La leyenda de la falsa Anastasia Romanov, una historia engrandecida por el cine
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La leyenda de la falsa Anastasia Romanov, una historia engrandecida por el cine

De la famosa película de Don Bluth a la cinta que significó el perdón de Hollywood hacia Ingrid Bergman, repasamos la presencia de la leyenda en la gran pantalla

placeholder Foto: Nicolás II y su familia, incluida Anastasia. (CP)
Nicolás II y su familia, incluida Anastasia. (CP)

Un malentendido que se convirtió en leyenda. La historia de las cuatro hermanas Romanov y su trágico final en un sótano de Ekaterinburgo en 1918 ha sido alimentada por libros, películas y todo tipo de escritos sobre la Revolución rusa y el fin del zarismo. La de la pequeña Anastasia, nacida hace ahora 120 años (el 18 de junio de 1901) las ha ensombrecido a todas. Todo empezó con la matanza de la familia real, con el final del caviar y los valses de Tchaikovsky que dieron la voz al pueblo. En el infame día de 1918, un pelotón de fusilamiento le disparó a ella y a la familia de su padre, el zar Nicolás II.

Algunos miembros del clan sobrevivieron a la aniquilación ejercida en aquel sótano y fueron rematados con bayonetas. Sin embargo, siempre se rumoreó que tanto Anastasia como el pequeño de los hermanos, Alexis, habían sobrevivido. Durante años, las especulaciones sobre el paradero de la primera se convirtieron en un cliché alimentado por la cultura popular y las noticias rocambolescas.

Foto:  Meghan Markle, junto a Isabel II. (Getty)

Hubo una que hablaba de dos monjas que, durante toda su vida, se creyeron las hermanas María y Anastasia Romanov. Ambas fallecieron creyendo a pies juntillas que eran hijas del zar e incluso quisieron que así figurase en su epitafio. El caso más famoso fue el de una mujer que sufría amnesia e intentó suicidarse a comienzos de los años 20 en Berlín. Tras sobrevivir a su intento autolítico aseguró ser la descendiente de Nicolás II. El juicio para conocer su identidad fue el más largo de la historia de Alemania. Tras más de tres décadas, se cerró sin una conclusión clara. Nadie supo decir si aquella señora era o no era la verdadera Anastasia.

placeholder Los cuatro hermanos Romanov, en una imagen coloreada. (CP)
Los cuatro hermanos Romanov, en una imagen coloreada. (CP)

La leyenda de las usurpadoras o las mujeres que se creyeron Anastasia pronto encontró cobijo en el arte más popular del siglo XX: el cine. La primera película sobre Anna Anderson, la más famosa de las supuestas Anastasias, la dirigió Tom Terriss justo una década después de la matanza de los Romanov, en 1928. La cinta muda, titulada ‘Las ropas hacen a la mujer’, contaba cómo un revolucionario había salvado a la joven princesa de morir ejecutada. Ya por entonces el cine contribuía a imaginar a Anastasia como una superviviente de la recién implantada Unión Soviética, el símbolo romántico de una Rusia tolstoiana perdida para siempre.

placeholder Ingrid Bergman, en 'Anastasia'. (CP)
Ingrid Bergman, en 'Anastasia'. (CP)

Sin embargo, la versión más famosa sobre las supuestas Anastasias llegó, como era de esperar, de Hollywood en 1956. Además, también significó la reconciliación entre una actriz y su público. Para explicarlo, debemos retrotraernos a finales de los años 40, cuando Ingrid Bergman abandona a su marido y su vida en Hollywood para correr a los brazos de Roberto Rossellini, del que se enamora y con el que rueda obras maestras como ‘Stromboli’ o ‘Te querré siempre’.

La Bergman, símbolo de la virtud y de la estrella europea que era bienvenida en la meca del cine, pasó a ser condenada por los sectores más conservadores y puritanos de la sociedad estadounidense. La Iglesia luterana la criticó y llegó a recibir cartas en las que aseguraban que moriría en la hoguera como Juana de Arco, personaje que había interpretado antes de conocer al italiano y cambiar de aires. Esos aires la condujeron hacia un cine muy distinto y una nueva vida en Italia.

Foto: Ingrid Bergman y Charles Boyer, en 'Luz que agoniza'. (CP)

A mediados de los 50, la Fox le propuso protagonizar una superproducción sobre una joven que asegura ser la gran duquesa Anastasia. Su abuela, María Fiódorovna Románova, se da cuenta de que es ella, pero la trama tiene varios giros que enriquecen y alientan el misterio. El resultado de aquella película de Anatole Litvak fue un segundo Oscar para Bergman; una estatuilla que, simbólicamente, representó el perdón de la industria por el ‘escarceo’ extramarital de la protagonista de ‘Casablanca’.

Pasarían años hasta que, en los 80, se filmase una superproducción, esta vez televisiva, sobre la posibilidad de que Anastasia siguiese viva. Por entonces, se habían encontrado los restos de la familia Romanov pero no el de Anastasia (algo que no ocurriría hasta 2007, con una identificación casi total de su ADN). La leyenda, por tanto, se siguió alimentando a finales de los 90 en una película de animación, también de Fox, que tuvo tanto éxito que se convirtió en un musical de reciente éxito.

Aunque muchos criticaron el retrato poco benévolo de Rasputín, la película fue bien recibida cuando se estrenó en 1997, cuando el estudio que la produjo estaba en plena euforia ‘Titanic’ (película en la que, por cierto, se hacía una mención humorística a “esa titi rusa, Anestesia o algo así”, según el doblaje español). Siguiendo la línea argumental de la cinta protagonizada por Bergman, esta ‘Anastasia’ se configuró como un remake musical de aquella; un panegírico a la sombra del exitoso Disney de los 90 (de hecho, su director, Don Bluth, era un animador ‘expatriado’ de la factoría del ratón Mickey) y con canciones como ‘Una vez en diciembre’, que se ha convertido en un clásico.

120 años después del nacimiento de Anastasia, y una vez claro que murió en 1918, su figura ha adquiriendo relevancia pop, más allá de su importancia histórica. La falsa Anastasia, producto de la leyenda, ha ocultado a aquella niña brutalmente asesinada a finales de los años 10. Como dijo John Ford en ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda.

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