensada para una mujer que mezcla romanticismo con cierta actitud despreocupada. En la nueva colección presentada por Chemena Kamali, esa idea vuelve a estar muy presente, pero con matices interesantes. La diseñadora insiste en su visión de un armario bohemio, sí, pero ahora más estructurado, más urbano y con guiños claros al archivo de la casa.