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Rosa Belmonte y Emilia Landaluce: "¿Cuándo nos vas a preguntar si estamos liadas?"
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ENTREVISTA

Rosa Belmonte y Emilia Landaluce: "¿Cuándo nos vas a preguntar si estamos liadas?"

Las columnistas publican 'Sobre nosotras, sobre nada' (La Esfera), una deliciosa colección de relatos que navega entre la infancia, la autoparodia, el humor y el saber vivir

Foto: Rosa Belmonte y Emilia Landaluce, disfrazadas... (Cortesía)
Rosa Belmonte y Emilia Landaluce, disfrazadas... (Cortesía)

Empezamos por el final. A Emilia le dio un revolcón la vida por un accidente absurdo, justo antes de la pandemia. Por aquel hospital pasó a verla en romería el todo Madrid. "Ella no se acuerda de nada, no tiene conciencia de lo que pasó. Pensamos en mandar un fotógrafo al hospital para hacer una galería de 'LOC", recuerda Rosa. En la sala de espera se reencontraron Lucía Méndez y Federico Jiménez Losantos, que llevaban 20 años sin verse, toda la plana periodística y política de la ciudad, mientras ella viajaba entre la nebulosa. Es un episodio que ella no aborda directamente, sino su amiga Rosa Belmonte. Que nunca había escrito un libro. Que lo ha hecho porque Landaluce la ha convencido. "Ese es mi único mérito, convencer a Rosa para que escribiera por fin un libro. Pero bueno, venga, ¿cuándo nos vas a preguntar si estamos liadas?", apremia Emilia.

Emilia Landaluce y Rosa Belmonte han reunido en un libro una sucesión de vivencias reales evocadoras, autoparódicas, frívolas (como solo puede serlo una niña atracándose de foie) o dickensianas que son capaces de entretener transportando al lector a mundos paralelos donde "siempre triunfan el humor y el capitalismo". Vanitatis se ha sentado con las dos para charlar 'Sobre nosotras, sobre nada' (La Esfera), un libro que habla de amor y amistad, si acaso el tema universal que vertebra todos los relatos. Todas las vidas.

Feminismo

Landaluce es una de las columnistas de referencia de 'El Mundo' y directora del suplemento 'La Otra Crónica'. Ha escrito varios libros, como 'No somos fachas, somos españoles' o 'Jacobo Alba', la biografía sobre el padre de la duquesa de Alba, y visita habitualmente la radio y la televisión. Rosa Belmonte, antigua abogada, comenzó a escribir en 'La Verdad' a mediados de los 90 y hoy es una de las voces imprescindibles de 'ABC' y de los diarios regionales de Vocento, colabora en 'La Cultureta' de Onda Cero, analiza las revistas del corazón si se tercia y charla con Garci sobre Cultura en 'Classics' (Trece TV). Algunos las calificarían de periodistas, pero ninguna estudió tal cosa.

También dirían algunos que esta colección de episodios reales les ha salido con mucha perspectiva de género. "No podemos evitar ser mujeres", se excusan, un poco espantadas. "Ninguna mujer que tenga un dedo de frente puede decir que no es feminista", reivindica Landaluce, "otra cosa es el feminismo identitario de Irene Montero", matiza Belmonte.

placeholder Emilia Landaluce, con Andrea Levy. (EFE)
Emilia Landaluce, con Andrea Levy. (EFE)

"Si no llega a ser por el feminismo, yo estaría casada con un señor de Jerez con pantalón rojo, zapatos de ante y muchos hijos". La infancia de Emilia transcurrió entre duques, viajes y fincas de caza; el paisaje de la de Belmonte fue la huerta murciana, y estuvo marcada por la separación de sus padres (sin traumas, dice) y su educación en un (imaginamos) oscuro internado donde la comida era bazofia pero hubo quien le abrió la persiana de la literatura. Las suyas han sido dos infancias muy diferentes que, sin embargo, han desembocado en la fraternidad adulta.

Los relatos se estructuran por temas, que cada una aborda desde su experiencia. La educación, el deporte, la amistad... La huida de todo lo que huela a actualidad o política, su pan de cada día, es deliberada. "Yo odio la política, cada vez estoy más alejada. Un amigo de Rosa dice que conociendo no se puede votar. Y yo ya conozco demasiado".

Landaluce: "Yo odio la política, cada vez estoy más alejada. Un amigo de Rosa dice que conociendo no se puede votar. Y yo ya conozco demasiado"

Llevan tres años escribiendo estas vivencias, empezaron mucho antes del accidente de Emilia o de la pandemia. En realidad, comenzaron el día que la madre de Rosa, poco antes de morir, le susurró: "No tengas críos". "Esas palabras fueron bastante precursoras de este libro. Creo que en realidad queríamos escribir sobre nuestras madres. Había algunos otros temas que teníamos claros, y luego la editorial nos pidió que los ampliáramos".

En el relato de sus vidas, ambas obvian su etapa universitaria, a la que califican de una "era de embrutecimiento". "Solo podríamos hablar de perdición y de mala vida", descarta Emilia, que sí ha narrado el día en que la detuvieron en el aeropuerto de Roma por llevar hachís (de una amiga), con su madre delante. Ni Landaluce ni Belmonte se toman nada demasiado en serio. "Yo todavía creo que mi mayor obra literaria es la comparación que hice para 'LOC' de la reina Letizia y Carla Bruni, 18.000 palabras en una doble página en la que había que incluir la edad y las medidas de las dos damas por indicación de mi jefe de entonces. Como no le íbamos a pedir las medidas a la Reina, inventamos el concepto 'tallaje internacional".

Belmonte: "Luego dirán que el ascensor social no existe, pero yo soy una prueba de ello, nuestra amistad lo es. ¡Mira Letizia!"

Aunque han ido de la mano en la elaboración del libro, Emilia reconoce que Rosa le ha censurado algún episodio demasiado escatológico. "Había más caca de lo razonable", se ríe Belmonte (se ríe mucho, siempre). Concretamente, en el capítulo del marqués coprófago, de quien, por supuesto, no dan el nombre real. "Yo contaba muchas burradas", reconoce Emilia. En el libro se puede jugar al quién es quién con más de un protagonista, pero las autoras han procurado podarlo de nombres propios para evitar susceptibilidades, solo están identificados los amigos, la familia y algún compañero.

Belmonte no había escrito un libro hasta ahora, pero no porque no se lo hubieran ofrecido. Cosas serias y cosas raras como aquella vez en que una editorial le pidió un libro "a favor de fumar". Ha sido mérito de Emilia que Rosa venciera el pudor. Landaluce no se cansa de glosar la figura de Belmonte, como si hiciera falta. "Me acuerdo que me invitaron a un congreso en el que manejaban un estudio que decía que solo el 10% de las columnistas eran mujeres. A mí no me salían las cuentas, y resultó que se habían olvidado de Vocento". "Vocento", la interrumpe Rosa, "los periódicos más importantes de todas las provincias españolas". Rosa Belmonte rompía ella sola toda la estadística, "la persona que más columnas escribe en España es una mujer, Rosa Belmonte, creo que me salieron trece columnas a la semana, fijas y sin que se haya muerto nadie, ¿cómo va a tener tiempo de escribir un libro?".

Se lee en los relatos cómo la infancia de Emilia transcurrió entre viajes y privilegios. Belmonte, por su parte, recuerda cuando su madre aceptó ese trabajo de repartidora de Donuts porque venían mal dadas en la confección de ropa. Lo más divertido era acompañarla hasta el camping nudista de Vera, lleno de gente en pelotas. ¿Qué hubieran opinado la una de la otra de haberse conocido entonces?

Emilia Landaluce. He tenido mucha suerte porque aunque he vivido una infancia que puede considerarse privilegiada, mis padres me han educado muy bien. Siempre he trabajado como la que más, no soy clasista en ningún sentido, tengo amigos en todas partes. De hecho, el clasismo es para mí el peor defecto del mundo.

Rosa Belmonte. Nos habríamos caído bien y hubiéramos congeniado, pero entonces hubiera sido un encuentro imposible. No solo por la edad, es que yo nunca hubiera podido ir a su colegio. Luego dirán que el ascensor social no existe, pero yo soy una prueba de ello, nuestra amistad lo es. ¡Mira Letizia!

E.L. Yo la admiraba mucho de pequeña

R.B. Y dale con la edad.

E.L. En serio, es que yo la admiraba mucho. Y luego, como es un personaje de Dickens, huérfana y robando carteras, para los Landaluce ha sido un honor adoptarla. Ahora tiene su cuarto en todas nuestras casas y mi madre, cuando hace la ronda de llamadas a los hijos, también la incluye a ella.

En el libro, Belmonte dice que estudió Derecho por no "prolongar la adolescencia". No estudió Periodismo porque en Murcia en aquella época no había. Landaluce tampoco. "Y es una pena, porque un periódico bien hecho es la mejor puerta para conocer los diferentes mundos que hay. Buena parte de lo importante que aprendes en la vida lo lees en los periódicos", dice Emilia. "Yo he aprendido muchísimo leyendo 'El País', que era lo que leía de adolescente. Entonces solo podías aprender quién era Susan Sontag por los periódicos, porque sus libros no los encontrabas en ningún sitio".

Landaluce: "Mis padres tenían un negocio de caza, Eso me ha permitido ver a un rey (que no era el de España) dando vueltas como una pelota, borracho"

Google manda. Si ponemos en el buscador el nombre de Emilia, la curiosidad sobre sus orígenes familiares se impone. A qué viene tanto marqués, tanto duque. Se pone seria, pero algo cuenta. "Mis padres se dedican al campo, han tenido el primer negocio de caza de España, que ya cerramos porque somos puristas y nos gusta la conservación. Mi padre llegó a tener 100.000 hectáreas, entre arrendadas y en propiedad, y venían los reyes, la aristocracia... Eso me ha permitido ver a un rey que no era el de España dando vueltas como una pelota, borracho. Y esa es la suerte que he tenido. Al duque (un personaje del libro) lo conocí así. Era un cliente de mis padres con el que, como pasó con algunos otros, forjamos una relación mucho más personal. Soy la hija de Paco Landaluce y de Emilia Galván, una señorita de Rota, hija de Mercedes Manzanero, una mujer de mucho carácter".

La edad

De Rosa Belmonte, las búsquedas van encaminadas a husmear sobre su edad (eso, amigos, es imposible), lo que dice en las redes sociales y su pareja. "Yo, como dice Ricky Gervais, tengo Twitter por promoción y por diversión". A los que no les gusta lo que escribe, los silencia. El otro día tuvo jarana a propósito de un tuit sobre Yolanda Díaz, la gente la acusaba de odiarla. "Pero yo qué voy a odiar a Yolanda Díaz", dice extrañada, "me parece que la gente ve en ella lo que no hay, pero nada más. ¡Yo qué voy a odiar a Díaz! ¡O a Teodoro! ¡A mí qué me importan!".

Cuando uno escribe opinión a diario, es inevitable (y más en estos tiempos) ofender a alguien. "Pla decía que cuando te pones a escribir en los periódicos te conviertes en justiciable", cita Belmonte. ¿Y no será que falta mucho sentido del humor? "Sobre todo falta comprensión lectora", se ríe. "A veces sí, ¿eh? A veces escribes con toda la intención del mundo, yo no me escondo, soy faltona muchas veces, llamo mamarracho a quien me parece, pero vivimos en la era del 'snowflakes', de los 'ofendidos".

Belmonte: "A veces escribes con toda la intención del mundo, yo no me escondo, soy faltona muchas veces, llamo mamarracho a quien me parece"

E.L. Venga, pregúntanos ya lo de si estamos liadas.

P. Va, venga, tenía una pregunta más sutil que eso. Este libro está escrito desde el amor, ¿pero qué tipo de amor?

R.B. Por mi parte, como he escrito en el libro, no tengo ningún interés en el amor de pareja, pero creo que hay otros tipos de amor más importantes.

E.L. Yo sí tengo interés en el amor de pareja, pero he fracasado mucho. He golfeado, vale, pero también han pasado de mí.

Terminamos hablando de la última catástrofe que se nos avecina. Rosa Belmonte no tiene de momento camping gas ni ha almacenado nada, "si acaso alguna vela". "Lo único que me preocupa de eso es cómo demonios voy a enviar mis artículos".

Empezamos por el final. A Emilia le dio un revolcón la vida por un accidente absurdo, justo antes de la pandemia. Por aquel hospital pasó a verla en romería el todo Madrid. "Ella no se acuerda de nada, no tiene conciencia de lo que pasó. Pensamos en mandar un fotógrafo al hospital para hacer una galería de 'LOC", recuerda Rosa. En la sala de espera se reencontraron Lucía Méndez y Federico Jiménez Losantos, que llevaban 20 años sin verse, toda la plana periodística y política de la ciudad, mientras ella viajaba entre la nebulosa. Es un episodio que ella no aborda directamente, sino su amiga Rosa Belmonte. Que nunca había escrito un libro. Que lo ha hecho porque Landaluce la ha convencido. "Ese es mi único mérito, convencer a Rosa para que escribiera por fin un libro. Pero bueno, venga, ¿cuándo nos vas a preguntar si estamos liadas?", apremia Emilia.

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