Marcos y Jaime, hijos de José Manuel Soto: "Ser artistas fue algo muy natural, como un relevo"
Jaime y Marcos Soto, alma de ’Mi hermano y yo’, actuarán este viernes en la Plaza Mahou del Bernabéu y preparan el lanzamiento de su nuevo disco en 2026. Junto a Vanitatis, desvelan el entramado íntimo de su historia artística
Jaime y Marcos Soto, integrantes del grupo 'Mi hermano y yo' que tocarán en Madrid el próximo viernes. (Rafa Toro)
“Recuerdo que, cuando era niño, le pedí a mi madre que me enseñara a tocar la guitarra. Veía a Marcos y, como hermano pequeño, quería imitarlo”, comienza Jaime Soto. Hacía más de cuatro años que los integrantes del grupo Mi hermano y yo no se sentaban a conversar con calma ante un medio de comunicación. Marcos y Jaime son hermanos, también de Rocío Soto, que ha emprendido un camino en solitario, e hijos de José Manuel Soto y Pilar Parejo: el origen común del que brota toda esta historia.
Crecieron en un entorno donde la música no era un simple trasfondo, sino un eje, un espacio de intercambio, de afecto y de aprendizaje. Quizá por eso hoy la habitan, sin la estrategia o la premeditación habituales en el sector: como un modo de estar en el mundo más que como un itinerario hacia la notoriedad.
“Nunca nos ha preocupado encajar ni seguimos una estrategia”
Rocío Soto junto a sus hermanos Jaime y Marcos y sus padres José Manuel Soto y Pilar Parejo en una imagen de álbum familiar. (Cortesía)
Marcos, el mayor, apuntó pronto hacia la música. Con dieciséis años ya formaba parte de un grupo y componía sus propias canciones, mientras Jaime volcaba su energía en el fútbol. Desde muy jóvenes encontraron la manera de conjugar vocación y necesidad: “Yo tocaba en bodas y eventos, y Jaime comenzaba a ganar algo de dinero con el fútbol”, recuerda Marcos, mientras Jaime añade que la disciplinaque exigía el deporte configuraba una existencia temprana de sacrificio y esfuerzo continuado.
La intrahistoria de 'Mi hermano y yo'
Todo empezó en 2014, casi sin planificación. Un concierto familiar bastó para que la reacción del público actuara como detonante, y fue su padre quien formuló la pregunta que marcaría el rumbo: “¿Por qué no hacéis un grupo?”.
Poco después, una lesión grave de rodilla obligó a Jaime a interrumpir su rutina. Decidió viajar a la India y propuso a Marcos acompañarlo. “Estuvimos cuarenta días de mochileros, durmiendo en el suelo, conviviendo con la gente de allí, y con la guitarra siempre a mano”, cuentan casi al unísono. A partir de aquel viaje, otros se sucedieron: Vietnam, Cuba, destinos diversos.
"No descartamos en algún momento hacer televisión"
Izquierda Marcos, derecha Jaime, los hermanos Soto integrantes del grupo 'Mi hermano y yo'. (Ángela Muruve)
Recuerdan entre risas cuando les llamaron para presentarse al casting del programa Pekín Express: les pidieron un vídeo y respondieron enviando una canción compuesta por ellos mismos. “Al final no fuimos, pero la televisión me gusta, sobre todo lo relacionado con la aventura. Jesús Calleja me encanta y no descartamos, en algún momento, hacer algo de ese estilo”, explica Jaime.
Cada trayecto se convirtió en espacio de descubrimiento y fuente de inspiración. “Siempre hemos compuesto mientras viajamos; todo lo que se ve se filtra en la música”, dice Jaime.
Este año lanzarán un nuevo disco, cuyos primeros adelantos son 'Euromillón' y 'Voy a llamarte siempre'. Hablan de la música no como una herramienta para alcanzar la fama, sino como un acompañante constante. “Nunca seguimos una estrategia ni un orden predeterminado. Componer surge de manera orgánica: si nos satisface lo que hemos creado, lo grabamos”, explican. Para este trabajo se aislaron durante semanas en una cabaña junto a un productor, donde registraron diecisiete canciones.
“La música nos ha unido como hermanos y familia”
Jaime y Marcos Soto, integrantes del grupo 'Mi hermano y yo'. (Cortesía)
Más allá del grupo, comparten vida. Amigos, trayectorias, experiencias. La música ha reforzado esos lazos. “Es un mundo inestable. Hay temporadas de plenitud y otras donde el teléfono no suena. Eso genera frustración. Al final somos hermanos para lo bueno y para lo malo”, comentan, recordando cómo su padre les advirtió de la precariedad intrínseca de la profesión.
Comparten acento y sensibilidad, pero no carácter. Jaime habla con rapidez, la ironía y la broma se entrelaza con cada frase; Marcos habla menos, reflexiona antes de decir algo: “La parte pública del oficio es lo que menos me atrae”, reconoce el mayor.
Club Atlético Central
Ese perfil expansivo llevó a Jaime, en 2018, a fundar junto a Alberto Herrera el Club Atlético Central. Lo que comenzó como una intuición se convirtió en proyecto de alcance tangible donde hay mucha gente involucrada, que compagina con la música. “Sevilla es una ciudad futbolera hasta la médula, marcada por divisiones históricas" dice Jaime.
"Queríamos crear un Club y escuela que educara en valores"
Alberto Herrera, amigo de Jaime Soto y fundadores del Club Atlético Central
"Queríamos algo central, también como escuela de valores, porque el deporte encierra enseñanzas que a veces se pierden. Y quisimos fusionarlo con la música, generar festivales, crear un espacio híbrido”, explica. Ocho años después, el club ha conseguido ascender cuatro categorías y aspira a competir en Segunda B.
Marcos, mientras tanto, ha dedicado gran parte de su tiempo a la lectura y a la introspección. De ese itinerario interior nació `Mi experiencia Satori y la divina cosquilla'. “Desde niño me he planteado preguntas fundamentales: ¿Qué hago aquí? ¿Quién soy?. He ido investigándolo de manera instintiva, leyendo, haciendo meditación introspectiva...Viví una experiencia que se llama Satori, es como una revelación y comencé a escribirlo. Al llegar me di cuenta que tenía forma de relato y al final lo publique con una editorial”, cuenta.
“Nuestra hermana Rocío lo está petando y nos encanta cantar con ella”
Izquierda a derecha: Jaime, Rocío y Marcos en una imagen para su última canción 'Por mi ventana'. (Cortesía)
La conversación retorna una y otra vez al mismo principio: la naturalidad. “Es una palabra clave. Todo parte de ahí. También en nuestro caso como artistas, igual que en el de nuestra hermana Rocío”, dicen mientras relatan los conciertos mensuales que han compartido con ella en Madrid, en la sala Recoletos Jazz y a donde mañana volverán. “No nos sorprende lo que ha logrado. Tiene clara su voz, un estilo definido. Nos gusta verla en acción, acompañarla en los coros".
Tras su próxima actuación en Recoletos, volverán a Madrid el viernes 23 de enero para tocar en la Plaza Mahou, dentro del Estadio Santiago Bernabéu, con entradas casi agotadas. “Nos apetece tocar allí con la banda. Hemos recorrido todo tipo de salas en la capital y siempre sentimos esa conexión con el público”, comentan.
Jaime y Marcos Soto, integrantes de 'Mi hermano y yo'. (Cortesía)
Al final, la base de todo es la familia. Y, como empezó la conversación con ese recuerdo que parece un instante congelado, casi un frame de película, de su madre enseñándole los acordes de una guitarra, terminamoscon una frase de su canción 'Las madres': “Ella siempre está para ayudarme en los malos momentos, siempre encontrará la forma de dar con mis sentimientos. Son mujeres con poderes sobrenaturales”.
Un trayecto, con la memoria del viaje. Antes recorrían carreteras familiares escuchando a Camarón, The Beatles, Andrés Calamaro, Ray Charles o el grupo Mojinos Escozíos; hoy las recorren para llegar a escenarios distintos. Mi hermano y yo. Jaime y Marcos. Marcos y Jaime. Eso son.
Y así, Mi hermano y yo siguen avanzando en su camino personal, profesional y familiar, guiados por la naturalidad más que por la ambición, quizá la mayor clave de su éxito.
“Recuerdo que, cuando era niño, le pedí a mi madre que me enseñara a tocar la guitarra. Veía a Marcos y, como hermano pequeño, quería imitarlo”, comienza Jaime Soto. Hacía más de cuatro años que los integrantes del grupo Mi hermano y yo no se sentaban a conversar con calma ante un medio de comunicación. Marcos y Jaime son hermanos, también de Rocío Soto, que ha emprendido un camino en solitario, e hijos de José Manuel Soto y Pilar Parejo: el origen común del que brota toda esta historia.