Amor multiplicado por seis o la maternidad según Cristina Martínez Gijón: "No es una cuestión de lujo, sino de prioridades"
La influencer, madre de seis hijos, afronta cada día el desafío de la maternidad con esfuerzo y dedicación, aunque desde que decidió embarcarse en esta experiencia, la vive con disfrute y satisfacción
Cris Martínez Gijón comparte su vida en Instagram con total transparencia. (Marta Góngora Photo)
Cristina Martínez Gijón acumula más de doscientos mil seguidores en Instagram, pero su verdadera comunidad está en casa: seis hijos que han transformado por completo su forma de entender la vida. Lejos de la imagen idealizada que a menudo proyectan las redes, su día a día combina caos, organización y una certeza firme: el amor, cuando se trata de familia, no se divide, se multiplica.
En esta conversación con Vanitatis, la influencer se aleja de filtros para hablar con honestidad sobre maternidad, renuncias y decisiones vitales. Desde el vértigo de los comienzos hasta la realidad —mucho más compleja y también más fructífera— de una familia numerosa, Cristina pone voz a lo que no siempre se cuenta: ese equilibrio imperfecto en el que, entre risas y agotamiento, ha encontrado exactamente la vida que quería.
Álvaro y Cristina se conocieron en 2013. (IG: crismartinezgijon)
PREGUNTA. ¿En qué momento dejaste de pensar “esto es una locura” para empezar a sentir que seis hijos era exactamente la vida que querías?
RESPUESTA. Creo que nunca dejé de pensar que era una locura; lo que pasa es que ahora es mia y me encanta. Es decir, no hubo un momento concreto de clic, fue más bien un proceso. Con cada hijo pensaba: “qué feliz soy, qué responsabilidad, hasta aquí, ¿no?”… y luego la vida me demostraba que siempre cabía uno más en la mesa, en el coche y, por supuesto, en mi capacidad de quererlos. En definitiva, supongo que más que dejar de verlo como una locura, aprendí a disfrutarla.
P. ¿Hay días en los que te preguntas cómo sería tu vida con uno o dos hijos?
R. Claro que sí. De hecho, te confieso que más de una vez, en esos momentos a solas con mi marido - como una cena o un paseo-, nos lo hemos preguntado. Pero es una idea que dura muy poco, porque cuando lo piensas de verdad te das cuenta de que sí, probablemente sería más cómoda… pero no sería la mía. La mía es esta: con ruido, con caos, risas y llantos, con planes que cambian sobre la marcha y con todo lo que eso implica. Y, sinceramente, no la cambiaría por nada en el mundo.
La familia disfruto de la feria de Sevilla. (Ignacia Fotos)
P. Si pudieras hablar con la Cristina de 2014, recién casada, ¿qué le aconsejarías que hiciera de forma distinta (si es que cambiarías algo)?
R. Le diría que no intente tener todo tan controlado. Que la vida con hijos no se planifica como uno cree, se vive. Con el primero siempre vivimos todo con más miedo, con más control, queriendo hacerlo perfecto, y con el tiempo te das cuenta de que no hacía falta tanta exigencia. Y que no le dé tanta importancia a lo que hoy parece un mundo, porque la vida se encarga de recolocar todo. Sobre todo, que confíe más en ella, en el proceso y en que, de alguna forma, el de “arriba” siempre tiene un plan mejor del que somos capaces de imaginar en ese momento.
P. El corazón no se divide, se multiplica… ¿hay espacio real para cada hijo o a veces sientes que no llegas?
R, Hay espacio, sí, por supuesto, pero no siempre en el momento que a cada uno le gustaría. La verdad es que no llego a todo como me gustaría, ni de lejos. Hay días en los que tengo la sensación de estar apagando fuegos todo el rato. Pero luego compensas: un rato de conversación en el coche, una charla antes de dormir o simplemente estar disponible de verdad cuando te necesitan.
Cris se creó el perfil en 2013 y desde entonces su comunidad no ha dejado de crecer. (Clara Thiriet Photo)
P. ¿Qué sacrificio te ha costado más: el tiempo para ti, el ocio en pareja o la estabilidad económica?
R. Me quedo con las tres, porque la realidad es que todas se ven afectadas de una forma u otra.
P. Has renunciado en parte a tu carrera… ¿Hay duelo ahí o lo tienes completamente asumido?
R. He priorizado a mi familia en ciertos momentos de mi carrera, sí, y eso implica renuncias. Pero también he ganado otra cosa que para mí tiene muchísimo valor: presencia en casa y una vida que ahora tiene otro ritmo. Y es algo de lo que no me arrepiento. Fue una decisión muy difícil, muy meditada, pero creo sinceramente que fue lo mejor que pude hacer en ese momento. Así que lo asumo con paz.
P. ¿Cómo se cuida una pareja cuando casi todo el tiempo disponible lo absorben los hijos?
R. Siendo sincera, creo que esto tengo que mejorarlo. Nosotros lo hacemos de forma muy sencilla, robando momentos: una cena improvisada, un paseo o simplemente una copita después de comer los fines de semana en el jardín. No es perfecto ni, mucho menos, frecuente, pero sí real.
"El peor momento fue la llegada de los mellizos, cuando uno de ellos estuvo 26 días en la UCI"
P. ¿Qué coste invisible tiene realmente criar seis hijos y qué parte de esa realidad no reflejan ni las cifras ni las ayudas?
R. El coste invisible no es solo económico; te diría que, además, es mental y logístico. Es decir, lo económico, evidentemente, existe y se nota, pero el nivel de energía, de atención y de carga mental también se ve afectado. Pero lo curioso es que, aunque desde fuera pueda parecer algo dramático —y con esto no quiero decir que sea sencillo—, la realidad es que desde dentro hay una especie de caos organizado que, de alguna forma, funciona.
P. ¿Cómo se negocia el reparto de tareas en una familia donde todo parece urgente?
R. Pues en casa todo se habla (en ocasiones se impone), se ajusta y se sobrevive al día a día. Aquí lo importante es que no haya roles fijos rígidos, sino mucha flexibilidad. Hoy te toca a ti, mañana a mí y, muchas veces, simplemente quien puede, lo hace.
P. ¿Cuál ha sido el momento más caótico que recuerdas en casa?
R. Sin lugar a duda, la llegada de los mellizos fue el momento más caótico que recuerdo. Sobre todo porque uno de ellos estuvo 26 días en la UCI y en casa teníamos a un recién nacido y tres niños de 3, 2 y 1 años. Eran días de ir y venir del hospital, de intentar estar allí lo máximo posible con él y, al mismo tiempo, volver a casa y seguir atendiendo al resto.
Ahora, con perspectiva, cuando recuerdo esta etapa se me dibuja una sonrisa en la cara porque me di cuenta de lo que era capaz como madre y como mujer, y siempre me he sentido muy orgullosa.
P. ¿Qué es lo que más se idealiza —o se malinterpreta— de una familia numerosa como la vuestra?
R. Pensar que para tener una familia numerosa hay que ser rico. Y no es así. Evidentemente hay un coste económico, no lo niego, pero como en cualquier familia. No es una cuestión de lujo, sino de prioridades, de organización y de ajustar expectativas. Al final, no vives en clave de tener más, sino de vivir de otra manera: más compartida, más organizada y, a veces, más sencilla en otras cosas. Se tiende a verlo desde fuera como algo inalcanzable, pero desde dentro es simplemente una vida familiar intensa, como cualquier otra, solo que multiplicada.
P. ¿Sientes que desde fuera se os etiqueta automáticamente por ser familia numerosa y creyente?
R. A veces sí, pero no es algo a lo que dé demasiada importancia. Para mí, la paz está en aceptar la vida tal y como llega, ya sea por decisión propia o porque simplemente es el camino que te ha tocado vivir. Creo que desde fuera se tiende a simplificar mucho: o eres muy tradicional o distinta. Y la realidad es que somos una familia bastante normal en lo esencial.
Nuestra fe forma parte de nosotros y la vivimos con naturalidad, como parte de nuestro día a día. Al final, las etiquetas dicen más de quien las pone que de quien las recibe.
Cristina Martínez Gijón acumula más de doscientos mil seguidores en Instagram, pero su verdadera comunidad está en casa: seis hijos que han transformado por completo su forma de entender la vida. Lejos de la imagen idealizada que a menudo proyectan las redes, su día a día combina caos, organización y una certeza firme: el amor, cuando se trata de familia, no se divide, se multiplica.