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DESTINO DE LUJO

Por qué los ricos aman Vejer de la Frontera: cita de vips en el Circuito Hípico del Sol

Blanco, cuidadísimo, con mucha vida y monumental. No le falta el castillo y tiene de fondo el mar. Y encima alberga un gran evento ecuestre con todo el glamour. Lo tiene todito todo para ganar

Foto: Un rinconcito del blanquísimo Vejer de la Frontera. (Cortesía Chic Sleep in Vejer)
Un rinconcito del blanquísimo Vejer de la Frontera. (Cortesía Chic Sleep in Vejer)

Estos días Vejer de la Frontera es punto de encuentro de muchas de la fortunas que en el mundo son. Marta Ortega, heredera de Inditex, lo probó y lo sabe. Porque aquí, además de mucho arte y blancura, hay una cita ecuestre monumental, el XXVI Sunshine Tour, el Circuito Hípico del Sol, que se está celebrando ya y hasta el 22 de marzo en las instalaciones de la Dehesa de Montenmedio (N-340, km 41,3). Esa finca de cerca de 500 hectáreas que, además, jinetes aparte, puede recorrerse en plan turístico a caballo o en carruaje. El glamour es el glamour. Y al ladito, Zahara de los Atunes, Conil, Barbate y Sancti Petri.

Vejer es puro Cádiz. Blanco, blanquísimo, laberíntico, alegre, con jaleo, todos los bares, la justa artesanía y monumental. Perderse por sus calles ya es ganar. Y encontrarse con su castillo, atravesar sus magníficos arcos y sentarse en cualquiera de sus terracitas a ver la vida pasar, un triunfo. Es tan bonito que no lo puede ser más. ¡Ea! Además, está hermanado con Chef Chaouen, el pueblo marroquí que se dibuja en azul. Otro lujo. Te lo contamos. Con fondo de caballos.

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450 jinetes y un millón de euros en premios

Ahora además aderezado por el poderío de 450 jinetes llegados de 46 países que llevan las riendas de 2.000 caballos de salto. Sí, estos días Vejer se convierte en el epicentro mundial de caballo. Muchas de estas pruebas puntúan para el Campeonato del Mundo y los de Europa en diversas categorías. Hay en juego un millón trescientos mil euros en premios. Y de aquí los más afortunados saltarán a los Juegos Olímpicos de Tokio.

Por cierto, la entrada a las instalaciones, dotadas con la última tecnología, servicios de lujo de todo tipo (hotel que es un antiguo cortijo, campos de golf, restaurantes, zona wellness...) y sello de gestión ecológica, es gratuita.

Al sur del sur

Esto es Cádiz, un destino siempre glorioso, el Cádiz blanco que no llega hasta el mar pero casi (está a escasos 8 km), porque luego veremos que Vejer de la Frontera, apellidado como Jerez y como Arcos (la frontera era la del Reino de Granada), tiene hasta su playa, por no hablar de las vecinas de Tarifa, Conil y Barbate, que nos vuelven locos (y no por el viento, que también). Pero a diferencia de estas, de la ciudad del viento sobre todo, o sea Tarifa, este ambiente no es tan surfero, sino que se vuelve por instantes chic, extremadamente cuidado pero sin exagerar. Si ves a una mujer cubierta con un manto negro que deja asomar solo un ojo, imponente si pasa sobre fondo blanco, es una cobijada. Las puedes encontrar tambien en monumentos y como nombre de un mirador o de una calle. Ni es Semana Santa ni Vejer se ha vuelto marroquí: el cobijado es el traje típico.

Un pueblo en lo alto

A Vejer le pasa lo que a Frigiliana, a Calella, a Zafra o a Cadaqués. Que son preciosos. Este, para empezar, se desparrama desde sus 200 metros de altura, dibujando una estampa arábigo-andaluza de postal (=de IG). Casas solapándose unas con otras en un juego de geometría espectacular que solo rompen el castillo, que fue residencia de los duques de Medina Sidonia, y la iglesia, la del Salvador, por su solemnidad. Y para continuar, es turístico, pero de aquella manera, de hotelitos y casitas con encanto, todo muy califal. Sus fachadas, sus puertas y sus ventanas, las macetas que ponen a las paredes blancas su color, flores y más flores, y un continuo sube y baja te van a enamorar. Ya lo verás.

En blanco y con flores. (Cortesía Turismo Vejer)
En blanco y con flores. (Cortesía Turismo Vejer)

Un conjunto histórico artístico junto al mar

A medida que nos aproximamos al gran azul, ya se sabe, el nivel de conservación del patrimonio cae por los suelos, sobre todo en el sur. Por eso Vejer sorprende tanto, porque está tal cual, como si hubiera echado el ancla en otro tiempo. La antigua villa está rodeada por el recinto amurallado, que es de trazado irregular para salvar los desniveles del terreno y abierto por cuatro puertas y dos torres (Mayorazgo y Corredera). Tiene templo soberbio, la ya mencionada iglesia del Divino Salvador, que es mudéjar y gótica, construida sobre una antigua mezquita. Y tiene, atención, un acueducto romano y molinos de viento, de los antiguos, que no iban a estar todos en La Mancha. Y tan cerca, los otros, los molinos de parque eólico que te dan la bienvenida a este lado del Estrecho.

… Y rodeado de naturaleza

Porque decíamos del patrimonio artístico, pero el natural tampoco se queda atrás. Porque Vejer cuenta con la playa de El Palmar, en el pequeño núcleo rural del mismo nombre, con la consabida torre de vigilancia costera; la playa de la Mangueta y el Parque Natural de La Breña y Marismas de Barbate, ese paraíso que está a medio camino entre la bahía de Cádiz y el Estrecho, donde el Mediterráneo se hace Atlántico (o al revés), que es en parte vejeriego, lo que no es de Barbate. Aquí se localiza la extinta laguna de La Janda, que llegó a formar parte de uno de los grandes humedales de Europa. Sigue siendo un lugar clave para la observación de las aves. Prepárate para ver marismas, arrozales, pastizales, dunas, acantilados y pinares.

Por cierto, Vejer también tiene su propio bosque artístico. Es el mismo Montenmedio el que da cobijo a la Fundación NMAC, un museo al aire libre en el que conviven arte moderno y naturaleza, con obras de artistas de distintas nacionalidades.

Casas solariegas y esa plaza...

Este pueblo blanco gaditano tiene mucho de nobleza. Por su porte y por casas solariegas tales como la del Mayorazgo, barroca del XVIII, con dos patios y comunicada con la torre del mismo nombre y un lienzo de la muralla, hoy habitada, o la del Marqués de Tamarón, en realidad un palacio, del siglo XVII, junto al arco de la Segur, ya extramuros, actualmente Casa de Cultura. Y hay que dejar un hueco, cómo no, para hablar de su plaza, de cuando la ciudad se hizo grande extramuros, allá por el XVI, con fuente en el centro cuajada de azulejos sevillanos. Se la conoce como la plaza de los Pescaítos. Para saber más, el Museo Municipal de Costumbres y Tradiciones de Vejer, en el Convento de las Monjas Concepcionistas, que siempre viene bien.

Un jardín, una bodeguita... para comer

El Jardín del Califa es un histórico: un granero del siglo XVI con un jardín lleno de palmeras donde entregarse a la comida marroquí y medio-oriental. Y junto a él, todas las tascas, tabernas, cervecerías y demás, en marcha para una mañana y una tarde y una noche sin fin. Porque esto es Cádiz, señores, y todo empieza con un aperitivito y vaya usted a saber hasta cuándo. La Bodeguita, el Mercado Gastronómico de San Francisco o Casa Varo, junto a la iglesia, el mejor sitio para adentrarse en el mundo del atún de almadraba. O La Bien Pagá, para cuando llegue la hora de las copas y el flamenco.

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Dónde alojarse como un vejeriego

Lo que tiene Vejer es que todos los alojamientos, sean del tipo que sean, son genuinos y te harán sentirte un vejeriego (y afortunado) más. Es el caso de Chic Sleep in Vejer, que cuenta con viviendas de alquiler vacacional con mobiliario centenario recuperado, piezas vintage y mucho diseño. Ahí están La Fonda Antigua y Casa La Pila. Lo mejor, están en pleno casco antiguo y algunas mantienen hasta el patio. Otras opciones a barajar son el hotel V Vejer y La Casa del Califa.

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