En la Feria de Abril hay códigos que se repiten año tras año —los volantes, los lunares, el mantón...— y, sin embargo, siempre hay quien consigue salirse del guion sin desentonar. Inés Domecq pertenece a ese grupo reducido que entiende la tradición desde dentro, pero no siente la necesidad de reproducirla al pie de la letra. Su última aparición en elReal es reflejo de ello.
Mientras otras invitadas apuestan por el traje de flamenca en su versión más canónica —como Lourdes Montes o Manuela Villena—, la diseñadora ha optado por acudir desde un lugar más contemporáneo. Lo hace, además, con una coherencia que va más allá de la estética, pues viste de su propia firma, The IQ Collection. Un universo creativo reconocible que bebe directamente del sur.
Su elección en esta ocasión ha sido el conjunto Clau, un dos piezas confeccionado en tul que juega con una combinación cromática tan arriesgada como acertada. Verde sobre una base anaranjada que, bajo la luz de Sevilla, adquiere una dimensión especialmente favorecedora. Aunque está lejos del vestido de gitana, ha captado parte de su esencia a través del movimiento de la superposición de capas.
Inés Domecq, en la Feria de Abril. (Instagram)
El top, con escote bardot, deja los hombros al descubierto, aportando un aire romántico que encaja perfectamente con el contexto. La falda, de largo midi, introduce uno de los elementos clave del estilismo: los volantes. Pero lo hace de forma sutil, con capas de tul que se superponen, generando un degradado de tonos que va del verde al tierra. El resultado es una silueta fluida que se mueve con ella, especialmente visible al caminar por el albero del Real.
Los accesorios juegan, como es habitual en Domecq, un papel fundamental. Ha optado por unas sandalias de tacón en tono nude, un recurso inteligente que estiliza la figura sin competir con el conjunto. El bolso, sin embargo, introduce un punto de contraste: un diseño estructurado en piel, con forma de abanico, que añade carácter y conecta directamente con la artesanía.
Las joyas en dorado, discretas pero bien elegidas, refuerzan esa idea de elegancia sin esfuerzo que define su estilo. A ello se suman unas gafas de sol de corte aviador y un recogido desenfadado que equilibra el conjunto, alejándolo de cualquier exceso. Más allá del look concreto, lo interesante es cómo Domecq vuelve a plantear una alternativa real al traje de flamenca sin perder el respeto por el contexto.
En la Feria de Abril hay códigos que se repiten año tras año —los volantes, los lunares, el mantón...— y, sin embargo, siempre hay quien consigue salirse del guion sin desentonar. Inés Domecq pertenece a ese grupo reducido que entiende la tradición desde dentro, pero no siente la necesidad de reproducirla al pie de la letra. Su última aparición en elReal es reflejo de ello.