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De las frutinovelas a los bolsos tomate: por qué la moda ahora quiere parecerse a tu frutero
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De las frutinovelas a los bolsos tomate: por qué la moda ahora quiere parecerse a tu frutero

Las redes han convertido la fruta en entretenimiento viral. ¿Un testigo recogido de la moda? Sí, porque ella empezó antes

Foto: Loewe
Loewe

Todo el mundo ha visto ya alguna frutinovela, aunque sea sin querer. Esos vídeos virales en los que una fresa habla, un plátano sufre o una berenjena tiene más drama que una serie de sobremesa. Son absurdos, sí, pero también tienen algo que engancha y que hace que se compartan sin parar. Y ahí es donde empieza a ponerse interesante la cosa, porque ese imaginario tan sencillo conecta bastante bien con lo que está pasando ahora mismo en moda. Pero esto no nace en TikTok. Ni mucho menos.

Para entenderlo hay que irse a 2018, cuando Loewe lanza una campaña en la que ya empieza a trabajar ese universo de naturalezas muertas, frutas y verduras desde un punto de vista casi artístico. Una modelo sostenía entre sus labios una papaya, una granada, un melocotón, fotografiados por Steven Meisel.

placeholder Loewe
Loewe

A partir de ahí, Jonathan Anderson empujó la idea cada vez más lejos. Y ahora Jack McCollough y Lázaro Hernández la han seguido. Primero de forma más sutil y ahora ellos ya la trabajan sin ningún tipo de complejo. Ahora directamente en la marca te encuentras con un bolso que es un tomate, un clutch que es una alcachofa o unas sandalias con forma de piña. Y no es una exageración, es literal.

En redes lo resumían hace poco bastante bien desde @opulentstylings: “Jonathan Anderson’s love for fruit and vegetables has left a lasting impression on Loewe’s designs”. Es una forma bastante clara de decir que esto no es una ocurrencia puntual, sino algo que forma parte del ADN de la marca.

placeholder Loewe S/S 2024 (Launchmetrics Spotlight)
Loewe S/S 2024 (Launchmetrics Spotlight)

Cuando ves las piezas en detalle, además, entiendes por qué no se queda solo en lo viral. Porque sí, son llamativas, pero también hay mucho trabajo detrás. Como explican en ese mismo análisis, “these items aren’t just gimmicks; they’re demonstrations of Loewe’s craftsmanship”. Es decir, no es solo hacer algo gracioso para que funcione en Instagram, es demostrar hasta dónde puedes llevar la técnica. Convertir algo tan irregular como una alcachofa o un tomate en un objeto de piel perfectamente construido tiene bastante más complejidad de la que parece a simple vista.

Luego está la parte estética, que también tiene su peso. Todo este universo conecta con una idea muy concreta: lo mediterráneo, lo natural, lo fresco. No es solo fruta por hacer la gracia, hay una referencia cultural detrás que tiene sentido dentro de la marca.

placeholder Clutch de Cult Gaia
Clutch de Cult Gaia

Al mismo tiempo, hay un punto de surrealismo bastante evidente. Ellos mismos lo dicen: “There’s also a sense of surrealism, where ordinary objects are elevated”. Es coger algo completamente cotidiano y darle otro valor. Convertirlo en algo que no esperas ver en moda y, precisamente por eso, funciona.

Y aquí es donde encaja perfectamente con lo que pasa en redes. Igual que las frutinovelas funcionan porque son fáciles de entender y de compartir, estos diseños también lo son. No necesitas saber de moda para reaccionar a un bolso con forma de tomate. Lo ves, te llama la atención y decides si te gusta o no. Ese primer impacto es inmediato. Y muchas marcas nicho o más mainstream se han unido al fenómeno.

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Parfois

A partir de ahí, la tendencia se ha ido extendiendo. Ya no es solo Loewe. Empiezas a ver blusas con estampados de limones, joyería que imita racimos de uvas, charms con tomates cherry, accesorios que juegan a parecer comida sin serlo del todo. Incluso en estilismos más editoriales, el truco está en combinar una pieza muy neutra con un accesorio de este tipo para que todo el foco vaya ahí.

placeholder Hereu
Hereu

Tiene bastante lógica si lo piensas. En un momento en el que las marcas necesitan generar conversación constante, este tipo de objetos funcionan muy bien porque son visuales, reconocibles y tienen ese punto de rareza que hace que la gente los comparta.

No es tanto una moda pasajera como una forma de comunicar distinta. Más directa, más fácil de consumir y, sobre todo, más conectada con cómo miramos ahora las cosas en redes.

Todo el mundo ha visto ya alguna frutinovela, aunque sea sin querer. Esos vídeos virales en los que una fresa habla, un plátano sufre o una berenjena tiene más drama que una serie de sobremesa. Son absurdos, sí, pero también tienen algo que engancha y que hace que se compartan sin parar. Y ahí es donde empieza a ponerse interesante la cosa, porque ese imaginario tan sencillo conecta bastante bien con lo que está pasando ahora mismo en moda. Pero esto no nace en TikTok. Ni mucho menos.

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