Repasamos los broches y joyas más espectaculares de las royals europeas
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Repasamos los broches y joyas más espectaculares de las royals europeas

Hay joyas que pasarán a la historia y otras que ya lo han hecho, como algunas de las que lucen las royals europeas y que son maravillosas

Foto: Isabel II, en una imagen de archivo. (EFE)
Isabel II, en una imagen de archivo. (EFE)

Broches, tiaras, collares, pendientes… A lo largo de la historia, cada Casa Real ha ido creando su propia colección, cuyos orígenes en muchas ocasiones se remontan tan atrás en el tiempo que es complicado distinguir la historia de la leyenda. Joyas que reúnen las piedras más espectaculares, los engarces más asombrosos y que las royals europeas lucen con orgullo esperando en el futuro poder compartirlas con otros familiares.

Esto es lo que sucede habitualmente: las joyas pertenecen a la Casa Real, pero la monarca está más que dispuesta a compartirlas, casi siempre. Isabel II lo tiene claro y, gracias a eso, hemos podido ver cómo sus nietas han lucido tiaras familiares en sus bodas o cómo Kate Middleton lleva con orgullo algunas piezas que la abuela de su marido le presta. Pero ella también escoge ponerse algunas de las piezas más espectaculares de su joyero, sobre todo en forma de broche.

Uno de los broches más impresionantes que posee es el Cullinan V, heredado de su abuela, la reina María de Teck. Esta pieza está compuesta por varios diamantes, pero es el central el que roba todas las miradas. De gran tamaño y tallado en forma de diamante, formó parte del más grande de estos encontrado y tiene más de 18 quilates. Un valor sentimental especial tiene el Crisantemo de Zafiro, un broche que lució durante su luna de miel y que no dudó en volver a ponerse para celebrar su 73 aniversario de boda.

Una de las piezas más recordadas del joyero real británico y que parece haberse convertido en una de las preferidas de Kate Middleton es la tiara Cambridge Lover’s Knot. Esta le fue entregada a Diana de Gales, pero tras el divorcio regresó a manos de la familia real, puesto que había pertenecido a la abuela de la reina. Simboliza el amor eterno, está compuesta por arcos de diamantes y 39 perlas en forma de lágrima.

placeholder Charlène y Alberto de Mónaco, el día de su boda. (EFE)
Charlène y Alberto de Mónaco, el día de su boda. (EFE)

La británica no es la única monarquía que tiene joyas dignas de admirar, otras royals europeas también pueden presumir de ello y, de hecho, lo hacen. Es el caso de Charlène de Mónaco, quien escogió uno de los broches más emblemáticos de la familia para lucir en el día de su boda. Ella lo hizo como tocado, otra de las opciones para las que el broche floral está diseñado, una guirnalda floral de diamantes del siglo XIX.

También hemos podido ver cómo Carolina de Mónaco lucía en ocasiones otra de las joyas más admiradas de la familia, la tiara Cartier Pearl Drop. De nuevo, nos encontramos con historias diferentes en cuanto a sus orígenes, hay quienes señalan que fue un regalo del conde Pedro de Plignac a su esposa Carlota de Mónaco, pero otras fuentes apuntan a que fue la propia Carlota quien la encargó a la casa Cartier en 1949.

placeholder Victoria de Suecia, el día de su boda. (EFE)
Victoria de Suecia, el día de su boda. (EFE)

En la Casa Real sueca tienen joyas muy valiosas, pero dos tiaras destacan por encima del resto, ambas por su espectacularidad y su belleza. La primera de ellas es la tiara de Braganza, de gran tamaño, fue creada en 1830 en París y está realizada en diamantes, colocados de tal forma que representan hojas y flores. Una impresionante pieza que no pasa desapercibida.

Algo similar sucede con la tiara de los camafeos, una de las más representativas de la dinastía Bernadotte y sin duda la más original gracias a su diseño único. Tal y como su nombre indica, está formada por camafeos y perlas naturales. Pasó a formar parte de la Corona sueca tras ser encargada por Josefina, mujer de Napoleón, y fue la que lució Victoria, la heredera del trono, el día de su boda.

placeholder Máxima de Holanda, durante una cena de gala con su espectacular broche. (Cordon Press)
Máxima de Holanda, durante una cena de gala con su espectacular broche. (Cordon Press)

Otra tiara que merece la pena destacar es la del Pavo Real, que pertenece a la monarquía holandesa, data de 1897 y perteneció a la reina Guillermina. De rubíes y diamantes, durante mucho tiempo permaneció guardada, pero en 2009 volvió a lucir su belleza gracias a Máxima de Holanda, quien la escogió durante una visita de los reyes de Suecia.

No es la única joya que merece mención en la familia real holandesa, otra de las más espectaculares la lució también Máxima durante una cena de gala en el Palacio Real de Ámsterdam. Allí sorprendió al lucir el broche de la reina Emma, de estilo neogriego y con un diamante central, es desmontable. Fue un regalo que la reina Emma, tatarabuela del actual rey, recibió del pueblo holandés cuando llegó al país en 1879 para casarse con Guillermo III.

placeholder La Reina emérita, en una imagen de archivo con el broche. (Getty)
La Reina emérita, en una imagen de archivo con el broche. (Getty)

No podemos finalizar este texto sin nombrar la familia real española porque, aunque doña Letizia no es demasiado aficionada a los broches, como demuestra al lucirlos en muy contadas ocasiones, la reina Sofía sí es partidaria de ellos. Entre sus preferidos destaca el broche que estrenó en la gala previa a su boda, con una perla ovalada, rodeada de dos orlas brillantes y cuatro perlas pequeñas. Una pieza que todavía no hemos visto a la actual Reina.

Sí ha lucido en numerosas ocasiones otras joyas familiares, como las pulseras gemelas, dos brazaletes de diamantes de Cartier que forman parte de las 'joyas de pasar'. Están fabricadas a partir de una corona que Alfonso XIII le regaló a Victoria Eugenia y que no dudó en modificar cuando, con el cambio de las modas y el devenir de la vida, pensó que no usaría la corona original nunca más y decidió modernizarla.

placeholder Los reyes Felipe y Letizia, durante el tradicional concierto de los Premios Princesa de Asturias en 2017. (EFE)
Los reyes Felipe y Letizia, durante el tradicional concierto de los Premios Princesa de Asturias en 2017. (EFE)

Joyas espectaculares que no nos cansamos de admirar, que encierran una historia que nos encanta descubrir y cuyas propietarias no dudan en lucir, pero también en modificar para que, a pesar del paso del tiempo, sigan siendo tan maravillosas como siempre.

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